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29 de agosto de 2026

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Islandia se asoma a Europa con un referéndum que reabre el viejo dilema sobre entrar en la UE
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Islandia se asoma a Europa con un referéndum que reabre el viejo dilema sobre entrar en la UE

Los islandeses deciden si reabrir las negociaciones con Bruselas en un debate marcado por la soberanía nacional, la pesca y la creciente incertidumbre en el Ártico El contraste nórdico con la UE: por qué Islandia se acerca a Bruselas mientras Noruega no quiere abrir el debate El referéndum del 29 de agosto ha sido presentado por el Gobierno socialdemócrata de Islandia como una oportunidad de “ahora o nunca” para aceptar la posibilidad de entrar en la Unión Europea. Si gana la opción del “sí”, el Ejecutivo de Reikiavik reanudará las conversaciones con Bruselas, aunque la decisión de unirse formalmente a la UE requiere de un segundo referéndum que posiblemente se celebraría en 2028. Si, por el contrario, los islandeses (402.000 habitantes) optan por el “no”, el país nórdico mantendrá el statu quo dentro del Espacio Económico Europeo (EEE) y del espacio Schengen que les ha permitido beneficiarse de buena parte de las ventajas de la UE, pero sin voz ni voto en la mesa de decisiones de Bruselas. La relación del país de los volcanes, los glaciares y los géiseres con la UE ha tenido altibajos . Islandia solicitó el ingreso al bloque europeo en 2009 a raíz de una profunda crisis financiera. Pero el acercamiento duró poco, ya que la llegada al poder de una coalición de gobierno euroescéptica puso fin a las negociaciones en 2013. Más de una década después, el debate europeo volvió a abrirse en la política islandesa en 2024 con la formación de una nueva coalición de gobierno de centroizquierda que asumió el compromiso de retomar las negociaciones durante la legislatura. El mayor argumento de los defensores de la adhesión es que, en tiempos de incertidumbre económica y geopolítica que ha alcanzado de lleno las puertas del Ártico, la UE ofrece estabilidad y seguridad . Por su parte, en el bando del “no”, formado por la derecha nacionalista, los partidos más a la izquierda del Parlamento y el lobby pesquero, argumentan que la UE podría menoscabar la soberanía islandesa, especialmente en ámbitos tan cruciales como la pesca y la agricultura. A pocos días de la cita con las urnas, las encuestas dibujan una sociedad prácticamente partida en dos, con una ligera ventaja del “sí” (51,3%) sobre el “no” (48,7%). Una diferencia de apenas 2,6 puntos que deja el resultado completamente abierto y hace imposible a los expertos aventurar qué ocurrirá el sábado. Dilema entre la independencia y la integración total a la UE En los últimos meses, el escenario geopolítico en el extremo norte del Atlántico se ha vuelto más incierto que nunca tras las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de anexionarse la vecina Groenlandia, elevando la tensión en una región donde las potencias mundiales compiten entre ellas por el control y la influencia en el Ártico. En este escenario , Islandia es el único miembro de la OTAN que no cuenta con un ejército propio y cuya defensa depende, en buena medida, del acuerdo bilateral firmado con Estados Unidos en 1951. Sin embargo, la llegada de Trump a la Casa Blanca ha puesto en duda la solidez de esta garantía de seguridad en Reikiavik. En un informe en abril de este año, la ministra de Asuntos Exteriores, Þorgerður Katrín Gunnarsdóttir , escribió: “El sistema internacional con el que hemos convivido desde el final de la Segunda Guerra Mundial se tambalea”. La ministra añadió que una mayor cooperación con la UE era “una variable clave” para salvaguardar los intereses de Islandia. Hasta ahora, “los islandeses nunca habían visto la UE como una institución que tuviera algo que ver con la seguridad y defensa, pero ahora esto está cambiando”, reconoce el politólogo de la Universidad de Bifröst, Eiríkur Bergmann. Pese a ello, la convocatoria de la consulta del sábado es anterior a este giro en el panorama internacional y, durante la campaña, las cuestiones relacionadas con la defensa y la geopolítica han quedado en un segundo plano, mientras que la discusión se ha concentrado sobre todo en los argumentos económicos y la identidad nacional. Para el politólogo Bergmann, el debate sobre Europa tiene una dimensión existencial