‘Solo en casa’ sigue siendo un clásico de la Navidad 36 años después.
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Mariah Carey entona 'It’s time!' y ya podemos guardar las calabazas: ¡ha empezado la Navidad! Al menos, la televisiva, donde noviembre tiene permiso para oler a turrón y un niño en pijama vuelve a demostrar que una familia puede acordarse de los billetes de avión y olvidarse de uno de sus hijos. Treinta y seis años después, seguimos preocupándonos más por Kevin que por la logística de los McCallister.
'Solo en casa' se estrenó en Estados Unidos el 16 de noviembre de 1990. Chris Columbus dirigía un guión de John Hughes que convirtió una negligencia familiar en fantasía infantil: pizza sin compartir, televisión sin límites y una mansión entera para hacer lo que te dé la gana. Hasta que llegan dos ladrones, eso sí. Aunque son ellos quienes deberían haber consultado las reseñas del alojamiento.
Macaulay Culkin tenía 10 años cuando le llegó el éxito. Después vinieron más películas, el agotamiento y una batalla familiar que los titulares resumieron como “emancipación”. Él lo matizó en Esquire: retiró a sus padres del control de su fondo y nombró a un administrador. Sobre las drogas, reconoció consumos pasados, pero negó haber necesitado rehabilitación. Su vida tuvo complicaciones suficientes sin añadirle más capítulos de invención ajena.
En diciembre de 2023 recibió su estrella en el Paseo de la Fama. El niño al que todos recordábamos abandonado en Navidad tenía por fin un homenaje de Hollywood. La escena invitaba a mirar a Culkin como un adulto con trayectoria propia, aunque nuestra memoria insistiera en devolverle a las gélidas calles de Nueva York. Pero ¿qué fue de sus sufridos visitantes? Daniel Stern, el larguirucho Marv, encontró otra vida entre la escultura y el campo, en California. Eso sí: los propietarios de la casa original de la película llegaron a encargarle una escultura de su personaje con la tarántula. Después de intentar robar aquel domicilio, acabar contratado para decorarlo parece una reinserción laboral incluso elegante.
Joe Pesci, Harry, ha llevado por su parte una vida mucho más discreta, aunque regresó al cine con 'El irlandés'. Stern ha contado que mantienen su amistad y se reúnen al menos una vez al año. En la ficción apenas conseguían coordinar un asalto; fuera de ella, han sostenido una relación durante décadas. A veces el verdadero botín era el amigo que se llevaba los golpes contigo.
Porque aquellas trampas merecen menos risas y más ambulancias. El médico Ryan St. Clair analizó para 'The Week' las famosas lesiones del filme: un bote de pintura lanzado contra la cara podía fracturar varios huesos, dejar inconsciente al ladrón y costarle varios dientes. Kevin tenía ocho años y un inquietante talento para convertir artículos del hogar en material de destrucción masivo.
La cirujana Annie Onishi también examinó para 'WIRED' las dos primeras películas y describió lesiones graves, desde posibles daños internos tras las caídas hasta peligrosos traumatismos. No hace falta adjudicarles quince muertes exactas: Harry y Marv sobreviven gracias a un seguro médico llamado ‘comedia’. En la vida real, la segunda parte habría empezado con rehabilitación, abogados y una derrama para adaptar la ruinosa casa.
El rodaje también dejó sus propias sorpresas. El grito del aftershave no nació completamente improvisado: estaba previsto que Kevin gritara. Lo inesperado, ha detallado Columbus en numerosas ocasiones, fue que Culkin mantuviera las manos pegadas a las mejillas. Así salió una imagen que acabaría en carteles y recuerdos de medio planeta. Un pequeño fallo de instrucciones convertido en postal navideña.
Pesci, además, contó que limitaba el trato con Culkin durante la segunda parte para conservar la hostilidad entre sus personajes. Nada de parecer amigos ante la cámara. Él prefirió mantener las distancias.
Ahora nos toca volver a verla con otra edad y nuevas preguntas. De pequeños queríamos quedarnos solos en aquella casa. De mayores calculamos cuánto costará calentarla. Y cuando aparece Kevin con otro bote de pintura, ya no gritamos “¡dale!”: pensamos en el arreglo del parqué. La infancia termina el día en que, viendo 'Solo en casa', empiezas a sufrir por el propietario.
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