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Nevaco Global
9 de julio de 2026

El fin del alto el fuego coge a Europa con las reservas de gas en mínimos en cinco años

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La Unión Europea afronta el verano con sus almacenes subterráneos de gas al 50,6% de su capacidad

La ruptura del alto el fuego por parte de Estados Unidos llega en el peor momento para Europa. Mientras Donald Trump vuelve a situar Oriente Medio al borde de una nueva escalada militar, la Unión Europea afronta el verano con sus almacenes subterráneos de gas al 50,6% de su capacidad, su nivel más bajo desde 2021.

El dato supone un claro deterioro respecto al último lustro. Hace un año, las reservas comunitarias rondaban el 60,7%, mientras que en los veranos de 2023 y 2024 superaban ampliamente el 79%.¿Y qué implica todo esto? Los almacenes subterráneos son el gran colchón energético de Europa. Se llenan durante la primavera y el verano para disponer de reservas con las que abastecer a hogares e industrias en invierno, durante los meses de mayor consumo.

Ese gas almacenado sirve para amortiguar cortes de suministro, pero también evita que cualquier sobresalto en los mercados se traduzca de inmediato en una escalada de los precios.

El problema es que este año Europa necesita comprar más gas para rellenar esos depósitos justo cuando el mercado internacional vuelve a tensionarse. Si el conflicto en Oriente Medio reduce la oferta o dispara la demanda de gas natural licuado (GNL), la UE tendrá que competir con Asia y otros grandes importadores por un número limitado de cargamentos. Y cuando muchos compradores pujan al mismo tiempo por el mismo gas, se produce un shock de precios.

Es por eso que ya a finales de marzo la Comisión Europea urgió a los Estados miembros a acelerar el llenado de los almacenes de gas para cumplir el objetivo comunitario del 90% de capacidad antes del 1 de diciembre. Bruselas alertó entonces de que el invierno, más frío de lo habitual, había vaciado las reservas a un ritmo superior al previsto y obligaría a intensificar las compras durante la campaña estival.

España tampoco es ajena a esa tendencia. Sus almacenes subterráneos se sitúan al 73,5%, el porcentaje más bajo para un inicio de julio desde 2021 y ligeramente por debajo del 74,5% de hace un año. Sin embargo, parte de una posición mucho más holgada que la media comunitaria y que las principales economías del continente. Italia mantiene sus reservas al 69,1%, mientras que Francia apenas alcanza el 50,4% y Alemania, el mayor consumidor europeo de gas, se queda en el 43,1%, casi diez puntos menos que hace un año. Países Bajos apenas supera el 28%.

Ese diagnóstico acaba de ser reforzado por la Agencia para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER). En un informe publicado esta misma semana, el regulador europeo advierte de que las inyecciones de gas avanzan por debajo de la media de la última década y a un ritmo claramente inferior al del año pasado, precisamente cuando Europa necesita acelerar el llenado de sus depósitos antes del invierno.

ACER alerta de que la volatilidad derivada de la tensión en Oriente Medio, unida a la creciente competencia con Asia por los cargamentos de GNL, puede complicar aún más el proceso de almacenamiento y encarecer el coste de llenar las reservas durante los próximos meses.

El escenario no es menor. Si la guerra se prolonga y sigue tensionando los flujos internacionales de gas, algunos analistas apuntan a que el precio del combustible podría superar la barrera de los 100 euros por megavatio hora.

La paradoja es que Europa ha conseguido reducir de forma drástica su dependencia del gas ruso, pero lo ha hecho sustituyéndola por una mayor exposición al mercado mundial de gas natural licuado.

Según ACER, el GNL representa ya cerca de la mitad de todas las importaciones de gas de la Unión Europea, lo que convierte al bloque comunitario en el mayor importador mundial de este combustible. Al mismo tiempo, Estados Unidos se ha consolidado como el principal proveedor energético del continente: aporta alrededor del 30% de todas las importaciones de gas de la UE y aproximadamente dos tercios del GNL que compra Europa.

Esta nueva realidad hace que cualquier sobresalto geopolítico tenga un impacto mucho más rápido sobre los precios europeos. A diferencia de la etapa en la que predominaban los contratos de gas por gasoducto, el suministro depende ahora de un mercado global en el que Europa compite con Asia por los mismos cargamentos.

La consecuencia es clara. El verdadero riesgo no es un corte inmediato del suministro, sino verse obligada a rellenar los almacenes en un mercado mucho más caro, más competido y más expuesto a la incertidumbre geopolítica justo cuando el continente dispone del menor colchón de gas para estas fechas desde antes de la invasión rusa de Ucrania.

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