Por Lea Aschkenas /Codepink/ Resumen Latinoamericano, 25 de agosto de 2026.
Recientemente, mientras escuchaba una entrevista de NPR con el músico cubanoamericano Arturo Sandoval, recordé el texto clásico del difunto politólogo Michael Parenti, «Inventando la realidad: La política de los medios de comunicación». En su libro de 1986, Parenti describió una situación que sigue vigente cuarenta años después: cuando Estados Unidos teme que el modelo político no capitalista de otro país (y sus consiguientes avances en justicia social y calidad de vida) pueda llevar a sus ciudadanos a cuestionar su propio sistema, impone regularmente un embargo y sanciones contra ese país. A continuación, los medios de comunicación informan sobre el sufrimiento causado por estas políticas, evitando al mismo tiempo cualquier mención del embargo y las sanciones.
Finalmente, cuando, tras años o décadas de sufrimiento, el pueblo de este país bloqueado descarga su ira contra el objetivo más cercano y comienza a protestar contra su gobierno, Estados Unidos interviene. Coloca a un presidente títere en el poder e inyecta en el país el dinero que había retenido durante todo el embargo. Luego, los medios de comunicación informan sobre lo bien que les va a todos ahora, sin reconocer, una vez más, el papel desproporcionado que desempeñó el embargo en la devastación anterior.
En la mencionada entrevista de NPR, el presentador Scott Simon perpetuó a la perfección este modelo de complicidad mediática al anunciar, casi al final de la entrevista: «Arturo Sandoval, tengo que ponerte en un aprieto. Has guardado silencio sobre política a lo largo de los años, pero obviamente tú… tú… huiste de Cuba. Cuando murió Fidel Castro, manifestaste tu desdén por su régimen. Fue hace diez años». Luego, sin ningún contexto histórico ni siquiera reciente, Simon concluyó: «Cuba parece estar casi peor que nunca ahora».
Con esta declaración final en la que erróneamente insinuó una conexión entre la actual miseria de Cuba y el gobierno de Fidel Castro, Simon provocó la respuesta de Sandoval: “Sesenta y siete años y medio es demasiado tiempo, hombre… El pueblo de Cuba está desesperado y sin esperanza”.
Simon permitió que su invitado afirmara esto sin cuestionarlo, como si estas décadas de desesperación y desesperanza fueran consecuencia de la revolución cubana de 1959. Por el contrario, además de costear la educación musical de Sandoval (asistió a la Escuela Nacional de Arte de Cuba, gratuita y fundada por Fidel Castro), la Revolución Cubana redefinió los derechos humanos como el acceso universal a la educación gratuita, la atención médica gratuita, las guarderías de bajo costo y la vivienda altamente subsidiada.
La desesperación a la que se refirió Sandoval es consecuencia directa del embargo estadounidense contra Cuba, que ya dura 67 años y es el más largo de la historia. Sumado a la multitud de sanciones complementarias (más de 200 de las cuales se promulgaron durante el primer mandato de Trump), estas medidas punitivas prohíben a Cuba comprar productos, incluidos medicamentos, fabricados en el extranjero si contienen más del 10 % de componentes de origen estadounidense. Restringen la posibilidad de que los residentes estadounidenses viajen a Cuba. Además, dificultan que los cubanos residentes en Estados Unidos envíen dinero a sus familias, una práctica común entre los inmigrantes de todo el mundo para complementar los ingresos de sus familiares en Cuba.
El embargo a Cuba ha recibido condena mundial. Desde hace más de tres décadas, la Asamblea General de la ONU presenta anualmente a sus miembros una resolución para denunciarlo. Año tras año, sus 193 Estados miembros votan casi por unanimidad a favor de la resolución. Los únicos dos países que votan sistemáticamente en contra —y a favor del embargo— son, como era de esperar, Estados Unidos e Israel.
Lamentablemente, la resolución de la ONU, si bien constituye una importante muestra de solidaridad, carece de autoridad para poner fin al embargo. Tal como lo estipula la ley estadounidense, solo el Congreso de los Estados Unidos posee esta facultad.
Lamentablemente, el sufrimiento causado por el embargo no es una mera consecuencia del mismo, sino su objetivo explícito, como se indica en un documento gubernamental desclasificado de 1960, publicado en el sitio web del Archivo de Seguridad Nacional y resumido de la siguiente manera: “Este memorando, escrito por el Subsecretario Adjunto de Estado para Asuntos Interamericanos, Lestor Mallory, expone la justificación política original y sin adornos para imponer restricciones comerciales a Cuba. La revolución de Fidel Castro goza de gran popularidad en Cuba, señala Mallory; dado que no existe una oposición efectiva, la única forma de debilitar su apoyo es ‘mediante el desencanto y la desafección basados en la insatisfacción y las dificultades económicas’. Mallory aboga por una serie de medidas económicas punitivas diseñadas para privar a Cuba de ‘dinero y suministros, reducir los salarios monetarios y reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno’”.
Más allá del embargo y sus sanciones, la designación de Cuba como Estado Patrocinador del Terrorismo (EPT) por parte de Estados Unidos contribuye a lo que Sandoval denominó la desesperanza y la desesperación del pueblo cubano. El efecto partidista de la designación de EPT fue iniciado por Ronald Reagan en 1982 por el apoyo de Cuba a grupos de izquierda latinoamericanos. Fue eliminada por Obama en 2015, reinstaurada por Trump en 2021, eliminada simbólicamente por Biden el 14 de enero de 2025, al final de su presidencia, y nuevamente reinstaurada por Trump el 20 de enero de 2025, al inicio de su segundo mandato.
Además de otras restricciones, la condición de país patrocinador del terrorismo prohíbe a las organizaciones de ayuda internacional estadounidenses, como Food for Peace y el Cuerpo de Paz, ofrecer asistencia humanitaria a Cuba. También le prohíbe recibir préstamos del Banco Mundial y otras instituciones financieras internacionales. Estos préstamos podrían utilizarse para proyectos muy necesarios, como la modernización de la obsoleta red eléctrica de la isla, que ha provocado múltiples apagones en todo el país durante los últimos dos años.
Además, como lo describe la Oficina de Washington para América Latina, el SSOT “tiene un efecto disuasorio sobre las empresas, incluidas las inversiones bancarias y de telecomunicaciones, que son cruciales para promover el tipo de transformación esencial para expandir la libertad en la isla”. Irónicamente, esta libertad (es decir, la apertura de oportunidades comerciales y económicas) es precisamente lo que Estados Unidos dice desear para el pueblo cubano. Y es esta falta de libertad, como afirmó Sandoval en la sombría conclusión de su entrevista con NPR, lo que le impide regresar a Cuba y lo dejará “muriendo soñando” con volver a casa.
Llegado este punto de la entrevista, lo que Scott Simon no dijo cobra tanta importancia, o incluso más, que lo que sí dijo. Se trata de que, en los dos últimos años de vida de Fidel Castro, un sentimiento de esperanza y, sí, de libertad, impregnaron Cuba.
La distensión de Obama en 2014 trajo esperanza a los cubanos. Si bien no supuso la revocación del embargo (que solo puede ser derogado por el Congreso), permitió la reapertura de la Embajada de Estados Unidos en Cuba y la Embajada de Cuba en Estados Unidos por primera vez en 50 años. El acercamiento de Washington permitió la reanudación de los vuelos comerciales y de correo directo entre ambos países, así como la flexibilización de las restricciones a las remesas. Esto, a su vez, permitió a los cubanoamericanos, al igual que a los inmigrantes de otros países, enviar dinero fácilmente a sus familias en la isla.