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17 de agosto de 2026

San Martín: una niñera guaraní en Yapeyú, la revolución francesa y el sueño de emancipar América

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El Libertador y la cordillera de los Andes, por Pablo Blasberg.

Chogüí amaba las aves. Imitaba sus cantos tocando la flauta en un claro de la selva. Ellas respondían con la melodía de sus trinos. Un día un picaflor se acercó desesperado. Sus pichones estaban en lo alto de un árbol invadido por “hormigas asesinas”. El niño corrió en su auxilio. Trepó al árbol y llegó hasta el nido, que dejó caer sobre la hierba. Las crías se salvaron, pero las hormigas aguijonearon su cuerpo: Chogüí cayó al vacío y murió. Todas aves del bosque rodearon el cuerpo y lo cubrieron de flores de color azul, las favoritas del niño. También pidieron a Tupá, creador de la luz y el universo, que lo salvara. De la montaña de flores levantó vuelo un pájaro azul cantando “chogüí, chogüí”, que desde entonces juega en los naranjales del Litoral y se confunde con el cielo.

Probablemente Rosa Guarú contará esta leyenda guaraní a José Francisco, que al igual que Chogüí, amaba a las aves y a su canto. José era el menor de cinco hermanos y había nacido allí, en Nuestra Señora de los Tres Reyes Mayos de Yapeyú, hoy provincia de Corrientes, el 25 de febrero de 1778, hijo del capitán del ejército español Juan de San Martín y Gómez y de Gregoria Matorras.

Rosa era la niñera de José. Fue ella quien entre cantos, historias y cuidados lo acompañó en sus primeros pasos. También quien le enseñó la lengua de su pueblo, que tanto se parece a la música. El futuro Libertador de América se interesó así por los guaraníes, se acercó a la naturaleza sin intentar conquistarla, se alimentó de aquellos cuidados maternales.

“Rosa Guarú era guaraní e influyó en el interés de San Martín por los pueblos originarios, por su cultura, y va a tener siempre un gran respeto por ellos”, contaba hace unos años a la antigua agencia de noticias estatal Telám el historiador Felipe Pigna, destacando el papel que jugó aquella mujer india en los primeros años de vida del Padre de la Patria.

“Además de su importancia en la primera educación, de su pertenencia a los pueblos originarios, Rosa fue quien le enseñó a San Martín a distinguir el canto de los pájaros, a conocer la lengua guaraní, y todo eso quedó grabado en él para siempre”, agregaba.

Rosa Guarú, incluso, pudo haber sido la verdadera madre de San Martín. Al menos eso creen algunos historiadores. “Es una hipótesis que no se puede confirmar sin un ADN, pero que circuló con mucha fuerza en los años 90 y se basa en las revelaciones de Joaquina de Alvear, hija de Carlos María de Alvear, quien decía que era la sobrina de San Martín”, detalló Pigna.

Según el investigador “estos dichos dan a entender que tanto Carlos de Alvear como San Martín eran hijos de Diego de Alvear, quien efectivamente pasó por Yapeyú en aquellos momentos, un año antes de que naciera San Martín, por lo que hay algunos indicios de que pudiera ser hijo de Diego de Alvear y Rosa Guarú. Llama la atención también que el único San Martín que tiene niñera estando en Yapeyú sea José”.

Después de un breve paso de un año por Buenos Aires, donde José tuvo una primera escolarización, los San Martín parten hacia España. José Francisco tenía sólo cinco años y pronto seguirá los pasos de su padre.

La familia se instala primero en Madrid, luego en Málaga. El 15 de julio de 1789, al día siguiente de que en París estallara la Revolución Francesa, es aceptado como cadete en el Regimiento de Infantería de Murcia.

“A los 11 años ingresa al Ejército, algo que era habitual para la época”, comenta Pigna, y agrega que “ya a los 13 está combatiendo en Argelia y Marruecos, posesiones españolas en el norte de África, donde integró el cuerpo de Granaderos, que eran quienes manejaban los explosivos, las granadas”.

Pertenecer al cuerpo de Granaderos era voluntario, ya que sus misiones eran muy arriesgas. San Martin recibe los primeros ascensos y reconocimientos. Será ascendido a teniente coronel y condecorado con la medalla de oro por su actuación en la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808. “Permanecerá como granadero hasta los 15 años, demostrando mucho coraje, destacándose entre sus compañeros”, subraya el autor de “Los mitos de la historia argentina”.

Pero Europa comenzaba a arder. Y la primera chispa se encenderá en París. “Para San Martín fueron muy importantes las ideas de la Revolución Francesa, que conoce por su interés por la política. Él era un liberal en el buen sentido de la palabra, que en la Argentina nos suena un poco rara después de ciertas experiencias. Los liberales de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX era gente que adhería a los ideales de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución de 1789”.

San Martín tiene una especial admiración por Voltaire, lo que se nota en las recompras de su biblioteca”

Además, el Ejército español tiene un alto nivel de politización, que aumentará con la invasión francesa en 1808. “Esto a San Martín le permite, por ejemplo, estar un tiempo en Marsella, donde compra una gran cantidad de libros prohibidos en España por la Inquisición, libros de ideólogos de la Revolución como Voltaire, Rousseau o Montesquie”, enumera Pigna.

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17 ago 2026