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Nevaco Global
4 de octubre de 2026

Trump va por toda Norteamérica y Macron armó el ring en una isla

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Por:

Andrés Gaudin

Pudo haber sido una sutileza, o también pudo haber sido una torpeza. Todo es posible si se observa el currículum/prontuario del sujeto en juego. La cierto es que después de que Donald Trump se despachara con un mapa del hemisferio occidental norte cubierto con la bandera de Estados Unidos, la posesión ultramarina francesa de Saint-Pierre-et-Miquelon pasó a ocupar un sitio preferencial entre los codiciados para convertirse en una nueva estrella del blasón imperial.

No es casual, entonces, que el presidente Emmanuel Macron haya hecho una escala en la última colonia francesa de América del Norte para decirles a los isleños que llegaba en gesto soberano, aunque en realidad lo que haya intentado es transmitirle a la Casa Blanca que él también entendía que el estratégico enclave merecía la atención que nunca había tenido (ver aparte).

Cuando el afán expansivo de Trump lo llevó a ahogar bajo su bandera a los territorios que por pura intuición le parecieron merecedores de una bota, superó aquella primera instancia de México y Groenlandia para sumar Islandia y Saint-Pierre-et-Miquelon.

No dijo para qué querría las islas, pero además de su situación estratégica se estima que bajo su jurisdicción marítima, es decir bajo jurisdicción francesa, existirían unos yacimientos petrolíferos de al menos 250 millones de barriles. Por ahora se trata de una riqueza para observar con la ñata contra el vidrio. Desde 2017 la legislación francesa prohíbe por razones medioambientales, y según disposiciones de la ONU, la prospección y explotación petrolífera en suelo francés y áreas marinas soberanas. Pero todo es posible.

La Ley Hulot, así llamada para honrar al exministro Para la Transición Ecológica, Nicolas Hulot, choca contra los intereses de las grandes multinacionales, de Estados Unidos y de los países europeos que, subidos al caballo de las sanciones contra Rusia por su participación en la crisis de Ucrania, ven cómo se acerca el invierno y los derivados del petróleo crecen de precio día tras día, impulsando la inflación.

En estos días, justamente, la prensa francesa recordó la existencia de esas reservas y arguye que el boicot contra Rusia actúa sobre los precios y hace que se haya vuelto en tema revulsivo para la población. En realidad, temen que el nuevo cuadro desencadene protestas como las de los “chalecos amarillos”, que en 2018 y 2019 incendiaron las calles de las ciudades francesas.

En principio, ya se está convocando para una primera protesta dentro de dos semanas, el 17 de octubre, y a Macron el solo recuerdo lo desespera. El detonante de la aparición de los chalecos amarillos fue el anuncio de un alza de los impuestos a los combustibles. Entonces el rechazo al gravamen se convirtió en un reclamo generalizado de defensa del salario y contra la inequidad fiscal y las políticas económicas que beneficiaban a los sectores de más altos ingresos. Las brutales medidas represivas aplicadas por el gobiernono lograron frenar las protestas y Macron terminó cediendo ante la realidad. Canceló el aumento del impuesto a los combustibles. Cedióy anunció algunas medidas de contención social ya superadas. En abril del año que viene Francia elegirá presidente y una nueva Asamblea Legislativa. La ultraderecha pica en punta y ya insinuó que la Ley Hulot no será una traba para ella.

En su estadía en las islas Macron no habló del petróleo, porque es un tema irritativo frente a Estados Unidos y porque le generaría una crisis con la Guayana, su colonia sudamericana, que por la aplicación de la Ley Hulot se ha privado de fuertes ingresos petroleros. Recibió al primer ministro de Canadá, Mark Carney –sistemáticamente hostigado por Trump– y con él habló de proyectos compartidos, integración económica y energética y, sin llamarlo por sus letras, de un frente político. Insistió, eso sí, en que Carney es el primer jefe de Estado extranjero en visitar el territorio, un verdadero signo de la buena sintonía que reina entre ambos países y también entre Canadá y la Unión Europea.

Sea como sea, que dos países hostigados por Estados Unidos hayan tenido el gesto de dialogar sobre temas de interés mutuo, habla de una decisión política que bien podría acercar, también a Islandia. Vale tener presente que el gélido país insular europeo fue el único que reaccionó enérgicamente cuando Trump quiso abrigarlo con su bandera. Hizo lo que insinuó Macron y tuvo el gesto de dignidad que no han tenido Venezuela –desde el secuestro del presidente Nicolás Maduro– ni Groenlandia y Dinamarca cuando firmaron un concesivo acuerdo con Estados Unidos.

El de Macron no fue un viaje planificado expresamente, resultó de una escala del avión que lo llevaba a Nueva York para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando sobrevive sus últimos meses de gobernante sometido a las presiones de los extremos políticos y con la ambición de trascender a la historia por algo. Seguramente sin quererlo, porque lo ha vapuleado repetidamente, cada vez que lo tuvo a mano, Trump le acaba de dar a Macron algunas puntas que, efectivamente, le permitirían trascender por algo. Y Macron tomó el lado torpe del sujeto para caminar por la cornisa de las sutilezas. «

Un siglo y medio pasó hasta que Charles de Gaulle se convirtiera, en 1967, en el primer presidente francés que visitaría las islas que París regenteaba desde inicios del siglo XIX. Más de tres décadas, 32 años, pasaron para que Jacques Chirac repitiera el gesto, y otros 15 para que el avión de François Hollande hiciera una escala técnica, rumbo a Nueva York.Ahora, 12 años después, Emmanuel Macron se convirtió en el nuevo ilustre llegado para romper por algunas horas con la soledad de los 5513 habitantes de las islas. Todo parecería indicar que en la metrópolis no hay mucho interés por el presente de la colonia –territorio de ultramar, lo llaman muy elegantemente– y el viaje obedece a que, desde Washington, el jefe de todos los jefes del mundo occidental expresó un desmesurado apetito anexionista. El año pasado, cuando Trump arremetió con sus aranceles contra el mundo, nadie entendió muy bien por qué las islas quedaron en el primer lugar del podio, con una carga del 50 por ciento. Entonces, Tiempo Argentino lo explicó y contó la historia y el status jurídico de este territorio insular situado frente a Terranova. Si bien deben enarbolar la bandera tricolor francesa, hay otra no oficial, izada desde 1982, que en su tercio vertical izquierdo presenta la ikurriña vasca y los emblemas de Bretaña y Normandía. Lo que se busca es honrar las raíces de la mayoría de la población, heredera de los pescadores que desde el siglo XVI volvían periódicamente en la temporada de caza de la ballena. Hoy Saint-Pierre-et-Miquelon es una comunidad de Estado único, definida por el artículo 74 de la Constitución de Francia. La política local está estructurada alrededor de un sistema democrático parlamentario dentro de la colectividad de ultramar. París asume la defensa y las relaciones exteriores de las islas, que envían un senador y un diputado a la Asamblea Nacional. Tierra de navegantes y pescadores, las islas vivieron todo su tiempo bajo los enfrentamientos entre ingleses y franceses y un algo de portugueses, hasta que en 1815 quedaron bajo el dominio definitivo de Francia. Y pasaron inadvertidas hasta 1920, cuando con el inicio de la Ley Seca en Estados Unidos empezaron a transitar 13 años de gloria como uno de los vergonzantes centros del tráfico occidental de bebidas alcohólicas.

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