La joyería de Córdoba, primera en solicitar su denominación en Europa; la etiqueta protege a los artesanos frente a oportunistas y falsificadores
Córdoba lleva siglos y generaciones trabajando con el metal precioso. Filigranas y repujados en materiales nobles y piedras preciosas, cuyos secretos guardan los maestros joyeros de la Ciudad de los Califas. Ahora quiere proteger su arte con una etiqueta europea. La joyería de Córdoba se ha convertido en el primer producto artesanal español que opta a una indicación geográfica (IG) protegida, el sello con el que Europa quiere poner coto a las falsificaciones y proteger el trabajo tradicional de los artesanos con denominación de origen.
El expediente ya ha sido notificado a la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (Euipo), que en unos meses deberá confirmar que estas piezas de la orfebrería andaluza reúnen las condiciones para estrenar esta nueva protección en la Unión Europea: la indicación geográfica de producto artesanal o industrial. Países como Francia o Portugal llevan la delantera en el registro de sus artículos, pero España partía de cero en un sistema que galos y lusos ya habían adoptado hace una década.
El camino es arduo, pero merece la pena. “Ha sido un proceso largo y muy exigente desde el punto de vista técnico”, reconoce Isidoro García-Escribano, presidente de la Asociación de Joyeros de Córdoba. La meta estaba clara: “Llevamos más de diez años trabajando en este proyecto, que solo pudo materializarse cuando la Unión Europea aprobó la normativa específica para productos artesanales e industriales”. Hay que precisar que el reglamento entró en vigor el pasado mes de diciembre.
La candidatura ha permitido rescatar toda la memoria de esta tradición. “Ha requerido una importante labor de investigación histórica, la elaboración de un pliego de condiciones muy riguroso y el diseño de un sistema de trazabilidad adaptado a las particularidades del sector joyero”, explica García-Escribano.
El potencial es amplio. Según los datos de la Euipo, se han identificado 512 productos que podrían beneficiarse de esta clase de protección en la Unión Europea. De ellos, unos 48 serían productos españoles tales como el calzado de Menorca, los encajes de Zamora o las espadas y cuchillos de Toledo.
El nuevo sistema llega con unas expectativas relevantes. En la propuesta de reglamento que sirvió de base para la creación de esta protección, la Comisión Europea estimaba que entre 300 y 800 denominaciones podrían ser notificadas por los Estados miembros al nuevo sistema. Cabe señalar que hay países, como Francia y Portugal, que ya disponían de un sello nacional y tenían decenas de registros. El proceso en estos casos es más directo, se limita a una comprobación formal y no hay una fase de oposición. No en vano, la porcelana de Limoge fue la primera en obtener la protección de la UE. El procedimiento estándar dura seis meses, durante los cuales se puede formular una oposición que se resuelve en dos meses.
La Euipo ha identificado unas 132 indicaciones geográficas protegidas a nivel nacional que serían susceptibles de registrarse a escala europea. A fecha de hoy, la oficina ha recibido 81 solicitudes, entre ellas, algunas ex novo como la española joyería de Córdoba. Cabe precisar que los Estados miembros disponen hasta el 2 de diciembre de 2026 para registrar sus indicaciones geográficas preexistentes. “Podemos considerar que las expectativas se están cumpliendo, más si cabe teniendo en cuenta la avalancha de solicitudes (46) que se recibieron en el primer mes de implementación del nuevo esquema”, señalan desde la oficina europea.
El sello protege a los artesanos frente a cualquier uso indebido, evocaciones u otras prácticas que puedan aprovecharse de su reputación o inducir a error a los consumidores. Dicha protección se extiende a las mercancías que entran en la UE. Además, el sello europeo facilita el registro fuera de territorio comunitario. La Comisión también está empezando a incluir cláusulas específicas en los tratados de comercio internacional.
Córdoba ha abierto camino en un país con mucha tradición artesanal, pero sin costumbre asociativa y sin sello a nivel nacional. “España y Suecia son los únicos países solicitantes ante la Euipo que no tenían una norma anterior”, señala Lucía Cortiñas, jefa de área de examen del departamento de signos distintivos de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM). La experta valora muy positivamente el caso español. Al contrario que los artesanos suecos, los candidatos españoles deben obtener primero el visto bueno del organismo autonómico competente antes de llamar a la puerta de la Euipo. Una fase nacional —supervisada por la OEPM en España— de la que están exentos, además de Suecia, Dinamarca, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos y Finlandia. Solo en estos casos, junto con aquellas solicitudes que vengan de países extranjeros, la Euipo cobra una tasa de 1.500 euros.
En España, la maquinaria se ha puesto ha rodar de cero desde la aprobación del reglamento europeo. De momento, aunque hay una decena de denominaciones en camino, solo cinco regiones de cuatro comunidades autónomas han solicitado oficialmente el sello nacional para proteger su artesanía: joyas de Córdoba, alfombras de Crevillente Cristal de La Granja, abanico valenciano y mueble de Yecla. Esta última es la única solicitud hasta el momento que se presentado directamente ante el organismo autonómico competente. En este caso, la Consejería de Empresa, Empleo y Economía Social de Murcia.
El trabajo, reconoce Cortiñas, es de base. Para conseguir la denominación geográfica, los talleres y productores de un determinado lugar deben asociarse y ponerse de acuerdo en el pliego de condiciones técnicas. El expediente no está gravado con tasa alguna. Lo costoso es organizar al tejido artesanal o industrial y buscar asesoramiento técnico para la presentación de la candidatura.
La OEPM se ha volcado para dar a conocer las ventajas del sistema, que ya está muy asentado en el sector agrario y vitivinícola. “A los artesanos les transmitimos la ventaja de la protección que da la denominación. Muchos de ellos nos cuentan que tienen muchos problemas con las falsificaciones”, dice Cortiñas. Un ejemplo: desde Pakistán llegan muchas telas que pasan por ser auténtica seda valenciana. Con el sello europeo, explica la experta, saltará una alerta oficial en el momento en el que entren en el espacio de la UE.
Si todo va bien, el 24 de agosto se podrá mandar a la Euipo la candidatura de Cristal de la Granja, la primera publicada en el boletín de la OEPM, con la que la oficina abrió esta sección en junio.
Entre las denominaciones que pronto serán oficiales se encuentran la roseta canaria —un encaje de aguja tradicional elaborado a mano que, a diferencia de otros bordados, no necesita una tela base. Se teje cruzando hilos con aguja sobre una almohadilla redonda llamada pique, sujeta con alfileres para crear diseños geométricos—, el cuchillo canario —también conocido como naife, una palabra derivada del inglés knife, es una pieza clave de la artesanía y la identidad de las Islas Canarias— y el yute de Caravaca —utilizado en la industria tradicional y artesanal de elaboración de alpargatas (espadrilles) y calzado con suelas de fibra de yute en Caravaca de la Cruz (Murcia)—.