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Nevaco Global
8 de agosto de 2026

El zarpazo de los hutíes a Arabia Saudí que enciende el Golfo y deja en shock a Occidente

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La guerra de Yemen vuelve a acercarse peligrosamente a desbordar Oriente Próximo, pero esta vez a instancias de la guerra que libran EE UU e Irán. Los hutíes han elevado en las últimas horas la presión militar sobre Arabia Saudí y sobre las fuerzas del Gobierno yemení reconocido internacionalmente con una cadena de ataques que amenaza con romper el frágil equilibrio construido durante los últimos años.

La ofensiva, además, se produce en un momento especialmente delicado para el golfo Pérsico que ha sido blanco de Teherán para forzar a los aliados de EE UU a presionar a Donald Trump, y con Riad reforzando sus alianzas de seguridad y tratando de proteger las rutas energéticas del mar Rojo frente a una milicia que ha convertido el tráfico marítimo sobre el golfo de Adén su principal baza para desestabilizar los mercados mundiales.

Al menos 30 soldados del ejército yemení murieron el jueves en ataques hutíes contra posiciones militares en las provincias de Marib y Hadramout, según las informaciones disponibles. Marib tiene una importancia estratégica extraordinaria ya que concentra buena parte de las reservas de petróleo y gas de Yemen, y constituye uno de los principales bastiones del Gobierno frente a los rebeldes.

Los hutíes reivindicaron posteriormente las operaciones y aseguraron que sus objetivos eran lo que calificaron como “despliegues militares saudíes”. La ofensiva no quedó circunscrita al territorio yemení. Un ataque contra Najrán, en el sur de Arabia Saudí, dejó al menos 11 civiles heridos. Horas después, un nuevo golpe sobre Marib, en el distrito de Harib, provocó otros tres muertos y cuatro heridos entre las fuerzas yemeníes, según la televisión estatal Yemen TV.

“No hay seguridad para las fuerzas saudíes invasoras, ni para sus mercenarios, ni para sus campamentos en nuestro territorio”, afirmó Hizam al-Assad, miembro del buró político hutí, en declaraciones recogidas por Al Jazeera.

La nueva escalada tiene lugar apenas unos días después de que Arabia Saudí, junto con EE UU, atacara a milicias chiíes respaldadas por Irán en Irak. Riad había responsabilizado a estos grupos de una ofensiva con drones contra instalaciones petroleras saudíes. El mismo 29 de julio, los hutíes lanzaron otro ataque contra el aeropuerto de Najrán. La coincidencia alimenta el temor de las autoridades saudíes a que el país pueda enfrentarse a una presión militar simultánea desde el norte, a través de las milicias iraquíes, y el sur, desde Yemen.

Según información de agencias internacionales atribuida a un alto funcionario saudí, los servicios de inteligencia de Arabia Saudí, Estados Unidos y otros países de la región han detectado movimientos de drones y misiles que apuntarían a la preparación de posibles operaciones coordinadas. Entre los objetivos potenciales figurarían infraestructuras energéticas, puertos y aeropuertos.

La hipótesis explica la aceleración de la política de seguridad de Riad. Arabia Saudí ha firmado ahora un nuevo acuerdo de defensa conjunta con Turquía y Pakistán, denominado “Acuerdo de defensa conjunta de La Meca”. El pacto establece un principio de disuasión colectiva por el que un ataque armado contra cualquiera de los tres países será considerado un ataque contra todos.

El movimiento no es aislado. Riad anunció también la creación de una coalición internacional para proteger las rutas marítimas y el suministro energético en el mar Rojo. Catorce países, entre ellos Turquía, Pakistán, Egipto, Sudán y Yibuti, han expresado su respaldo inicial a la iniciativa. La composición de este bloque resulta significativa. Entre los seis Estados árabes del Golfo, Omán y Emiratos Árabes Unidos no figuran entre los firmantes de la declaración de apoyo, una ausencia que refleja las distintas estrategias que conviven dentro del complejo tablero de seguridad regional.

El peligro no procede únicamente de los ataques contra posiciones terrestres. Desde el pasado mes de julio, los hutíes han intensificado su ofensiva contra la navegación comercial en el mar Rojo, una de las principales arterias del comercio y del transporte energético mundial. La milicia anunció el 20 de julio un bloqueo destinado a dificultar las exportaciones de petróleo saudíes. Desde entonces, los ataques contra buques vinculados a Riad se han convertido en una herramienta de presión estratégica.

Al menos dos petroleros saudíes fueron atacados el miércoles en esta vía marítima, aunque no se produjeron víctimas. Los hutíes reivindicaron ambas operaciones y acusaron a Arabia Saudí de intentar modificar las rutas de sus buques para eludir las amenazas en el estrecho de Bab el Mandeb, uno de los puntos más sensibles del comercio marítimo mundial.

El portavoz militar hutí, Yahya Sarea, asegura que el grupo ha atacado ocho petroleros saudíes desde el inicio del bloqueo y que otros 29 han tenido que regresar o modificar su navegación ante las amenazas en el mar Rojo y el mar Arábigo. Más allá de la propaganda de guerra y de las cifras ofrecidas por los propios combatientes, los hutíes pretenden elevar el coste económico y militar de cualquier actuación de Riad, y convertir la seguridad de las rutas marítimas en su principal palanca para disuadir o condicionar a Occidente.

La situación es especialmente delicada porque durante los últimos años Arabia Saudí había intentado precisamente evitar el regreso a una guerra abierta con los hutíes. La tregua de abril de 2022 consiguió reducir drásticamente los enfrentamientos en los frentes internos y en los aproximadamente 1.200 kilómetros de frontera que comparten Arabia Saudí y Yemen. Aquel alto el fuego permitió una relativa desescalada después de años de una guerra devastadora.

Pero la tregua no resolvió el conflicto político ni territorial. Los hutíes llevan cerca de dos décadas enfrentados al Gobierno yemení reconocido internacionalmente. En 2015 consolidaron el control sobre Saná y el noroeste del país, una zona que representa alrededor del 30 % del territorio pero concentra aproximadamente el 75 % de la población yemení.

En el sur y el este permanece el Gobierno reconocido internacionalmente, con su principal estructura política en Adén y parte de sus instituciones asentadas en Arabia Saudí. Yemen continúa, por tanto, dividido entre dos centros de poder, dos estructuras militares y dos proyectos políticos incompatibles.

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