que trasciende cuestiones prácticas como la entrada en el euro o la pesca. En el fondo, sostiene Bergmann, la discusión gira en torno a “qué significa ser islandés después de décadas de independencia”, conquistada en 1944 tras siglos de dominio primero noruego y después danés: “Un argumento fundamental es que Islandia debe ser totalmente autónoma y no volver a someterse jamás a un dominio extranjero”, dice Bergmann, “pero por la otra parte, hay la voluntad de ser un país plenamente integrado en la comunidad internacional”. El control de la pesca, una línea roja El principal problema para una eventual adhesión a la UE sigue siendo la pesca y el control de los ricos caladeros islandeses, una cuestión que los partidarios del “no” han asociado directamente a la independencia nacional. Junto al turismo, la pesca es el pilar de la economía del país insular, ya que genera el 40% de las exportaciones, además de sostener buena parte de la actividad económica en las zonas costeras. En este sector, una mayoría teme que la adhesión a la UE provoque un daño irreversible al abrir los caladeros a las flotas pesqueras europeas: “La pesca no es simplemente un sector económico, es una línea roja identitaria” expone Bergmann. “Ningún gobierno de Islandia volvería de Bruselas sin un acuerdo que garantizara el control de los caladeros porque saben que la población no lo aprobaría de ninguna manera”, afirma el politólogo. Por otro lado, una ventaja económica que esgrimen los que quieren formar parte del bloque europeo es que abandonar la corona islandesa mejoraría la economía, ya que el euro es mucho más estable y ayudaría a controlar una inflación disparada de casi el 5,2% , el doble que en la UE, que hace de Islandia uno de los países europeos más caros donde vivir. Por último, Bergmann considera que “la UE está mucho más interesada en la adhesión de Islandia ahora que antes”, ya que su incorporación aportaría “ventajas geoestratégicas por sus intereses en el Ártico”. El experto apunta, además, que “tras el fracaso que supuso el Brexit, Bruselas está buscando un caso de éxito” que podría ser “la entrada al club europeo de un país próspero y con una democracia consolidada como Islandia”. Por otro lado, en caso de que saliera el “no”, “tendría pocas consecuencias inmediatas”, sostiene Bergmann, “aunque políticamente el gobierno saldría debilitado y el país quedaría más alejado de sus socios europeos”.

28 ago 2026
El enquistamiento del conflicto en Irán inflama los precios energéticos y propicia la peor cuesta de septiembre en años
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El enquistamiento del conflicto en Irán inflama los precios energéticos y propicia la peor cuesta de septiembre en años

Millones de hogares afrontan la vuelta al trabajo y al colegio tras las vacaciones de verano con la inflación en máximos de más de tres años y el Euríbor más alto desde septiembre de 2024 La subida del precio de los carburantes acelera la inflación al 4,3% en agosto, la más alta desde 2023 El enquistamiento de la situación en Irán, cumplidos seis meses desde el inicio del conflicto que según Donald Trump apenas duraría unas semanas , va a propiciar la cuesta de septiembre más dura en España desde la invasión rusa de Ucrania, en 2022. Millones de hogares afrontan la vuelta al trabajo y al colegio tras las vacaciones de verano con la inflación en máximos de más de tres años por el encarecimiento de la energía y el Euríbor en el nivel más alto desde septiembre de 2024. El índice de precios al consumo (IPC) se disparó en agosto al 4,3% , en máximos para este mes del año desde 2022, tras la invasión de Ucrania. La inflación en España está ya en el nivel más elevado desde febrero de 2023, impulsada por el encarecimiento de los carburantes. Evolución anual de la inflación en España Tasa de variación interanual del Índice de Precios de Consumo (IPC) desde 1985 Fuente: INE Es una de las consecuencias más evidentes de la guerra iniciada por Trump, cuya onda expansiva está afectando también a las cadenas de suministro globales o al precio de los fertilizantes, lo que unido a los efectos de la guerra en Ucrania y el calor extremo, está generando el caldo de cultivo para una crisis alimentaria global. Ya en julio la inflación en España fue del 3,6%, la más alta desde mayo de 2024, y el IPC del diésel se disparó más de un 15%, obligando al Gobierno a volver a elevar la rebaja fiscal a este combustible hasta los 