El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes que los gobiernos de Ucrania y Rusia alcanzaron un acuerdo para abstenerse de bombardear y atacar sus respectivas infraestructuras energéticas, una medida que busca frenar el impacto en los mercados de hidrocarburos.
A través de su red social Truth Social, el mandatario estadounidense anunció la suspensión de las hostilidades contra objetivos energéticos sin ofrecer detalles técnicos o diplomáticos sobre los mecanismos de verificación de dicho compromiso.
"Ucrania ha acordado no atacar objetivos energéticos rusos. ¡Rusia ha acordado hacer lo mismo! (…) El aumento del precio mundial del diésel se debe principalmente a la guerra entre Rusia y Ucrania, no a Irán", aseveró el presidente Trump.
El pronunciamiento del Ejecutivo estadounidense se produce en un escenario de volatilidad en los precios de los combustibles.
Trump desvinculó las alzas en el costo de la gasolina y el diésel de las tensiones bélicas que Washington sostiene con Teherán —conflicto que mantiene bajo tensión el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz— y concentró la causa del desabastecimiento en las operaciones con drones ejecutadas por Kiev contra refinerías e instalaciones petroleras en suelo ruso.
Dichas incursiones de la aviación no tripulada ucraniana causaron un déficit de combustibles refinados en territorio ruso, obligando a las autoridades de Moscú a restringir las ventas en estaciones de servicio e imponer una prohibición a las exportaciones de derivados del petróleo.
Para destrabar el escenario, Trump confirmó que sostuvo comunicaciones telefónicas con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a quien solicitó el cese de los ataques contra complejos refinadores para aliviar la escasez global de diésel.
De igual manera, el mandatario estadounidense conversó previamente con el presidente ruso, Vladímir Putin, para reiterar la necesidad de detener el conflicto bélico.
Estas gestiones de la Casa Blanca se producen tras las recientes misiones diplomáticas enviadas a Moscú y Kiev por intermedio de los enviados especiales Steve Witkoff y Jared Kushner, orientadas a reactivar las conversaciones de paz entre ambas naciones tras seis meses de paralización formal.