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Nevaco Global
8 de septiembre de 2026

En Ronda de Corresponsales analizaron la crisis de la industria automotriz y el avance de China

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La industria automotriz europea atraviesa una etapa de fuerte presión por el aumento de los costos, las regulaciones ambientales, los aranceles y el avance de los fabricantes chinos. El anuncio de una reestructuración en Jaguar, con miles de puestos de trabajo en riesgo, volvió a exponer las dificultades que enfrenta uno de los sectores industriales históricos del continente.

En Ronda de Corresponsales, por +Perfil, Marcelo Justo, corresponsal de Reino Unido, señaló que la situación de Jaguar está vinculada tanto con la crisis global como con los aranceles de Donald Trump. A partir de allí, el debate incorporó la pérdida de competitividad europea, la expansión de China y el impacto que estas transformaciones tienen también sobre mercados como Brasil y Argentina.

Marcelo Justo explicó que Jaguar anunció un plan de ahorro y reestructuración en un contexto marcado por la crisis global de la industria automotriz y el impacto de los aranceles estadounidenses. La marca pertenece al grupo indio Tata y cuenta con unos 44.000 trabajadores, de los cuales alrededor de 34.000 están en el Reino Unido.

Según Justo, por esa distribución laboral el Reino Unido será uno de los principales afectados por la reducción de costos de la compañía. Además, señaló que el mercado de la Unión Europea es el principal destino comercial de Jaguar, seguido por Estados Unidos.

El corresponsal recordó que los aranceles estadounidenses para el sector automotor británico habían llegado inicialmente al 27% y luego fueron reducidos al 10%. Sin embargo, sostuvo que el impacto continúa siendo importante por el nivel de competencia existente en el mercado internacional.

Justo también vinculó la crisis de Jaguar con el programa de reindustrialización del gobierno laborista. Según explicó, el Ejecutivo no prevé por el momento un rescate específico para los trabajadores afectados, aunque evalúa modificaciones en sus objetivos ambientales.

El corresponsal señaló que el Gobierno había establecido como meta que en 2030 el 80% de los vehículos de las compañías automotrices fueran eléctricos, dentro de su estrategia de reducción de emisiones. Ahora, según indicó, se analiza reducir ese objetivo al 50%.

Justo agregó que esta posibilidad podría generar una discusión interna dentro del laborismo, ya que implicaría revisar compromisos ambientales que formaron parte del programa con el que el partido ganó las elecciones de 2024.

También señaló que habrá un diálogo entre Gobierno, empresa y sindicatos para analizar alternativas. Entre ellas mencionó los retiros voluntarios, que suelen utilizarse en el Reino Unido para evitar despidos masivos.

La discusión sobre Jaguar derivó en un análisis más amplio sobre la pérdida de competitividad de la industria europea. Justo sostuvo que Europa está perdiendo peso económico y capacidad de influencia frente a un escenario internacional cada vez más condicionado por Estados Unidos y China.

El corresponsal vinculó esa pérdida de gravitación con las negociaciones comerciales, la política arancelaria de Trump y las dificultades para avanzar en acuerdos como el que vincula a la Unión Europea con el Mercosur.

En ese punto, Eleonora Gosman, corresponsal de Brasil, planteó que China está incrementando su presencia en América del Sur y que Europa podría estar perdiendo oportunidades comerciales. En particular, cuestionó las demoras alrededor del acuerdo con el Mercosur y el riesgo de que otros actores ocupen ese espacio.

Gosman sostuvo que Brasil representa un mercado de gran magnitud y consideró que Europa tuvo la posibilidad de construir, junto con el Mercosur, una fuerza con mayor peso global. "La está perdiendo", afirmó al referirse a esa oportunidad.

El análisis sobre la industria automotriz continuó con Marcelo Molina, corresponsal de España, quien sostuvo que la crisis del sector no comenzó con los aranceles de Trump ni con la reciente expansión china. Para Molina, se trata de un proceso que se desarrolla desde hace años.

El corresponsal señaló que las regulaciones medioambientales europeas fueron incorporando nuevas exigencias sobre los vehículos y que eso elevó los costos de fabricación. Según explicó, los sistemas destinados a reducir las emisiones de los motores de combustión pueden representar entre 5.000 y 10.000 euros y llegar hasta 15.000 euros en determinados modelos.

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