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Nevaco Global
14 de septiembre de 2026

Marruecos tiene una gigantesca planta solar de 20.000 megavatios en pleno Sáhara que salvó al sur de España en el apagón

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Marruecos ha puesto en marcha el Noor Atlas Mega Complex, una instalación de 45.000 hectáreas en el altiplano del Sáhara capaz de exportar energía limpia a Europa a través de un cable submarino por el Estrecho de Gibraltar.

El Noor Atlas Mega Complex ya está en funcionamiento En una superficie de 45.000 hectáreas en el altiplano del Sáhara marroquí equivalentes a 63.000 campos de fútbol,. Con una capacidad instalada de 20.000 megavatios, es la mayor concentración de generación solar de un solo punto en el planeta. La cifra equivale, en términos teóricos, a la demanda eléctrica de un país de tamaño medio como Islandia o Estonia cubierta desde una única instalación.

El complejo no es una planta solar al uso. Combina tres tecnologías distintas repartidas en tres instalaciones interconectadas: paneles fotovoltaicos, torres de concentración solar y almacenamiento en sales fundidas. Esta última es la clave del sistema. Las sales fundidas retienen el calor generado durante el día y lo liberan progresivamente para seguir produciendo electricidad cuando el sol ya no está. El resultado es una capacidad de almacenamiento térmico de hasta 16 horas, lo que convierte al complejo en una fuente de generación estable las 24 horas del día.

Esa combinación distingue al Noor Atlas de la mayoría de los grandes parques solares del mundo, que producen solo cuando hay luz directa y dependen de baterías externas para cubrir la demanda nocturna.

Países como Mauritania o Argelia han tomado nota y empiezan a moverse para desarrollar sus propios proyectos de energías verdes. Es tal el boom en el Sahel que China está participando de diferentes maneras en estas instalaciones, que son una fuente de energía que puede cubrir las necesidades no sólo del norte de África sino también de parte de Europa

Desde el complejo, un corredor de transmisión de alta tensión en corriente continua (HVDC) de 1.400 kilómetros transporta la energía generada hacia el norte de Marruecos. Desde allí, un nuevo cable submarino atraviesa el Estrecho de Gibraltar y conecta directamente con la red eléctrica española.

La interconexión no es experimental. Marruecos ya exportaba electricidad a España a través de los cables existentes desde 1997; este nuevo corredor amplía esa capacidad de forma sustancial y la integra en un sistema diseñado desde el origen para la exportación a escala continental.

Estas instalaciones fueron clave el día del apagón que dejó a España sin luz. Desde la red marroquí se destinó el 38% de la capacidad para ayudar a reactivar el suministro en el sur de España.

Las cifras que manejan MASEN (la Agencia Marroquí de Energía Sostenible), el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo sitúan las exportaciones continuas hacia Europa en torno a los 4.500 megavatios, lo que genera aproximadamente 2.800 millones de euros al año en ingresos por venta de energía limpia. Es una cifra comparable a los ingresos que Marruecos obtenía históricamente por la exportación de fosfatos, su principal producto de exportación durante décadas.

Al mismo tiempo, la entrada en operación del complejo elimina la dependencia del país de las importaciones de combustibles fósiles para la generación eléctrica. Marruecos importaba hasta hace poco una parte significativa del gas y el carbón que necesitaba para mantener su red. Esa factura desaparece.

El efecto sobre los países vecinos ha sido inmediato. Diez países del norte de África han presentado solicitudes formales para explorar acuerdos que les permitan replicar el modelo en sus propios territorios. El Sáhara se extiende por varios de ellos, y la disponibilidad de superficie deshabitada con irradiación solar entre las más altas del planeta hace técnicamente viable una expansión del modelo a escala regional.

Si ese proceso prospera, el norte de África podría convertirse en la principal fuente de electricidad renovable para Europa en las próximas décadas, desplazando parcialmente la dependencia actual del gas natural licuado procedente del Golfo Pérsico y de Noruega.

El Noor Atlas no es solo una central eléctrica. Es el primer ejemplo a escala de un modelo que lleva años siendo discutido en foros de energía y política internacional: convertir el desierto más grande del mundo en el mayor generador eléctrico de la historia.

Que el modelo funcione a escala de 45.000 hectáreas no significa que escalar sea sencillo. La transmisión a larga distancia en corriente continua tiene pérdidas. Los cables submarinos son caros y vulnerables. La integración en redes eléctricas diseñadas con otra lógica requiere inversión en infraestructura de recepción. Y la geopolítica de la energía rara vez sigue solo criterios técnicos.

Pero el hecho de que la instalación esté operativa, que exporte electricidad real a Europa y que diez países quieran replicarlo cambia el punto de partida del debate. Ya no es una hipótesis. Es un proyecto en marcha.

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