Islandia no reactivará, por ahora, las negociaciones de adhesión a la Unión Europea. Esa es la decisión del 52,8% de los votantes en el referendo del 29 de agosto, que debía determinar si apoyaba o no el impulso que la coalición de centroizquierda en el poder desde 2024 le estaba dando al tema.
La decisión debería poner fin a ese impulso, o al menos eso es lo que prometió la primera ministra Kristrún Frostadóttir, que había reavivado el tema, pero aseguró que no volvería a ponerlo sobre la mesa en caso de una victoria del "No".
El Gobierno de Frostadóttir buscó reactivar unas negociaciones de adhesión a la Unión Europea que Islandia había iniciado formalmente en 2010, tras presentar su solicitud en 2009, y que quedaron suspendidas en 2013 con la llegada de un Gobierno euroescéptico.
El referendo, inicialmente previsto para 2027, fue adelantado por Frostadóttir después de que el presidente estadounidense Donald Trump llamara erróneamente "Islandia" a Groenlandia en cuatro ocasiones mientras defendía su intención de hacerse con el control del territorio ártico de soberanía danesa.
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De los 265.000 islandeses que estaban habilitados para votar, un 82,5% acudió a las urnas, la cifra de participación más alta desde las elecciones legislativas de 2009.
Hubo momentos de tensión al comienzo del recuento, cuando el "Sí" tomó la delantera, apoyado en los resultados de las dos circunscripciones del centro de la capital, Reikiavik, que lo favorecían.
Sin embargo, a medida que avanzaba el escrutinio, con votos de las otras cuatro circunscripciones electorales, finalmente el respaldo al "Sí" se estancó en 47,2%, contradiciendo la tendencia que algunas encuestas habían anticipado.
"No es el momento de proceder. Quizá en 10, 15, 20 años o más, podríamos mirarlo de nuevo", le dijo a la agencia AP Daniel Bjarkason, un votante del "No". "Por ahora estamos demasiado divididos y eso no pinta bien, porque debería ser un 70-30 (a favor del ‘Sí’) si vamos a hacerlo".
En caso de que la reanudación de conversaciones hubiera resultado favorecida, los islandeses habrían tenido que volver a las urnas una vez que estas concluyeran, para decidir en referendo si aprobaban la adhesión.
En sus primeras declaraciones luego de ser conocido el resultado, la primera ministra Frostadóttir afirmó en conferencia de prensa que su Gobierno seguiría fortaleciendo la relación del país con el Espacio Económico Europeo (EEE).
Islandia es miembro de la OTAN, pero no tiene un ejército propio, lo que despertó las preocupaciones sobre sus opciones de defensa en caso de que se extendieran las tensiones en el Ártico.
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La cuestión económica fue otro argumento para los impulsores de la adhesión, que esperaban que una eventual adopción del euro proporcionara fortaleza para enfrentar la inflación y ayudara a flexibilizar las tasas de interés, con la facilidad de depósito del Banco Central Europeo en 2,25%, frente al 8% de la tasa principal del Banco Central islandés.