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Nevaco Global
17 de mayo de 2026

Para De la Sota, no alcanza con cuestionar al Gobierno para ser parte de lo que viene

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Natalia de la Sota ya no parece hablar únicamente como una diputada opositora. En sus definiciones surgen reproches al Gobierno nacional y cuestionamientos a gobernadores y legisladores que acompañaron medidas oficiales. Por eso plantea una advertencia hacia el armado opositor de 2027: quienes apoyaron este modelo deberán explicar desde dónde pretenden construir una alternativa política para el tiempo que viene.

En diálogo con Perfil Córdoba, la dirigente cordobesa atribuye al oficialismo una decisión ideológica de excluir sectores sociales y sostiene que el desafío hacia adelante no será sólo la unidad, sino también la legitimidad y la consistencia entre discursos y acciones.

—¿Cómo debe reaccionar la dirigencia política ante una situación tan apremiante como la que viven millones de argentinos cotidianamente?

—Primero, tomando posición. Hay que ser claros respecto de lo que uno quiere y de lo que rechaza. Después, discutir qué modelo vamos a ofrecer. Además, hay que entender que atender a los sectores más vulnerados —porque yo digo “vulnerados”, no “vulnerables”— es una inversión y no un gasto. Quienes creemos que el Estado tiene obligaciones sostenemos que debe estar presente, ser eficiente y acompañar. Este Gobierno piensa lo contrario: entiende que el Estado debe ser cada vez más pequeño y alejarse de la vida de la ciudadanía. Ahí está nuestra enorme diferencia con el oficialismo. Este es un modelo que ajusta, descarta y deja afuera a quienes más necesitan. Beneficia a sectores más poderosos con la idea de que algún día llegará el derrame. Ese derrame nunca llega. La dirigencia política, social y sindical tiene la responsabilidad de pensar una propuesta seria para la Argentina: un Estado eficiente, políticas sostenidas en el tiempo y acuerdos sobre cuestiones básicas como salud, trabajo, industria y educación.

—Entonces, ¿hay una mala praxis del Gobierno nacional o existe una intencionalidad deliberada de “descartar” personas?

—Yo entiendo que sí hay una intención. Cuando el presidente dice que la justicia social es una aberración, está marcando una visión ideológica. No creo que las cosas salgan mal por error; creo que existe la convicción de que así debe ser. Las políticas benefician a quienes más tienen y dejan afuera a quienes menos tienen. Es una mirada filosófica e ideológica. Lo vimos desde el inicio con la Ley Ómnibus, el ajuste a jubilados, discapacidad, universidades, ciencia, tecnología e industria nacional. Nunca escuchamos hablar de producción, trabajo o industria. Mientras tanto, con la apertura de importaciones, la industria argentina se derrumba. Y eso implica pérdida de empleo genuino. En lo personal, en pocos días conocí varias familias cercanas donde ambos adultos quedaron sin trabajo. Esa pequeña muestra refleja algo mucho más amplio. Es dolorosísimo imaginar a una madre o un padre buscando empleo mientras cierran pymes.

—¿Cree que, en este panorama de recesión económica, hechos de corrupción que salen a la luz e incumplimiento de leyes como la del financiamiento universitario, puede verse afectada la gobernabilidad del presidente?

—Espero que no. Uno nunca desea que se afecte la gobernabilidad. Lo que sí deseo profundamente es que el Gobierno escuche lo que está pasando. Por eso hemos pedido la interpelación al jefe de Gabinete, porque el Poder Legislativo tiene la potestad constitucional de exigir explicaciones políticas. No se trata de juzgar, porque no somos el Poder Judicial, sino de pedir respuestas sobre por qué no se cumple la ley de financiamiento educativo, por qué no se cumple la ley de emergencia en discapacidad o por qué se llevan adelante recortes tan profundos en salud y educación. Tenemos derecho a pedir esas explicaciones y la obligación de hacerlo. Incluso existen herramientas como una moción de censura. El Congreso debe ejercer plenamente esas facultades.

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—¿Hay un mecanismo extorsivo del Gobierno nacional hacia las provincias que termina condicionando el accionar de diputados y senadores?

—Es muy posible que exista. Creo que una voluntad conjunta de los gobernadores para poner límites podría cambiar la realidad. Desde la aprobación de la Ley Bases o la falta de rechazo al DNU 70/2023, hubo acompañamientos que permitieron avanzar políticas de ajuste muy duras. Evidentemente hubo apoyo o acuerdo con determinadas medidas. Por eso insisto en la responsabilidad de gobernadores, diputados y senadores. La ciudadanía no tiene obligación de comprender cada medida en profundidad, pero nadie puede negar que quienes ocupaban cargos institucionales sabían las consecuencias de lo que votaban.

“Coherencia”. Aun evitando ubicarse como figura de síntesis, De la Sota deja entrever una estrategia no tan orientada a ocupar un lugar inmediato, sino a instalar una condición previa: la coherencia como capital político. Las definiciones personales quedan en suspenso, aunque alrededor suyo ya circulan proyecciones que van desde una eventual disputa por la gobernación de Córdoba hasta un lugar en una fórmula presidencial.

—¿El gobernador Martín Llaryora tendrá que hacer una autocrítica para construir algo en conjunto?

—Cada uno verá qué camino sigue. Lo que observo es que hay reclamos que se hacen en los medios o en las redes sociales, pero a la hora de votar determinadas leyes o frenarlas en el Congreso, eso no ocurre. Lo que vengo reclamando es coherencia. La gente necesita saber qué pensamos y hacia dónde vamos. Puede coincidir o no con nosotros, pero necesita claridad para sentirse representada. Los reclamos tienen que ir acompañados de hechos concretos. Y quienes estamos en el Congreso tenemos una herramienta concreta: levantar la mano y decir que no.

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—¿Siente que puede ser un factor aglutinante para reunir sectores del justicialismo y de la oposición en general, de cara a 2027?

—Sería muy soberbio decir que soy un factor aglutinante. Lo que sí tengo es voluntad, predisposición y ganas de aportar. Mi principal aporte ha sido sostener una postura durante todo este tiempo. Creo que van a encontrar en mí y en quienes integramos Defendamos Córdoba la voluntad de construir una síntesis política y social entre quienes pensamos que este modelo perjudica a la Argentina y necesitamos otro camino. Eso requiere mucha generosidad política, voluntad genuina y compromiso con el futuro.

—De cara al armado político que viene, ¿dónde se sentiría más cómoda: en la provincia o a nivel nacional?

—Creo que uno puede trabajar en distintas dimensiones mientras observa cómo evoluciona la política. Quiero aportar a nivel nacional y también hacer crecer Defendamos Córdoba, ganar espacio, expresar nuestras prioridades y nuestras convicciones. Tenemos una mirada muy crítica sobre el rumbo actual y creemos necesario construir algo distinto. Hay que estar preparados para todas las batallas, en el buen sentido.

—¿Apoya la conformación de un frente transversal que pueda enfrentar el actual modelo?

—El principio rector de cualquier frente debe ser la coherencia y las coincidencias. El amontonamiento y la desesperación por fórmulas ganadoras ya los vivimos; después hay que gobernar. Quienes acompañaron hasta ayer políticas de este Gobierno deberán demostrar si realmente quieren integrar una síntesis política distinta. No soy quién para decir “este sí” o “este no”. Pero sí creo que tenemos que ser inteligentes y conscientes de qué queremos construir. Lo que debe unirnos es la coherencia, un concepto muy difícil de encontrar en la política.

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