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Nevaco Global
14 de agosto de 2026

Irán y EE.UU. se disputan el control de Ormuz mientras los hutíes vuelven a amenazar la salida saudí por el mar Rojo

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La guerra dialéctica, más allá del conflicto armado, sigue manteniendo ocupados a Washington y Teherán. El antiguo jefe de los servicios de inteligencia de la Guardia Revolucionaria iraní, Hossein Taeb, ha afirmado este jueves que el estrecho se encuentra bajo control y administración de Irán horas después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, dijera justo lo contrario, y reivindicara para Estados Unidos el "control total" de este paso estratégico.

Sin embargo, ninguna de las dos afirmaciones describe por completo la situación. Estados Unidos dispone de una capacidad naval muy superior, mientras Irán conserva la posibilidad de condicionar la circulación mediante misiles, drones, minas, embarcaciones rápidas y el control de las rutas próximas a su costa. Teherán no necesita sellar físicamente el estrecho para provocar una crisis: le basta con elevar el riesgo hasta que navieras, aseguradoras y compradores decidan interrumpir o aplazar sus operaciones.

Así, el choque de versiones refleja una disputa que va más allá de la dialéctica: la navegación continúa gravemente restringida en el estrecho, las negociaciones entre EE.UU. e Irán se encuentran estancados y otros actores, como Arabia Saudí, siguen una política del "sálvese quien pueda" después de que su alternativa a Ormuz, el Mar Rojo, vital para sacar al menos parte de sus exportaciones de petróleo, también esté ahora amenazada por los nuevos ataques de los hutíes de Yemen.

En consecuencia, Riad está intentando articular una coalición naval a la que se habrían sumado 14 países para proteger la navegación, en medio de una escalada que amenaza con devolver a la guerra abierta la región sur de la península arábiga tras casi cuatro años de relativa calma.

Por el momento, el cierre en el estrecho de Ormuz no es absoluto, pero el tráfico sí se ha reducido a una fracción de los niveles anteriores a la guerra. La empresa internacional de inteligencia de datos y análisis del comercio, Kpler, contabilizó el martes solo ocho buques en el estrecho, frente a una media de doce durante los diez días precedentes y los 130 o 140 que lo atravesaban diariamente antes del comienzo de los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, el pasado 28 de febrero.

Solo un barco salió del golfo, mientras los siete restantes entraron por la ruta próxima a la costa iraní. Otro servicio de seguimiento, LSEG, registró once tránsitos. La diferencia entre ambos recuentos impide presentar una cifra cerrada, pero los dos confirman el desplome de la navegación comercial en la zona.

La importancia económica del paso es difícil de exagerar. Por Ormuz circularon durante el primer semestre de 2025 una media de 20,9 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo mundial de crudo. El estrecho canaliza también alrededor de una quinta parte del gas natural licuado comercializado internacionalmente, según la Administración de Información Energética estadounidense.

El tráfico por el estrecho de Ormuz se reduce a mínimos mientras siguen estancadas las negociaciones entre Irán y EE.UU. AFP

Por su parte, la diplomacia ofrece de momento pocas garantías. Pakistán, que participa en los contactos, ha trasladado cierto optimismo sobre una posible fórmula provisional entre Washington y Teherán. Una fuente iraní, sin embargo, aseguró el miércoles a Reuters que no se había producido ningún avance y negó que estuviera acordada una prórroga del entendimiento anterior.

La contradicción no es menor. Los mediadores intentan mantener abierto el proceso, pero Teherán no quiere aparecer negociando bajo presión militar. Un funcionario iraní citado por el diario israelí The Times of Israel condicionó la reapertura del estrecho al final de las guerras de Gaza y Líbano y a la liberación de activos iraníes congelados. Se trata, no obstante, de condiciones transmitidas a través de una fuente, sin poder ser verificadas de forma independiente.

El bloqueo de Ormuz afecta especialmente a Arabia Saudí porque obliga al reino a depender más de su salida occidental. El oleoducto Este-Oeste transporta petróleo desde los yacimientos del golfo Pérsico hasta Yanbu, en el mar Rojo, permitiendo que parte del crudo saudí eluda el estrecho iraní.

La región histórica de Yanbu Arabia Saudí, puerto de Yanbu Getty Images

Esa alternativa está ahora bajo presión. Los hutíes no se han limitado a amenazar barcos de bandera o propiedad saudí. El centro rebelde encargado de las advertencias marítimas comunicó a las compañías que cualquier buque que cargue o descargue mercancías en puertos saudíes puede ser sancionado o atacado allí donde se encuentre dentro del alcance de sus fuerzas.

La formulación amplía sustancialmente el bloqueo anunciado por los rebeldes: convierte en posibles objetivos a barcos y empresas de terceros países por el mero hecho de comerciar con Arabia Saudí.

La amenaza ya está alterando las operaciones. Algunos petroleros que transportan crudo saudí desde el mar Rojo han reducido o apagado sus transmisiones públicas de posición, lo que no significa que las exportaciones se hayan detenido, pero sí demuestra que las navieras están tratando de dificultar el seguimiento de sus rutas.

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