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Nevaco Global
27 de octubre de 2026

Trump muestra sus simpatías por Lula, pero avisa: “me pareció otra elección amañada”

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Donald Trump ha reaccionado a la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil con una mezcla de reconocimiento personal y desconfianza hacia el proceso electoral. Menos de 24 horas después de que el mandatario brasileño se impusiera a Flávio Bolsonaro y asegurara un cuarto mandato, el presidente de EE UU ha afirmado que mantiene una buena relación con el presidente de izquierdas, pero ha cuestionado la limpieza de los comicios. “Me pareció otra elección amañada, francamente”, sentenció.

Trump ha insistido en que no tomó partido por ninguno de los dos candidatos, aunque su Administración ha mantenido durante meses una relación particularmente estrecha con la familia Bolsonaro. “Fue una impresión muy mala. La elección, la manera en cómo fueron contabilizados los votos, ¿sabe? Con la prórroga del horario de votación, fue muy extraño”, dijo el presidente estadounidense a la prensa.

“Las elecciones tienen que ser indiscutibles y, a mi parecer, el panorama fue muy negativo”, ha declarado el presidente estadounidense en los jardines de la Casa Blanca, antes de desplazarse a Misisipi para participar en un acto de campaña de cara a las elecciones de mitad de mandato. “Estuve pendiente de la elección. Pareció tan, tan corrupta, tan terrible”, dijo.

La acusación de Trump llega sin aportar pruebas de fraude o manipulación del recuento. El resultado oficial dio a Lula el 51,8 % de los votos frente al 48,2 % de Flávio Bolsonaro, una diferencia de casi 4,4 millones de sufragios. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) brasileño confirmó el resultado, mientras distintos dirigentes internacionales reconocieron la victoria del presidente brasileño.

La posición de Trump resulta especialmente llamativa por sus vínculos con el clan Bolsonaro. Jair Bolsonaro, expresidente brasileño y padre de Flávio, es uno de los aliados políticos más próximos al republicano en América Latina. Sin embargo, durante la campaña Trump evitó pronunciarse abiertamente a favor del candidato del Partido Liberal (PL).

TRUMP DIJO QUE LA VICTORIA DE LULA FUE “MANIPULADA” Y “MUY CORRUPTA” El presidente de Estados Unidos cuestionó el resultado electoral en Brasil y calificó los comicios de “amañados”. Testimonio de Trump “Me pareció terrible”. “Yo no tomé partido, pero, francamente, pareció otra elección manipulada... se veía tan corrupta, tan terrible”. (+) en Clarín: https://t.co/zZS20Z8OAc

La cautela no significó ausencia de contactos. Flávio Bolsonaro fue recibido por Trump en la Casa Blanca durante la campaña, en una reunión de especial relevancia política, mientras el presidente estadounidense también había mantenido un encuentro con Lula. La estrategia de Washington, según informaciones de la prensa estadounidense citadas durante la campaña, consistía en evitar un respaldo explícito a Bolsonaro ante el temor de que terminara movilizando al electorado contrario.

Trump tampoco quiso entrar en la disputa electoral durante la jornada de votación. “No quiero entrar en este tema, pero estamos observando de cerca”, declaró el domingo. La prudencia terminó, sin embargo, cuando Lula fue proclamado vencedor y el resultado dejó a la Casa Blanca sin el aliado que habría supuesto la llegada de Flávio Bolsonaro al Palacio de Planalto.

La victoria de Lula se produce después de un año especialmente complicado en las relaciones entre Washington y Brasil. La Administración Trump impuso aranceles del 50 % a buena parte de las importaciones brasileñas y elevó la presión política sobre el Gobierno de Lula. Paradójicamente, el propio Trump reconoce ahora que tiene “buena química” con Lula. Esa relación personal no ha impedido que cuestione el resultado que permitirá al dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) gobernar por cuarta vez, aunque sí explica en parte el tono más contenido que mantuvo durante la campaña.

El enfrentamiento comercial se sumó a las diferencias ideológicas y diplomáticas entre ambos mandatarios. Lula ha defendido reiteradamente que Brasil “no es patio de nadie” frente a Washington y una política exterior más próxima a los países emergentes y al bloque de los BRICS. Trump, por su parte, ha tratado de reforzar la influencia estadounidense en América Latina y ha encontrado en la familia Bolsonaro uno de sus principales aliados regionales.

La victoria del presidente brasileño supone una remontada de gran magnitud. Flávio Bolsonaro había terminado la primera vuelta por delante, pero Lula consiguió movilizar a millones de electores adicionales en el balotaje. Con el 100 % de los votos contabilizados, el candidato izquierdista obtuvo más de 64 millones de sufragios frente a casi 60 millones de su rival. Uno de los factores determinantes fue la reducción de la abstención, que pasó del 21,08 % en la primera vuelta al 19,2 % en la segunda. Lula consiguió además mejorar notablemente su resultado en territorios decisivos, especialmente en Minas Gerais y el Nordeste.

El desenlace supone también un revés para la estrategia regional de Trump. La victoria de Lula interrumpe la reciente sucesión de triunfos conservadores en América Latina y mantiene a Brasil, la mayor economía de la región, como un contrapeso frente al proyecto de Washington de ampliar su influencia en el continente.

El resultado electoral no pone fin a la polarización brasileña. Flávio Bolsonaro cuestionó inicialmente el resultado y planteó solicitar su anulación después de que se ampliara excepcionalmente el horario de votación en algunos lugares. Posteriormente, su entorno dio pasos para rebajar esa estrategia de impugnación, mientras las instituciones brasileñas y buena parte de los gobiernos extranjeros reconocían la victoria de Lula.

El presidente electo tendrá además que gobernar con un Congreso de orientación conservadora, donde el bolsonarismo conserva una importante capacidad de bloqueo. La disputa política, por tanto, no termina con el escrutinio: se traslada a una legislatura en la que Lula deberá combinar su programa de izquierda con la necesidad de negociar con una oposición fortalecida. @mundiario

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