A Juan Carlos Monedero le pregunto, entre otras cosas, en esta entrevista, si tiene la sensación de sentirse un tanto transterrado, como les ocurriera en otras circunstancias a los republicanos del exilio.
Al profesor Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, ya no lo encontramos como articulista en los medios de información de nuestro país desde hace algún tiempo, a partir del -según sus palabras- “aquelarre que le montaron en todos los medios de España por unos supuestos comentarios en clase”. Ahora, para leer sus artículos o escuchar sus vídeos, hay que buscarlos en la otra orilla, como si se sintiera más implicado en la política en América Latina que en la, por otro lado, cansina actualidad política española. Le pregunto si tiene la sensación de sentirse un tanto transterrado, como les ocurriera en otras circunstancias a los republicanos del exilio, y me dice que cree que puede ayudar en América Latina porque hizo cosas en España y “además soy europeo, lo que me da una mirada que puede ser útil aquí" (nos responde estando en Ciudad de México). No obstante, aunque nos diga que en enero se incorporará a sus clases en la Universidad Complutense de Madrid, la primera pregunta parece obligada:
Félix Población | ¿Tratas de curarte en esa América de lo que te duele de España?
Juan Carlos Monedero | América siempre es un lugar donde nosotros, gente de la Iberia crítica, podemos continuar la lucha como si fuera la misma. Aquí llegaron los republicanos españoles después de la guerra, a seguir la pelea enseñando, fundando editoriales, abriendo tiendas, trabajando, luchando. En México, en Colombia, en Venezuela, en Argentina pienso y sueño en castellano, en español como dicen por aquí, y es una manera de quitarme el “dolor” de España, ese que nos quiere regresar de tanto en cuanto la España que fusiló a Lorca y le quemó los libros a Don Quijote. En Alemania nunca me sentí en casa. En Latinoamérica sí.
De tu último libro (Menos realidades y más promesas. El error de la izquierda, los monstruos del fascismo y el partido-movimiento, Fondo de Cultura Económica, 2025) dices que quiere ser el más sincero de los que has escrito, porque bebe de la teoría y de la práctica, muchas veces derrotada, en América Latina y en Europa. ¿Cuáles son esas teorías y prácticas y por qué eso lo puede hacer más sincero?
Nadie podría explicar el sistema político de Marruecos con la Constitución de Marruecos. La realidad es más colorida que el gris de la teoría. Y lo que explicamos en la academia no siempre se parece a la realidad. Y cada vez más conforme los profesores renuncien a disturbar a los alumnos para evitarse problemas. Esto es válido para cualquier país, porque la Universidad es un espacio de reproducción del sistema. Cuando sucede un “error”, como fue Podemos, se activan los anticuerpos. La crítica permitida no puede ser más que un placebo. Si vas más allá, no te olvides de lo que le pasó a Gramsci. Los académicos tienen miedo de decir que la democracia española es deficiente, porque creen que eso les hace perder neutralidad. En cambio, decir lo contrario ¿acaso es hacer ciencia? Recuerdo una discusión con un catedrático que me dijo que yo no podía hacer ciencia del 15M porque había participado de las protestas. A lo que le contesté: ¿y tú puedes explicar el Parlamento y el funcionamiento de los diputados votando al PSOE y al PP? Este libro es honesto porque ha pasado la teoría por el cedazo de la práctica en una decena de países y está escrito desde la derrota.
Escribes que la decadencia de Estados Unidos arrastra al mundo y que en frente, en el mundo de los BRICS (alianza política, económica y social formada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), falta mucha cultura democrática. Dices que América Latina tiene una enorme responsabilidad para llevar al nuevo mundo lo mejor del mundo que se está marchando. ¿Cómo y en qué medida?
A veces veo emoción pensando a los BRICS como si fuera ese nuevo mundo que no termina de nacer y va a librarnos de la hegemonía norteamericana y europea, o la ilusión de que la Rusia de Putin es un depositario de los valores que vio la izquierda en la URSS. Los BRICS no tienen la consistencia ideológica y cultural que tiene el mundo occidental, además de que los valores de sociedades como Irán o China no se corresponden con los valores de la Ilustración que, para nosotros, son virtuosos (los derechos de las mujeres, la libertad de culto, la separación iglesia y Estado, la libertad de expresión, de reunión, etc.). La geopolítica no va de ideologías, va de intereses, y hay que diferenciar. Lo que es cierto es que el viejo mundo se está marchando y ni Europa tiene la influencia que tuvo en América, África o Asia, ni EEUU es la única potencia global, como reconoce el propio Trump en la Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre de 2025. No nos olvidemos que todo lo que está haciendo EEUU es para frenar a China. En lo que va a fracasar. Mi pregunta es ¿quién puede llevar lo mejor del viejo mundo -el Estado de derecho, la democracia, las libertades individuales- al nuevo? Seguramente será una tarea de la Europa antifascista y de la Latinoamérica antiimperialista en diálogo con las potencias emergentes, entre ellas China, que tendrá que ir asumiendo algunos de esos valores conforme sus tiempos así se lo den a entender.
Alguien escribió que todos somos Gaza, por lo que representa el poder sionista aliado a la Casa Blanca, con posibilidad de secuestrar presidentes en repúblicas no sumisas al imperio, perpetrar genocidios contra el pueblo palestino o contra el pueblo cubano. ¿Cómo crees que evolucionará la situación en Oriente Medio o en qué pararán, si paran, las pretensiones de Trump con respecto a sus afanes imperialistas en Cuba?