20 céntimos por litro, frente a los 5 céntimos inicialmente previstos, al activarse la cláusula de salvaguardia del último decreto de ayudas por el conflicto en Irán aprobado en junio. En vísperas de que esa rebaja fiscal entre en vigor en septiembre, esta operación retorno de las vacaciones de verano es la más cara desde 2022. Los carburantes acumulan ocho semanas consecutivas de subidas . Desde junio, el gasóleo ha subido casi un 24%, y la gasolina, un 19,8%, según los datos del Boletín Petrolero de la UE publicados el jueves. Los combustibles están en el nivel más caro desde marzo, en un fin de semana para el que la Dirección General de Tráfico (DGT) prevé 6,9 millones de desplazamientos. Aquí puedes buscar las gasolineras más baratas de España con datos que se actualizan cada media hora. Mientras en Estados Unidos la gasolina ha vuelto a superar en agosto la barrera de los 4 dólares por galón, en la última semana el gobierno de Trump ha anunciado represalias económicas “sin precedentes” para quien comercie con Teherán. Estas pueden complicar aún más el suministro de energía tras meses de bloqueo del tránsito naval en el estrecho de Ormuz, el estratégico enclave por el que circulaba el 20% del petróleo y el gas natural licuado (GNL) que consume el planeta antes de la agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán. A mediados de agosto, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) volvió a empeorar sus previsiones de oferta y demanda de petróleo, al frenarse la recuperación de los mercados ante las nuevas interrupciones en Ormuz. El conflicto ha permitido a seis de las mayores petroleras europeas —BP, Shell, Eni, Orlen, Repsol y OMV— más que duplicar sus beneficios en el segundo trimestre, según cálculos de la ONG Transport & Environment (T&E). Ocho de las mayores firmas globales del sector han acumulado beneficios de más de 80.000 millones de euros en solo tres meses. España es uno de los seis países europeos que presiona a Bruselas para fijar un impuesto extraordinario a los beneficios del sector. La economía española ha soportado un extracoste de 8.800 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles por este conflicto, según el think tank CREA, que sitúa a nuestro país (sin producción de petróleo ni gas) entre los diez del mundo que han pagado una factura más elevada en sus importaciones de hidrocarburos por la guerra iniciada el 28 de febrero por Trump. Tras expirar el 17 de agosto el plazo de 60 días que se dieron EEUU e Irán en junio para negociar un acuerdo de paz, la cotización del petróleo Brent, de referencia para Europa, ha llegado a rondar los 95 dólares por barril, aunque en los últimos días ha dado un ligero respiro hasta el entorno de los 85 dólares. Lejos, en cualquier caso, de los 118 dólares que llegó a alcanzar en abril. Más compleja es la situación en el mercado del gas. El precio de referencia para Europa (conocido como TTF) ha coqueteado en la última semana con los 70 euros por megavatio/hora (MWh), un nivel que ya alcanzaron en marzo aunque al cierre no cotizan en ese nivel desde enero de 2023. Los futuros para los próximos meses se mantienen en niveles parecidos hasta primavera. Los almacenamientos en Europa no llegan al 64%, el nivel más bajo para estas fechas (cuando se recargan de cara al invierno) desde 2009, y muy por debajo del 80% de media de los últimos cinco años. En España el llenado alcanza el 73%, frente a otros mucho más rezagados como Países Bajos (45%) y Alemania (51%), según datos de Gas Infrastructure Europe (GIE). En el trasfondo está el alargamiento del conflicto en Irán y esa “volatilidad de precios” esgrimida por el Gobierno para justificar la reciente prórroga hasta 2030 de la licencia de la central nuclear de Almaraz (Cáceres), aprobada en pleno agosto. Contagio a la luz La escalada del precio del gas tiene un impacto directo en la factura eléctrica, que además soporta una mayor fiscalidad tras finalizar en junio la rebaja temporal del IVA al 10% (el impuesto volvió al tipo general del 21%) y del Impuesto Especial sobre la Electricidad (IEE), que pasó del 0,5% (el mínimo legal permitido por la Unión Europea) al habitual 5,11%. En los primeros meses del conflicto, España estuvo mejor protegida que otros países europeos de las subidas del gas gracias a las renovables, que permitieron recortar unos 10 euros al mes el recibo de la luz, según estimó en junio el think tank Ember. CREA calcula que España es el