En esta oportunidad me pondré el inmerecido sombrero de Nostradamus y ejerceré de yatiri económico. Para anticipar el futuro boliviano recurriré a todos los métodos conocidos por la ciencia y por sus parientes menos rigurosos: leeré hojas de coca; consultaré los búzios, esos caracolitos que aprendí a respetar durante mis años en Brasil; interpretaré la borra del café siguiendo las enseñanzas del Curaca Blanco y de Lidia, la bruja de Munaypata. También realizaré siete fumadas poderosas para atraer el amor perdido del crecimiento económico. Pero mi instrumento principal será menos místico y bastante más inquietante: el acuerdo firmado con nuestra querida suegra, el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las hojas de coca anuncian peligros; la suegra, además, fija metas, fechas de examen y condiciones para prestar dinero.
Utilizaré las proyecciones del FMI de octubre de 2026 y construiré tres escenarios para nuestra economía. Las probabilidades son estimaciones personales, no pronósticos oficiales. Las sagradas venas de las hojas de Coca orientan, pero no tienen doctorado en econometría.
Punto de partida: cuatro años bajando las gradas. Comencemos con las noticias que trae nuestra suegra. Según las proyecciones del FMI, la economía boliviana caerá un 3% en 2026 y otro 1,5% en 2027. Recién en 2028 crecería un raquítico 0,5% y en 2029 un 2,5%. Como ya venimos de contracciones en 2024 y 2025, completaríamos cuatro años consecutivos de recesión.
Y cuidado con celebrar el crecimiento de 2028. Después de cuatro años cayendo por las gradas de la Pérez Velasco, subir medio escalón no significa haber llegado a la plaza Murillo. Incluso en 2029 produciríamos menos que antes de comenzar este largo vía crucis económico.
La inflación tampoco ofrece motivos para celebrar con chicharrón y chica que ahora tienen su ley. El FMI proyecta una inflación de diciembre a diciembre del 14,2% en 2026 y del 10,7% en 2027. Sin embargo, la inflación promedio anual subiría del 12,7% al 15,8%.
En las finanzas públicas, el déficit disminuiría del 11,4% del PIB en 2025 al 6,7% en 2027. La deuda pública rondaría el 100% del PIB en 2026. Las reservas brutas llegarían a 7.297 millones de dólares en 2027, aunque las utilizables serían aproximadamente 3.982 millones. No confundamos el oro guardado con dólares disponibles para salir de compras. Una cosa es tener joyas de la abuela y otra poder pagar la cuenta del supermercado.
Primera conclusión de mis consultas espirituales: podemos mejorar las cuentas fiscales, recuperar reservas y reducir la inflación mientras la economía continúa enferma. La estabilidad no es todavía prosperidad.
Primera profecía: tres futuros para escoger, aunque ninguno viene con garantía. Después de consultar las hojas de coca, los caracolitos y las tablas de nuestra suegra, encuentro tres caminos posibles. Asigno un 35% de probabilidad al escenario pesimista, un 45% al intermedio y un 20% al optimista. Son juicios prospectivos propios, sujetos a revisión.
Primer escenario: el kharisiri o Kari Kari de la economía. Probabilidad: 35%.
En este futuro, el ajuste tropieza con tentativas de bloqueos, conflictos sociales, retrasos en los desembolsos internacionales, petróleo caro y un dólar que continúa bailando caporales sin respetar la coreografía del Banco Central.
El PIB caería entre 2,5% y 4% en 2027 y podría seguir retrocediendo en 2028. La inflación de cierre superaría el 15%, el déficit disminuiría menos de lo previsto y las reservas internacionales crecerían lentamente.
Tendríamos una estanflación a la boliviana: producción que cae, precios que suben y empleos que desaparecen. El kharisiri macroeconómico nos chuparía simultáneamente el crecimiento, los ingresos y la paciencia.
El Gobierno quedaría atrapado entre exigencias contradictorias. El FMI pediría austeridad; los empresarios, dólares y crédito; los trabajadores, salarios; los transportistas, combustible barato; y el Tesoro respondería mostrando los bolsillos más vacíos que una alcancía después de Navidad.
El peligro mayor sería que la crisis económica terminara alimentando una crisis política, convirtiendo cada reforma en una nueva batalla campal.
Segundo escenario: el enfermo sale de terapia intensiva, pero necesita Mentisán en su pechito de bronce. Probabilidad: 45%. Este es mi escenario más probable y coincide aproximadamente con las proyecciones centrales del FMI.