Todos los analistas, incluidos padres relevantes de la doctrina Neocón, como Robert Kagan, asumen que EEUU ha perdido la guerra contra Irán. Ese error táctico puede acelerar el declive norteamericano, que ha perdido en Gaza cualquier tipo de respeto moral del mundo, salvo el de presidentes lacayos que se comportan como traidores a sus propios países. Y te hago una predicción: no pocos de esos presidentes que están en el Escudo de las Américas terminarán en la cárcel, como pasó con los invitados por Felipe González a la primera Cumbre de las Américas. Trump es un imbécil por los cuatro costados, desde cuando hace que retiren una tarjeta roja a un jugador norteamericano hasta cuando revienta el orden mundial con bombas, algoritmos, amenazas y aranceles. Hemos escuchado a Trump decir que quieren acabar con el Tribunal Penal Internacional con el único objetivo de ayudar a Netanyahu. Cualquier demócrata del mundo hoy desprecia a los EEUU por el genocidio en Gaza, por su bravuconería global, por su falta de modales y de límites. La amenaza a Cuba, el cerco medieval intolerable al que está sometiendo a la isla o la estupidez de decir que es la capital del terrorismo mundial lleva a que la ciudadanía latinoamericana esté sintiendo lo mismo que ha sentido Europa con Gaza. Hasta una persona moderada como Lula ya ha entendido lo que está pasando, algo que nunca entendieron otros como Boric en Chile o esa izquierda española que estaba más cerca de Trump que de Venezuela.
Hablando de Venezuela. ¿Está la que se sigue llamando República Bolivariana de Venezuela bajo la gobernanza ya de Estados Unidos, como se sostiene desde círculos afines al chavismo, o no le cabe otra al gobierno de la presidenta encargada, cuyas promesas de devolver a Maduro a Miraflores se han ido esfumando a medida que la Casa Blanca dicta sus pretensiones?
Venezuela es a día de hoy un protectorado imperfecto donde unos y otros pretenden imponer su visión de lo que está pasando para justificar su posición. Trump presenta a Venezuela como su gran logro y, la verdad, les está robando el petróleo y los minerales, no quita las sanciones al país, no les devuelven CITGO y parece que no hay ni una sola decisión económica en Venezuela que no la apruebe previamente Marco Rubio o Wright, el secretario de Energía. Por su parte, el gobierno de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, libró al país de un muy probable bombardeo sobre población civil, evitó una muy probable guerra civil y, seguramente, se libraron ellos mismos de una “decapitación” como la que hemos visto que ha sufrido la dirigencia iraní. Pero la derecha global anda enfadada. Creyeron que María Corina Machado iba a ser la presidenta e iban a tener su parte del pastel, pero Trump sabía que un gobierno de esa señora implicaba repartir el botín, la desestabilización del país y una enorme dificultad para concretar el robo del petróleo. Trump siempre ha dicho que no quería otro Irán. Por parte de la izquierda hay quejas. Son quienes vieron en Venezuela el faro del antimperialismo y que hoy ven ondear la bandera de los EEUU o a genocidas israelíes tomando café en Caracas. Hablan incluso de traición a Chávez y a Maduro. No quiero ser cínico, pero ¿qué han hecho en sus países los que pedían al chavismo inmolarse? Es verdad que no hemos visto escenas de heroísmo en la dirigencia chavista como las que protagonizaron Allende, Sandino, Fidel o el Che. Venezuela hace siglos que no es amiga de esas gestas y yo no se lo reprocho. Pero ¿habría servido para algo? Delcy Rodríguez, al tiempo que está tragando sapos incomestibles, ha recordado su compromiso con Chávez, con el estado comunal, con la soberanía nacional, con su padre asesinado, pero siguen teniendo la bota gringa en el cuello. Ganar tiempo es hoy lo inteligente, aunque eso implique renunciar a la épica. El “por ahora” con el que Chávez se rindió en 1992 sirvió para que después pudiera gobernar el país. Los muertos gobiernan poco.
La Cuarta Transformación logró una sustitución virtuosa del liderazgo
Háblanos de México y de la actitud del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum con respecto a las relaciones con el vecino del norte. ¿Puede esta república seguir manteniendo sin sobresaltos su exitosa política de la Cuarta Transformación, iniciada con la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, sin que la Casa Blanca entorpezca más allá de lo hasta ahora observado en ese proceso?
La Cuarta Transformación, como cuento en el libro, ha logrado algo que no ha conseguido ninguna otra izquierda reciente en ningún lado: una sustitución virtuosa del liderazgo. Fracasó Cristina Fernández, Rafael Correa, Evo Morales, Gabriel Boric, Pablo Iglesias… La continuación de la 4T con Claudia Sheinbaum ha permitido algo que, desde mi punto de vista, es un ejemplo virtuoso de la reconciliación que propongo en mi trabajo de revolución, reforma y rebeldía. Me refiero a una reforma judicial donde es el pueblo el que elige a los jueces, lo que, en España, nos podría haber librado de los Marchena, Escalonilla, García-Castellón, Peinado, Pedraz y todos esos jueces cuyos nombres conocemos porque los vemos detrás del vaciamiento de nuestra democracia. Han sacado a más de 14 millones de personas de la pobreza, aumentado la educación pública, la salud pública, se ha puesto en marcha un sistema de pensiones, se han reducido las desigualdades, se han recuperado empresas públicas… La maldición de México es geográfica y se llama EEUU. De allí llegan las armas que pertrechan al narco y allí no frenan el consumo de drogas que desestabiliza a Colombia, a Ecuador o a México. Trump ha sacado a la izquierda del gobierno en Honduras, en Colombia y va a por Brasil y México. Pero no lo va a tener tan fácil porque, aunque cuenta con aliados (el bolsonarismo, el PRI, el PAN) también hay consciencia popular y una mayor experiencia política que faltó en Colombia y Honduras.