segundo país que más ha ahorrado en su factura energética en este conflicto (más de 1.750 millones de dólares) gracias a la fotovoltaica y la eólica instaladas desde 2020. Pero este verano el contagio del gas a la luz está siendo inevitable: hay menor aportación eólica (habitual en los meses estivales), una demanda al alza por las sucesivas olas de calor y más uso de un gas mucho más caro para generación eléctrica. Ya en julio este combustible disparó su aportación hasta situarse como segunda fuente del mix eléctrico (20% del total) tras la fotovoltaica. En agosto su peso ha crecido hasta su nivel más alto del año. El mes va a cerrarse con los precios del mercado mayorista eléctrico en a 120 euros/MWh de media, con una fuerte subida respecto a los 68,45 euros/MWh de hace un año. Agosto de 2025 fue el más barato desde la pandemia de 2020. Las estimaciones apuntan a una subida superior al 20% en la factura final de agosto para los consumidores con el precio voluntario al pequeño consumidor (PVPC). Este mes la tarifa semirregulada ha registrado precios superiores a 340 euros/MWh en las horas más caras (entre las 10 y las 11 de la noche), según datos de Red Eléctrica. Los contratos en el mercado libre (la mayoría) también irán subiendo conforme se vayan renovando (suelen tener una vigencia de un año). Los precios del pool este agosto, con enormes diferencias entre las horas de más producción solar (las más baratas) y el resto (picos superiores a los 200 euros/MWh), llegan tras situarse en julio en unos 104 euros. Los futuros de Omie apuntan a que van a quedarse en torno a 120 euros/MWh lo que queda de año. Están en el nivel más caro desde octubre de 2022. Entonces Europa estaba en plena crisis energética tras la invasión de Ucrania, que llevó la cotización del gas a niveles disparatados, catapultó la inflación española por encima del 10% y forzó la denominada solución ibérica para evitar ese contagio del gas a la luz. Esa herramienta, que propició la reforma del PVPC para hacerlo menos sensible a las variaciones horarias del pool, ya no está disponible, y a los caros precios de estas semanas se suma el efecto en las facturas de la denominada operación reforzada (con más uso del gas) que Red Eléctrica aplica desde el histórico apagón del 28 de abril de 2025. Este sobrecoste se paga aparte del precio mayorista. REE ha limitado su impacto a unos 666 millones en su primer año de aplicación. Hipotecas más caras La inflación también está presionando al alza sobre el Euríbor. El indicador al que están referenciadas la mayoría de hipotecas ha llegado a superar en agosto la barrera del 3% en tasa diaria por primera vez desde septiembre de 2024. Cerrará el mes en torno 2,95%, su máximo desde entonces, aunque lejos del 4,14% que llegó a alcanzar en septiembre de 2023. El comparador financiero Helpmycash estima que la cuota de una hipoteca variable media de 150.000 euros a 25 años con un interés del 1% que revise anualmente subirá de 720 a 788 euros; un incremento mensual de unos 68 euros (más de 800 euros al año). Y si la revisión es cada seis meses, las mensualidades aumentarán de 727 a 788 euros; unos 59 euros más al mes y más de 350 euros más al semestre. Durante buena parte de 2025 y comienzos de 2026 la expectativa era de descenso de los tipos y abaratamiento progresivo de las hipotecas. Pero el Euríbor se aleja cada vez más de los niveles de comienzos de año, cuando estaba en torno al 2,2% y los mercados todavía contemplaban un escenario de estabilidad o incluso bajadas de tipos. El Banco Central Europeo (BCE) tiene ahora el tipo de referencia en 2,25%, pero el mercado descuenta una probabilidad muy elevada de una subida de 25 puntos básicos en septiembre. El precio del dinero quedaría fijado en el 2,5%, nivel que no alcanzaba desde marzo de 2025, y se traducirá en hipotecas más caras en un momento en el que el acceso a la vivienda se ha puesto imposible para muchas familias españolas. La alemana Isabel Schnabel, principal exponente del ala dura del BCE (los denominados halcones), ya ha advertido esta semana de que considera necesario continuar con las subidas porque la inflación sigue demasiado elevada. En julio, los precios energéticos de la eurozona ya subieron un 10,3% interanual. España registró una inflación del 3,9% en términos armonizados, una de las más altas de la zona euro. En agosto, según los datos avanzados este viernes por Estadística, esta cifra se aceleró al 4,5%.

28 ago 2026