Imagen de 2022, de un hotel en La Habana. | Foto: Ernesto Mastrascusa
El pasado viernes 5 de junio venció el ultimátum que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, había dado a las empresas extranjeras que operaban en Cuba para ir dejando su actividad allá. La medida incide especialmente en el sector hotelero mallorquín.
Aunque el presidente de los Estados Unidos ha dado ejemplos de que no siempre cumple sus anuncios, ese era el día que fijaba la orden presidencial ejecutiva número 14404 que indicaba que podrían quedar congelados en los Estados Unidos los activos de las entidades que operen en los sectores clave cubanos como energía, minería, defensa o seguridad.
En resumen, aquellas empresas con acuerdos de gestión con Gaesa, el holding militar que, directamente y a través de otras marcas del entramado –en especial Gaviota, que es la que ahora está en el punto de mira–, controla el negocio turístico y, por tanto, el hotelero. Es el caso de las empresas mallorquinas que operan en el país caribeño y la medida afecta especialmente a Iberostar y Meliá, ‘joyas de la corona’ y punta de lanza de una estrategia de penetración comercial que se inició en 1990 con la bendición y el apoyo entusiasta de Fidel Castro así como de los diferentes presidentes del Gobierno de España.
Iberostar, que preside Miquel Fluxá, comunicó el lunes que dejaba de operar con 12 de sus hoteles, los vinculados al grupo Gaviota. Mantiene, de momento, otros 3. Fluxá abrió su primer establecimiento en 1993. Pero la baja más significativa –por lo significativo del hecho y por el significado que tiene en la relación Mallorca/Cuba– es la que se oficializó el martes: Meliá, de Gabriel Escarrer, abandonaba la gestión de 15 de sus 34 hoteles.
Gabriel Escarrer, padre del actual presidente de la cadena, inauguró el 10 de mayo de 1990 el Sol Palmeras de Varadero con el entusiasmo y el apoyo expreso del propio Fidel Castro. «De la forma en que marche esto dependerá mucho el éxito del desarrollo del turismo en Cuba», aseguró el comandante que recorrió todas las dependencias del hotel, se sentó en las camas de las habitaciones, hablo con el personal de cocina y se abrazó efusivamente a Escarrer.
La relación entre el presidente fundador de Sol y el comandante tuvo con el paso de los años el efecto de una diplomacia paralela a la del Gobierno español, tanto con Felipe González como con José María Aznar y, en febrero de 2000, el entonces presidente del Govern de Baleares, Francesc Antich, se reunió con Castro en La Habana.
En Cuba, aunque con presencia mucho menor, operan otras compañías mallorquinas. El grupo Barceló mantiene abierto uno de sus dos establecimientos. Las compañías Blau y Valentín operan con tres cada uno. Y están a la espera de cómo evoluciona la situación.
El sector hotelero mallorquín comenzó a interesarse por el Caribe en los años 80 del siglo XX pero su primer punto de referencia, especialmente a través de la familia Barceló, fue la República Dominicana.
El periodista especializado en turismo y colaborador de Ultima Hora Juan Luis Ruiz Collado –que además de coautor del libro Los visionarios del caribe, que narra el inicio de la expansión internacional hotelera ha vivido de primera mano la trayectoria de Meliá e Iberostar en Cuba– afirma en una conversación con este diario que «habrá un antes y un después» de lo sucedido esta semana y que Trump busca ocupar ese espacio, que quien está definiendo toda la estrategia es el secretario de Estado Marco Rubio, hijo exiliados cubanos, y que se ha empezado con Gaviota pero que el resto del empresas del conglomerado, también las del Ministerio de Turismo, están en la misma situación.
Según una información de El diario.es del día que vencía el plazo, tras el repliegue de grupos mallorquines como Meliá e Iberostar, Cuba ha ofrecido esta posibilidad de negocio a los cubanos residentes en el exterior. «Estoy seguro de que muchos van a regresar a Cuba a seguir los negocios, pero no será nada fácil por la terquedad con que se ha manifestado la Administración norteamericana tratando de frenar el desarrollo turístico de Cuba, que sabe que es una fuente de ingreso», indicaba el presidente de aquel país, Miguel Díaz-Canel.
El diario Granma, «órgano del comité central del Partido Comunista de Cuba», informa diariamente de «las amenazas y sanciones de Estados Unidos contra Cuba» a la vez que trata de mostrar una imagen de normalidad. Por ejemplo, ese 5 de junio llevaba a su portada que «Cuba tendrá su feria del libro», que se celebrará en agosto. Y hace unos días publicaba un artículo con el siguiente título: «De Weyler a Trump».
Valeriano Weyler une directamente a Cuba con Mallorca. Nombrar en Cuba al general mallorquín que a finales del siglo XIX sofocó de manera cruel a los insurgentes cubanos es como mentar al diablo. Y en el artículo, que firma Jorge Enrique Jerez Belisario, compara la orden ejecutiva de Donald Trump con la reconcentración [desplazamiento masivo de civiles a zonas controladas por el Ejército español para dejarlos morir allí] impulsada por Weyler. Comenta que «Weyler quería un triunfo militar y Trump quiere votos pero ambos convierten el sufrimiento cubano en moneda de cambio». Y concluye del siguiente modo: «Weyler fracasó. Su reconcentración no quebró al pueblo, sino que incendió la guerra independentista. Trump fracasará y tiraremos al basurero de la historia a este otro Weyler con smartpone, corbata roja y aranceles».
Prest caurà es règim des Castros.
A Cuba no la conexerem.
Hotels per tota sa costa, urbanitzacions i atraccions.
Molta feina i doblers
Naturalesa feta pols
Uns quant parcs naturals per es turisme.
Autovies aeroports ports deportius i molta gent
Emigració i màfia i alcohol
No paseu pena
Anirà gross..
Yo no entiendo porque los patriotas se alegran de la perdida de competitividad y mercadls de las empresas españolas por puro interes del pais que mas territorio le ha quitado a su propio pais. Ademas, Tramp no os va a dar nada, ni el ni ninguna marioneta del partido A o el partido B (si mas o menos todos los presis usanos actuan igual).
"Eggg que el comunismo eg malo", mientras escriben desde un dispositivo electronico ensamblado en un pais commie y con ropa cosida en otro pais commie.