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Nevaco Global
11 de octubre de 2026

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Multipolaridad geopolítica y globalización fragmentada, competencia tecnológica y revolución IA, transición energética y demográfica, nuevas formas de guerra, crisis climática… No son problemas independientes, sino parte de una gran transformación histórica en que «soberanía» será palabra clave que debemos redefinir, afirma Ignacio Ramonet.

«Necesitamos volver a formular una pregunta que, en otros momentos de grandes transformaciones históricas, fue decisiva: ¿qué nueva sociedad queremos construir?

Porque esta es quizá la característica más importante del momento que vivimos: el futuro todavía está abierto. Y precisamente porque está abierto, la ciudadanía debe contribuir masivamente a definirlo», señala Ramonet. Foto: CP.

Mucha gente está perpleja. Desconcertada. Descolocada ante los acontecimientos que estamos viviendo. Hay una enorme incertidumbre. Una profunda inquietud. Incluso miedo. Porque, una vez más, no entendemos, no comprendemos lo que está sucediendo en nuestras sociedades y en el planeta. El mundo se ha vuelto muy difícil de leer, de descodificar. Y la información que recibimos no nos ayuda. Incluso nos confunde más. Muchas de nuestras herramientas conceptuales ya no nos permiten interpretar, descifrar lo que está pasando.*

Y es normal. Porque lo que estamos viviendo no es simplemente una nueva crisis internacional. Ni siquiera una policrisis. No es solamente una nueva fase de la rivalidad entre grandes potencias. Tampoco es únicamente una nueva revolución tecnológica. Lo que está ocurriendo es algo más profundo.

Estamos asistiendo a la convergencia, en un mismo momento histórico, de varias grandes rupturas que normalmente se producen separadamente: una transformación del sistema geopolítico internacional; una transformación de la economía-mundo; una revolución tecnológica; una transición energética; una mutación demográfica; una crisis climática y ecológica, y una profunda modificación de las formas de producción, de comunicación y de organización social. Y lo extraordinario de este nuevo momento es que todas estas transformaciones están ocurriendo simultáneamente y se están influyendo unas a otras.Hoy, el orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial está dando paso a un mundo más fragmentado y multipolar, al mismo tiempo que avanzan la inteligencia artificial, las transformaciones demográficas y la crisis climática. Esa simultaneidad convierte el momento actual en un período de incertidumbre excepcional.

Desde el XXX Seminario Internacional en la Ciudad de México, el periodista y catedrático español, Ignacio Ramonet alzó su voz para enviar un abrazo solidario al presidente Nicolás Maduro y a la primera dama, Cilia Flores. ​Durante su intervención, exigió su liberación… pic.twitter.com/PfPyf55psR

Por eso creo que debemos evitar dos errores. El primero consiste en pensar que estamos simplemente ante una sucesión de crisis: la guerra, la inflación, las tensiones comerciales, la crisis energética, la rivalidad Estados Unidos-China, la inteligencia artificial… No. El segundo error consiste en pensar que todo esto constituye una especie de accidente pasajero del sistema. Tampoco.

Lo que estamos viviendo es la transición de un sistema histórico hacia un nuevo sistema histórico cuyo perfil todavía no está completamente definido. Y, precisamente por eso, este es un momento gramsciano en el que la política vuelve a adquirir una importancia extraordinaria, fundamental. Porque cuando las reglas de una época empiezan a dejar de funcionar y los nuevos paradigmas todavía no están establecidos, se abre un período de disputa por definir e imponer las nuevas reglas y los nuevos paradigmas de la nueva época histórica que comienza.

Para tratar de entender mejor este cambio copernicano que estamos viviendo, propongo los siguientes 20 apuntes con el objeto de visualizar mejor la actual cartografía conceptual de esta nueva transformación.

Durante más de tres décadas, desde la desaparición de la Unión Soviética en 1991, vivimos lo que podríamos llamar un momento unipolar. Estados Unidos quedó como única superpotencia global. Eso no significa que controlase absolutamente todo. Existían otras grandes potencias, economías regionales, instituciones internacionales y múltiples formas de resistencia. Pero la arquitectura general del sistema internacional estaba organizada alrededor de una sola superpotencia cuyo peso económico, financiero, militar, tecnológico y cultural era incomparable.

Ese período está terminando. No porque Estados Unidos haya dejado de ser una gran potencia; sigue siendo una potencia extraordinariamente poderosa. Pero han aparecido otros centros de acumulación de poder.

China es hoy una potencia económica, industrial y tecnológica de primera magnitud. La India aumenta su peso económico, demográfico y estratégico. Rusia conserva una enorme capacidad militar y energética. Brasil y México desempeñan un papel central en América Latina y poseen recursos estratégicos de dimensión continental. Países como Indonesia, Turquía, Irán, Arabia Saudita, Etiopía, Nigeria o Sudáfrica disponen de capacidades regionales y márgenes de autonomía cada vez mayores. Numerosas economías del llamado Sur Global intentan diversificar sus relaciones internacionales.

Los Brics son una de las expresiones de esta nueva transformación. No constituyen un bloque homogéneo y sería un error presentarlos como tal, pero expresan una realidad geopolítica: una parte creciente del mundo quiere disponer de mayor capacidad de negociación dentro de las instituciones internacionales y reducir su dependencia de un único centro de poder.

Estamos, por tanto, ante una multipolarización del sistema internacional. Pero debemos entender bien qué significa esto. Multipolaridad no quiere decir automáticamente cooperación. Tampoco significa que las rivalidades desaparezcan. Puede significar precisamente lo contrario: que habrá más actores con capacidad para competir, negociar, bloquear, guerrear, presionar y establecer alianzas variables.

El nuevo mundo que está naciendo puede ser más plural, pero también más conflictivo. Y esta es una de las grandes paradojas de este nuevo tiempo: nunca hemos necesitado tanto la cooperación internacional y, sin embargo, nunca ha sido tan difícil construirla.

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