El freno a la compra de gas ruso muestra que Estados Unidos dominará el mercado energético español en 2027
El mes de septiembre fue el primero en cinco años en el que España no recibió ni una molécula de gas procedente de Rusia, el que hasta ahora era el tercer suministrador más importante del país. La decisión corresponde exclusivamente a la política empresarial de las compañías gasistas, ya que la prohibición europea de comprar gas ruso no entrará en vigor hasta el próximo 1 de enero, cuando será Estados Unidos quien tenga el control del suministro energético español. Ante el vacío de suministro que dejó Rusia el mes pasado, Washington ocupó su parte del pastel y los exportadores estadounidenses se encargaron del 48,2% del total de las entradas de gas natural en España, según cifras de Enagás, casi 20 puntos porcentuales más que en los 12 meses anteriores. Entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026, las importaciones procedentes de Rusia representaron el 14,2% del total, por detrás de Estados Unidos (35,2%) y Argelia (30%). La desaparición de Rusia del suministro español es extremadamente rara, más aún cuando Europa se enfrenta a un importante problema de abastecimiento energético de cara al invierno. Un vacío mensual como este no ocurría desde septiembre de 2021, y solo se ha registrado en dos ocasiones desde que Moscú pasó a ser un vendedor regular de gas a España en 2018. En todo caso, fuentes del sector explican que no se trataría de una cuestión regulatoria, sino de que las compañías compradoras pueden haber decidido revender sus cargamentos a terceros países –sin que lleguen a pasar por España– o haber recibido ya todos sus pedidos correspondientes a 2026. Naturgy es el mayor importador conocido en España de gas extraído en Rusia y tiene un compromiso de compra de 3.000 millones de metros cúbicos de gas al año, aunque otras tantas compañías internacionales se dedican a adquirir ese combustible y traerlo a la península, donde se consume o se reexporta a terceros países. "Es posible que estas compañías hayan decidido revender sus cargamentos y a otros países europeos o asiáticos, dependiendo de la diferencia de precio que haya entre el gas europeo y el asiático, y el coste de transportarlo", valora Dániel Stemler, periodista especializado en gas natural en el sur de Europa de Energy Intelligence. El sector energético español ya llevaba desde el mes de julio reduciendo gradualmente sus importaciones de gas desde la terminal Yamal LNG, ubicada en el norte de Rusia y que surte combustible mediante barcos a Europa central y occidental. Esta reducción paulatina, valoran fuentes del sector, podría responder también a que las empresas estarían adaptándose poco a poco a ese futuro mercado de 2027 en el que no podrán comprar ni una molécula a Rusia como represalia por la invasión de Ucrania. A cambio, España registró entre enero y junio un pico de importación de gas ruso que situó al país como el mayor comprador del continente, arrebatando el primer puesto a Francia. Los expertos llevan meses advirtiendo de que esa justificada ruptura con Rusia no debe suponer que Estados Unidos ocupe su puesto, ya que ese cambio volvería a dejar a la Unión Europea expuesta a la volatilidad de precios e incluso a una posible situación de chantaje diplomático, como ya ocurrió con Moscú. Una de las metas de la Comisión Europea tras la crisis energética de 2022 ha sido diversificar el abastecimiento para minimizar esa exposición, pero en el primer semestre del año solo cuatro países (Noruega, Estados Unidos, Rusia y Argelia) representaron casi el 90% de las compras de gas del bloque. Un estudio publicado el pasado mes de enero y realizado por tres centros de estudios europeos ya alertó de que el mercado del gas europeo iba camino de volver a caer en el mismo error que cometió durante la década pasada, dando demasiado protagonismo a Estados Unidos. Calcularon que en 2019 este país suministró el 18,8% del gas natural licuado (GNL), el que se transporta por barco, que compró el Espacio Económico Europeo (EEE, que incluye la Unión Europea más Islandia, Noruega y Liechtenstein). Ese porcentaje se disparó desde entonces año tras año y, al cierre de 2025, Estados Unidos representó el 61,4% de todas las importaciones. "Todo el mundo ve que la Administración Trump está chantajeando descaradamente a Europa con Groenlandia. No hay razón para suponer que no querrían explotar la vulnerabilidad de Europa a las importaciones energéticas", advirtió entonces Raffaele Piria, investigador principal del Ecologic Institute e impulsor de la investigación. Lo que sí parece que surtirá efecto es la ruptura total con el suministro ruso. Isaac Levi es investigador del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA, por sus siglas en inglés) y lleva desde 2022 estimando los ingresos que reciben las compañías rusas con la venta de combustible a Occidente. Explica que la UE ha adquirido casi la mitad (el 48%) de las exportaciones de GNL de Rusia desde diciembre de 2022, de manera que ha sido un comprador clave –el más importante– y que recolocar esa cantidad de gas en otras regiones hundirá su precio, afectando duramente a los ingresos de las compañías rusas y a la recaudación que recibe el Kremlin en forma de impuestos. "Sustituir a los compradores europeos resultará difícil y supondrá rutas mucho más largas y mayores costes de transporte. Además, esto da a China ventaja en materia de precios: al tener menos compradores entre los que elegir, Rusia se ve presionada a ofrecer importantes descuentos, como lo demuestran los cargamentos del proyecto Arctic LNG 2 [uno de sus puertos de licuefacción y exportación de gas] que se vendieron a China a precios entre un 30% y un 40% inferiores a los del mercado", afirma a infoLibre.

