La escalada del conflicto en Medio Oriente, el bloqueo de rutas marítimas estratégicas y la caída de las reservas de petróleo elevan el riesgo de un fuerte impacto en la economía global.
El precio internacional del petróleo volvió a superar la barrera de los 100 dólares por barril, impulsado por la creciente tensión en Medio Oriente y el bloqueo de dos de las principales rutas de transporte de crudo del mundo. Analistas advierten que, a diferencia de episodios anteriores, el mercado enfrenta ahora un escenario mucho más delicado debido a la reducción de las reservas estratégicas y la escasez de combustibles refinados.
Los futuros del crudo Brent cerraron la jornada del jueves en US$100,69 por barril, su nivel más alto desde mayo. Aunque el viernes registró un ligero retroceso, el precio acumula un incremento superior al 12% en la última semana y casi un 40% respecto a febrero, antes del recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
La reanudación de los enfrentamientos ha afectado el tránsito por el estrecho de Ormuz, mientras que los hutíes intensificaron sus ataques en el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, dos corredores por donde circula cerca del 25% del petróleo consumido a nivel mundial.
Este panorama ha elevado el temor de una interrupción prolongada del suministro energético y de una escalada militar que podría extender la presión sobre los mercados internacionales.
Las principales entidades financieras consideran que el alza aún podría continuar.
Goldman Sachs estima que el Brent podría alcanzar los US$120 por barril si las restricciones al transporte de petróleo se mantienen durante los próximos meses.
Por su parte, JPMorgan calcula que cada mes adicional de interrupción en el suministro añadiría entre US$7 y US$8 al precio del crudo.
Uno de los factores que más preocupa es que las reservas estratégicas utilizadas para contener la crisis anterior ya no ofrecen el mismo margen de respuesta.
Estados Unidos dispone actualmente de 311 millones de barriles en su Reserva Estratégica de Petróleo, el nivel más bajo desde 1983, lo que limita la capacidad del país para estabilizar el mercado mediante nuevas liberaciones de crudo.
Además, la Agencia Internacional de la Energía había advertido previamente que los inventarios comerciales también vienen disminuyendo rápidamente.
La situación también afecta al mercado de combustibles refinados.
Los márgenes de refinación alcanzaron niveles récord, reflejando una creciente escasez de diésel y combustible para aviación.
En Europa, las reservas de diésel se encuentran entre las más bajas de los últimos años, mientras que Rusia restringió parte de sus exportaciones para asegurar el abastecimiento interno.
En Estados Unidos, las existencias de destilados permanecen alrededor de un 10% por debajo del promedio de los últimos cinco años, impulsando el precio del diésel por encima de los US$5 por galón.