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Nevaco Global
8 de agosto de 2026

Una nueva carrera espacial se desarrolla en el polo sur de la Luna y China quiere ganarla

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Una competencia espacial que se gestó durante décadas en el trasfondo de la geopolítica está pasando ahora a primer plano, mientras China demuestra rápidos avances tecnológicos y Estados Unidos intensifica su discurso sobre una posible batalla por el control del cosmos.

Solo en los últimos cinco años, China lanzó Tiangong, un moderno laboratorio orbital que rivaliza con la envejecida Estación Espacial Internacional (EEI), liderada por Estados Unidos. China también recuperó las primeras muestras de suelo de la cara oculta de la Luna, una hazaña que ninguna otra nación ha repetido.

Pero el plan de China de construir un asentamiento permanente en la Luna para 2040 ha provocado una respuesta urgente de los legisladores en el Capitolio. Han declarado una nueva carrera espacial, y la NASA promete construir un puesto lunar propio. A la tensión se suma que el desarrollo aeroespacial chino está rodeado en gran medida de secretismo, por lo que resulta difícil determinar con certeza qué país lleva la delantera. Sin embargo, existen algunas pistas.

Este año podría marcar un punto de inflexión decisivo, a medida que el polo sur de la Luna adquiere mayor importancia para ambos países.

La región ya es fundamental para las ambiciones de Estados Unidos y China porque los científicos creen que alberga hielo de agua. Este recurso espacial crucial puede convertirse en combustible para cohetes, aire respirable o agua potable, elementos indispensables para mantener un asentamiento fuera de la Tierra.

Estados Unidos y China planean enviar exploradores robóticos al polo sur a finales de este año, lo que prepararía el camino para posteriores misiones tripuladas.

Estados Unidos depende del sector privado para desarrollar y construir módulos de alunizaje robóticos de exploración y bajo costo. El país planea enviar a finales de 2026 al polo sur lunar un módulo llamado Griffin, desarrollado por Astrobotic Technology, empresa con sede en Pittsburgh. La misión, financiada por la NASA, buscará mejorar el desempeño de dos módulos anteriores, construidos por otra empresa estadounidense, que se volcaron cuando intentaban posarse sobre el terreno particularmente accidentado del polo sur.

China, mientras tanto, pretende lanzar su misión robótica Chang’e-7 tan pronto como este mes.

La compleja misión utilizará cuatro vehículos robóticos —un orbitador, un módulo de alunizaje, un vehículo explorador y un dispositivo móvil capaz de dar saltos— que trabajarán en conjunto para intentar recopilar datos sin precedentes. Incluirá instrumentos para perforar y analizar directamente el hielo de agua, algo que Estados Unidos no prevé intentar con misiones robóticas hasta el próximo año, como muy pronto.

“Si se logra localizar hielo de agua en la Luna, podría reducirse significativamente el costo y el tiempo necesarios para transportar agua desde la Tierra. Esto facilitaría el establecimiento de una base humana para realizar actividades de largo plazo en la Luna y permitiría ampliar la exploración de Marte o del espacio profundo”, dijo Tang Yuhua, diseñador jefe adjunto de la misión Chang’e-7, en una entrevista de 2025 con medios estatales.

La inminente oleada de actividades centradas en el polo sur, en medio de la escasez de normas internacionales que regulen sus resultados, intensifica esta rivalidad. La dinámica recuerda a la Guerra Fría, cuando los alunizajes de la NASA buscaban proyectar poder y mostrar al mundo que la tecnología producida por el capitalismo occidental era superior a la del comunismo oriental.

Pero las aspiraciones son ahora mucho mayores: se plantea un futuro en el que las personas puedan vivir en asentamientos permanentes, en lugar de limitarse a visitar la Luna. Por eso, lo que está en juego en esta nueva competencia espacial es aún más importante, de acuerdo con Clayton Swope, subdirector del Proyecto de Seguridad Aeroespacial del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, una organización bipartidista sin fines de lucro.

“La visión de largo plazo tardará generaciones en ejecutarse”, dijo Swope. “Pero imagino un escenario en el que nacen y mueren personas, hay familias y niños que crecen en un lugar que no es la Tierra. Eso se parece mucho más a una ciudad que a una expedición al polo sur”.

Si ese futuro se materializa, añadió Swope, espera que esas colonias fuera de la Tierra se rijan por normas afines a los ideales occidentales y los principios democráticos. Es una incógnita si China estaría de acuerdo.

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