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Nevaco Global
24 de junio de 2026

¿Qué tienen que ver las pasturas con el tenor proteico del trigo? Una obviedad para nuestros abuelos que nosotros tenemos que redescubrir

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Los problemas de calidad panadera de la cosecha argentina de trigo 2025/26 se atribuyen a condiciones climáticas particulares –que potenciaron los rendimientos de manera extraordinaria– combinadas con fertilizaciones insuficientes.

Sin embargo, esa manera de analizar el asunto –con una mirada lineal– tiene importaciones limitaciones, porque los datos muestran que el enfoque más apropiado es el integral, es decir, el que contempla al sistema en su conjunto.

Análisis estadísticos realizados en partidas de trigo de empresas integrantes del CREA San Jorge-Las Rosas muestran que el aporte cultivos de servicio y de las pasturas no sólo generan cambios positivos en la productividad, sino también al tenor proteico en el caso del trigo, incluso en años de altos rendimientos.

“Las raíces representan la vía de entrada más eficiente y directa de carbono profundo al suelo. No es posible solucionar la degradación estructural de la capa arable mediante labranzas mecánicas o con la sola aplicación de fertilizantes sintéticos. Es imprescindible generar macroporosidad biológica y estabilizar los agregados a través de raíces vivas el mayor tiempo posible en el año”, remarcó Ricardo Pozzi, asesor del San Jorge-Las Rosas, durante una jornada técnica organizada en El Trébol por la región CREA Sur de Santa Fe.

El hecho de que los registros históricos del CREA San Jorge-Las Rosas muestren una relación consistente entre la intensificación agrícola y el tenor proteico de las partidas de trigo logradas, no habría sorprendido a nuestros abuelos, para quienes la integración de las pasturas con los cultivos anuales representaba una receta indiscutible. Somos nosotros, en todo caso, lo que hemos olvidado que el diseño agronómico debe instrumentarse con un enfoque sistémico.

“Las raíces y rizodeposición son más importantes que la biomasa aérea para incorporar materia orgánica. Y las pasturas son indiscutiblemente mejores que los cultivos de renta para incorporar ese recurso crítico, seguidas por los cultivos de servicio. En cualquier caso, es importante tener paciencia, porque en pocos años no resolvemos los problemas generados en 60 años”, explicó Pozzi.

El punto de partida de la tecnología de procesos es la delimitación de ambientes productivos. A través de herramientas como el Índice de Aptitud de las Tierras (IAT de GeoINTA), se ha determinado que entre el 35% y el 45% de la variabilidad de los rendimientos en la región está directamente explicada por la capacidad de uso intrínseca de los suelos.

En la zona de influencia del CREA San Jorge-Las Rosas, los suelos presentan un gradiente de IAT que va desde 40 hasta 90 puntos. Mientras que los ambientes de alta aptitud (IAT 70 a 90) son aptos para agricultura continua, en los de media a baja aptitud (IAT menor a 70) la estabilidad se logra mediante secuencias que incorporan cultivos de servicio asociados a maíces tardíos y la inclusión de pasturas o verdeos de avena con fines ganaderos.

“Frente a márgenes económicos globales cada vez más ajustados y altas relaciones insumo/producto, el enfoque tecnológico tradicional basado exclusivamente en la adición de insumos químicos ha demostrado ser ineficiente e insuficiente para sostener la productividad a largo plazo”, aseguró Pozzi.

En los suelos serie Los Cardos (Argiudol típico), que presentan texturas con altos contenidos de limo (hasta el 70%), ante el impacto mecánico de la lluvia o el tránsito pesado sufren una severa pérdida de macroporosidad en los primeros centímetros del horizonte A.

Al evaluar la conductividad hidráulica saturada de esos suelos, las situaciones bajo agricultura continua compactada registran caídas drásticas de infiltración (21 mm/hora) en comparación con suelos que provienen de rotaciones con pasturas (48 mm/hora).

“Ensayos mecánicos con escarificadores muestran que la descompactación mecánica ofrece un alivio efímero: las mejoras estructurales duran apenas entre seis meses (en Argiudoles) y doce meses (en Hapludoles), volviendo a su estado masivo inicial si no hay un flujo constante de carbono para estabilizar los poros”, apuntó el asesor.

Por otra parte, en las llanuras pampeanas con pendientes muy bajas las napas freáticas actúan como una “caja de ahorro” de agua en años secos, pero representan una seria amenaza de anoxia radicular y lavado de nutrientes en ciclos húmedos.

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