CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El embajador de la República Popular China en México, Chen Daojiang, calificó la reunión entre los líderes Donald Trump y Xi Jinping como un “hito histórico” que abre una nueva etapa en las relaciones las potencias y manda un mensaje de estabilidad en medio de la incertidumbre.
Entre 13 y 15 de mayo últimos, Donald Trump realizó la primera visita oficial de Estados Unidos a China en nueve años. Fue el segundo encuentro cara a cara entre ambos mandatarios tras la Cumbre de Busan, en octubre del 2025 en Corea del Sur.
En el encuentro el presidente Xi Jing cuestionó a su homólogo sobre el papel que la relación entre ambos países tendrá en la redefinición del orden mundial, con interrogantes orientadas asumir la responsabilidad de las repercusiones globales de sus decisiones.
Al respecto, el embajador Chen Daojiang dijo que los líderes respondieron de forma positiva y la reunión produjo “resultados contundentes y sustanciales, alcanzando amplios consensos pragmáticos”.
El resultado político más importante de esta reunión fue que ambos jefes de Estado acordaron establecer una nueva definición para las relaciones bilaterales, basada en cuatro pilares: el intercambio y la cooperación, la convivencia sana con límites, el manejo adecuado de las diferencias y la coexistencia pacífica.
“La comunidad internacional ha acogido positivamente esta nueva definición de las relaciones bilaterales, considerando que fortalecerá la confianza global y creará condiciones más favorables para la cooperación internacional”, afirmó el embajador de México en China.
Asimismo, destacó que ambas partes acordaron en principio discutir un esquema de reducción recíproca de aranceles sobre productos equivalentes por un monto de 30 mil millones de dólares o más para cada parte.
Pese a los consensos alcanzados, durante la reunión, el presidente Xi Jinping advirtió: “Si la cuestión de Taiwán no se maneja adecuadamente, ambos países podrían verse abocados a confrontaciones, incluso conflictos”.
En el encuentro, China enfatizó que Estados Unidos no debe apoyar las actividades separatistas encaminadas a la independencia de Taiwán, y que todos los países deben adherirse estrictamente al principio de una sola China.
Taiwán, isla ubicada frente a las costas de China, es el centro de fabricación más importante de chips semiconductores, que se venden a todo el mundo, lo que la convierte en una pieza clave de la industria tecnológica global.
Pese a contar con un gobierno propio, China considera a Taiwán como una provincia separatista desde 1949, cuando tras la Revolución de Xinhai los partidarios comunistas de Mao Zedong derrotaron a los nacionalistas de Chiang Kai Shek. Los nacionalistas se establecieron en Taiwán y obtuvieron el apoyo del gobierno estadunidense para mantenerse.
Desde entonces, las tensiones entre China y Taiwán han sido una constante, con eventuales acercamientos y momentos de mayor crispación. Estados Unidos, pese a no reconocer formalmente a Taiwán como país, ha sido el mayor proveedor de armas de la isla. Incluso está obligado por sus propias leyes a proporcionar a Taiwán los medios para defenderse.
Sin embargo, tras el reciente encuentro, Trump puso en duda la aprobación de un paquete de asistencia militar a Taiwán valorado en 14 mil millones de dólares y pendiente desde principios de año.
Durante la reunión, Xi Jinping planteó la interrogante sobre si China y Estados Unidos lograrán evitar la trampa de Tucídides, una teoría geopolítica que describe el riesgo de conflicto cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a la que ocupa la posición dominante.
Al respecto, el mandatario chino expresó la importancia de una relación bilateral constructiva, que logre brindar estabilidad a un mundo dividido por conflictos en diversas regiones.