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Por:
Enrique Mario Martínez
Hemos dicho que mientras el neoliberalismo sea la doctrina económica hegemónica, un Estado popular será una gran ambulancia recolectando heridos, sin capacidad de evitar la causa de los daños.
Hay otra característica a considerar de un Estado con vocación popular en una economía neoliberal. Sus integrantes estarán permanentemente acosados por la cultura individualista que se disemina por todo ámbito.
En consecuencia, habrá pujas internas por los espacios con mayor jerarquía y esas pujas tenderán a dirimirse en función de parámetros de cualquier naturaleza. Los debates pierden jerarquía ideológica, para pasar a tener que ver con matices de personalidad, en lo que puede llegar a ser una cacería de detalles sórdidos, dentro del criterio que invade todo: las soluciones son individuales y no hay para todos.
Se llega envueltos en esa niebla, se gestiona con ella y se resuelve acorde. Como subproducto central de ese trauma, se consolidan los criterios para gestionar de manera delegativa y no participativa. El voto delega; el elegido decide; los votantes reciben o no, pero poco y nada pueden cambiar.
Ese elemento de la política moderna, que incluye de pleno a la Argentina, no debiéramos olvidarlo en nuestros análisis. Muchas veces, no importa tanto qué se consigue, sino quien lo consigue, con lo cual se llega a escenarios penosos, en que la figura política está por encima de los logros sociales.
Sumando esto al contexto, vamos a elegir algunos casos demostrativos de la diferencia sustancial entre el Estado que intenta reparar los daños del neoliberalismo (ER) y aquel que quisiéramos (ET).
El ER ha apelado a subsidiar de varias formas las tarifas de los hogares con problemas. Sea la garrafa social o la tarifa de la luz, se fue por allí.
El ET, en tiempos de la energía renovable, debe encontrar los caminos para que los más humildes usen el sol o el viento o aún los cauces de agua, como generadores de energía para uso propio y para contar con recursos económicos. Las normas al respecto se han opuesto tenazmente a la auto generación, que como es obvio es un gran atributo positivo de las nuevas energías. A lo sumo, se acepta que se genere el 70% del consumo y no se considera para nada la posibilidad que personas aisladas vendan energía a la red más allá de esa proporción.
El bien común reclama que, empezando por las escuelas, hospitales, centro comunitarios y siguiendo por viviendas cualesquiera, se pueda instalar calefones solares, celdas fotovoltaicas,molinos eólicos o mini centrales hidráulicas, según el caso, entregando la energía que se quiera al distribuidor local y cobrando por ella.
La instalación de ese patrimonio es lo que debe financiar un ET, con recuperación de lo invertido como una alícuota de la energía vendida, en lugar de subsidiar los consumos, aprovechando así capitalizar a los humildes.
Vale destacar una paradoja. Cuando Argentina era ostensiblemente una neocolonia inglesa, la carne vacuna era barata en el país. Esto era consecuencia que el grueso de nuestras ventas externas terminaba en los mostradores de los carniceros británicos, que vendían barato porque compraban barato. Los mostradores de nuestros carniceros eran réplicas de aquellos y por lo tanto, los precios eran bajos.
Hoy, la carne se exporta a decenas de países. Lo mismo pasa con el petróleo y un puñado de otros productos agropecuarios o mineros.
El ER intentó evitar que las fluctuaciones del mercado internacional recayeran sobre los ciudadanos, sea con retenciones a las exportaciones del agro o incluso suspensión de esas exportaciones o con la definición de un valor para “el barril criollo”, acotando así los beneficios de los respectivos productores.
El ET, en cambio, debe instalar conceptualmente el derecho de los consumidores locales a participar de las ventajas de contar con productos exportables.
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El Mandatario estadounidense rechaza ceder ante Teherán, mientras mediadores internacionales buscan frenar una escalada bélica en Medio Oriente.
10 de julio (Urgente.bo).- Este viernes, el Banco Central de Bolivia (BCB) cotizó el dólar a Bs 10,24, un incremento de 0,14 centavos en comparación con el precio de este jueves. El analista económico Enrique Velasco explicó que el alza responde a la demanda de dólares de entidades financieras y agentes privados. "En principio el Banco Central no se compromete a intervenir en este mercado ni comprando ni vendiendo dólares. Si hay más demanda de dólares que oferta de dólares en el mercado, el tipo de cambio probablemente va a tener una tendencia a subir", dijo el analista a Urgente.bo. Asimismo, Velasco indicó que el país ya experimentó fuertes fluctuaciones cambiarias en los últimos dos años, cuando la cotización llegó a aproximarse a los Bs 20 por dólar, para bajar hasta los Bs 9 sin la intervención del Gobierno. dolar_0.jpeg En ese sentido, el economista consideró que al Gobierno, en este momento, no le conveniente tomar medidas para contener el alza del precio del dólar. "Creo que tenemos que ser pacientes, creo que no tenemos que hacer cundir el pánico en este sentido e ir viendo hasta qué punto se va estabilizando un tipo de cambio que no va a ser fijo necesariamente, va a ir fluctuando en función de la oferta y demanda de dólares", añadió. Velasco explicó que la política actual cambiaria del BCB ya no contempla que “la autoridad monetaria actúe como principal proveedor de dólares”, sino que “el sector privado, los hogares, las familias del exterior con sus remesas y las exportaciones armen un esquema de compra y venta de divisas que determine el tipo de cambio”, indicó. Asimismo, advirtió que una compra masiva de divisas por parte de la población podría agravar la situación, ya que se podría generar una “corrida de dólares” que ningún exportador va a poder satisfacer. La estabilidad cambiaria dependerá principalmente de que el país incremente el ingreso de divisas mediante exportaciones con mayor valor agregado y una mayor producción nacional. «"Tenemos que volver a una situación en la que nosotros seamos capaces de producir lo que consumimos", remarcó el analista. Por último, Velasco indicó que un crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI) no es la solución a la falta de divisas. "Sí, probablemente la detendría momentáneamente, pero esa no es la solución. Lo peor que podemos hacer es endeudarnos en dólares porque eso nos obliga necesariamente a pagar en dólares", concluyó.