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A los 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva volverá a intentarlo. Casi cuatro décadas después de presentarse por primera vez a la Presidencia de Brasil, el antiguo obrero metalúrgico disputa su séptima elección presidencial en busca de un cuarto mandato al frente de la mayor economía de América Latina.
Cuatro años atrás, no se imaginaba nuevamente en esta situación. Días antes de la segunda vuelta de 2022, cuando intentaba regresar al Palacio de Planalto frente al por entonces presidente Jair Bolsonaro, Lula aseguró que, en caso de ganar, gobernaría por un solo período.
“De ser electo, seré presidente por un período”, afirmó entonces. También hablaba de la necesidad de que aparecieran nuevos liderazgos. Pero cuatro años después, el candidato vuelve a ser él.
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Esta vez, la edad forma parte de la campaña. “Estoy muy entero”, dijo Lula al lanzar oficialmente su candidatura en agosto. También bromeó con sus años, reivindicó su rutina de ejercicios y aseguró que quiere “luchar contra la vejez”. Insiste, ahora sí, en que no habrá un quinto mandato: según dijo, este será el último si los brasileños vuelven a elegirlo.
Lula nació en 1945 en Pernambuco, en una familia pobre, y se mudó de pequeño junto a su madre a São Paulo. Abandonó temprano la escuela y trabajó como vendedor ambulante, lustrabotas y mensajero antes de formarse como tornero. A los 17 años perdió el dedo meñique de la mano izquierda en un accidente laboral.
En el cinturón industrial de São Paulo comenzó su actividad sindical y, durante los últimos años de la dictadura militar (1964-1985), se convirtió en uno de los rostros de las grandes huelgas metalúrgicas del ABC paulista. Allí empezó a forjar su capacidad para conectar con los sectores populares, un rasgo que todavía hoy define su figura.
"Tenemos que entender la política mucho más allá de lo partidario. Hablando de política social, vemos que Lula comprende muy bien esta vida cotidiana y las dificultades que enfrenta el pueblo sencillo, común", comenta Marcia Dias, directora de la escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UNIRIO).
"Por su historia como migrante nordestino, hijo de madre soltera, intentando sobrevivir en una gran ciudad como Sao Paulo, él traduce mucho el alma brasileña", agrega la experta Marcia Dias.
Casi medio siglo después, Lula decidió apuntarse en la campaña presidencial de 2026 en el mismo lugar. Eligió el estadio de Vila Euclides, en São Bernardo do Campo, escenario de aquellas multitudinarias asambleas obreras de finales de los años 70. Homenajeó a su madre, recordó sus años como sindicalista y repasó logros de sus antiguos gobiernos. También se sacó el sombrero que usaba para protegerse del sol después de haber recibido radioterapia por un cáncer de piel.
“Voy a desafiar mi salud y quitarme el sombrero para ustedes”, dijo ante sus seguidores.
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Pocos políticos latinoamericanos han permanecido tanto tiempo en el centro de la escena pública y de poder.
Lula participó en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) en 1980 y fue su candidato presidencial por primera vez en 1989. Perdió aquella elección y volvió a ser derrotado en 1994 y 1998. Para entonces, el antiguo sindicalista que generaba recelos en parte de las clases medias y empresariales entendió que para llegar al poder debía ampliar sus alianzas y moderar su imagen. De ese giro nació el “Lulinha paz y amor”.
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