El Partido Demócrata acaba de librar una de las batallas internas más trascendentales de los últimos años. Tras trece horas de recuento y un escrutinio que mantuvo la incertidumbre hasta el último momento, Abdul El-Sayed se impuso en las primarias al Senado por Míchigan con el 48,5 % de los votos, derrotando por un estrecho margen a la congresista moderada Haley Stevens, la candidata respaldada por la mayor parte del aparato del partido.
El ajustadísimo resultado representa un auténtico pulso sobre el futuro del partido y consolida el rocambolesco avance del sector progresista en un momento en el que la oposición busca redefinir su estrategia frente al ecuador del segundo mandato de Donald Trump.
Míchigan ocupa un lugar estratégico en la política estadounidense. Es uno de los llamados swing states, territorios donde republicanos y demócratas se alternan el poder y cuyo comportamiento suele anticipar tendencias nacionales. Precisamente por ello, la victoria de El-Sayed trasciende las fronteras estatales ya que el resultado de las elecciones de medio mandato de noviembre, en los que se renovarán la totalidad de los escaños de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, dependerá en buena medida de los estados bisagra, otra vez.
El médico de 41 años, hijo de inmigrantes egipcios y antiguo responsable de Sanidad Pública en Detroit, ha logrado imponerse a la candidata del establishment demócrata en un territorio donde el partido no podía permitirse errores si aspira a recuperar el Senado en las elecciones legislativas de noviembre, una empresa un tanto compleja según las encuestas, toda vez que la mayoría de los estados que revalidarán sus senadores parecen inclinarse por los republicanos.
La diferencia final entre El-Sayed y Stevens fue inferior a 15.000 votos, reflejo de una formación profundamente dividida entre quienes apuestan por mantener un perfil centrista escandalizado tanto por el trumpismo como por los capítulos socialistas que van germinando en sus propias filas, y quienes consideran que la única forma de movilizar al electorado pasa por un giro populista hacia posiciones progresistas que hasta hace unos meses eran vistas como muy radicales.
La victoria de El-Sayed confirma que el fenómeno iniciado hace meses con el triunfo del socialista Zohran Mamdani en Nueva York no fue un episodio aislado. La nueva generación progresista, aupada en un mar de formaciones satélites como los Socialistas Democráticos de América (DSA) comienza a conquistar espacios que hasta hace poco parecían reservados a candidatos moderados.
Aunque el establishment demócrata confiaba en que la efervescente marea roja se limitarse a grandes ciudades de tradición liberal, el movimiento avanza ahora en un estado decisivo para el equilibrio político nacional. Con ello, nombres como el senador Bernie Sanders, la representante neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez o el propio Mamdani dejan de ser excepciones para convertirse en referentes de una corriente cada vez más influyente dentro del partido.
Aunque El-Sayed rechaza definirse como socialista, buena parte de sus propuestas conectan con el ala más izquierdista del Partido Demócrata. Entre sus principales banderas figuran la implantación de un sistema sanitario público universal, una mayor intervención del Estado para combatir la desigualdad económica y una profunda reforma del sistema político para reducir la influencia del dinero privado en las campañas electorales.
A ello se suma una posición especialmente crítica con Israel. Durante la campaña acusó al Gobierno israelí de cometer un genocidio en Gaza y defendió el fin del apoyo incondicional de Washington a Tel Aviv, un discurso que ha conectado especialmente con la numerosa comunidad árabe y musulmana de Míchigan y con una parte importante del electorado joven.
La candidatura de Stevens reunía prácticamente todos los apoyos institucionales. La gobernadora Gretchen Whitmer, el senador saliente Gary Peters y buena parte de la dirección estatal del partido respaldaban su candidatura. También contó con un extraordinario respaldo financiero procedente de organizaciones externas, especialmente del poderoso lobby proisraelí AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí), que destinó 30 millones de dólares a la campaña, la mitad de los 60 millones de fondos que provenían fuera del estado y el mayor desembolso para una sola contienda en estas primarias.
Nada de ello evitó la derrota, ni siquiera las denuncias veladas de antisemitismo. El-Sayed logró construir una campaña basada en el contacto directo con los votantes, una fuerte presencia en redes sociales y una imagen muy distinta de la política tradicional. Vídeos levantando pesos en el gimnasio, distendido en fiestas o participando en actos comunitarios formaron parte de una estrategia comunicativa claramente inspirada en el modelo que llevó a Mamdani a conquistar Nueva York.
President Trump accuses Michigan Democratic nominee for U.S. Senate Abdul El-Sayed of being a “communist” who “hates” Jews and Israel after Sayed defeated Rep. Haley Stevens last night in a democratic primary election. pic.twitter.com/Xb1NaW1OAZ
Donald Trump reaccionó de inmediato al conocerse el resultado. A través de Truth Social calificó la victoria del candidato progresista como “una excelente noticia” para el Partido Republicano y lo definió como “un comunista fracasado que odia a los judíos e Israel”. “Excelentes noticias para el Partido Republicano. El-Sayed, un comunista perdedor que odia a los judíos e Israel, es el favorito para ganar su contienda contra la socialista. Como siempre, las encuestas se equivocaron por completo. No se esperaba que obtuviera un resultado tan bueno. ¡Ahora, las políticas descabelladas de los demócratas solo empeorarán!”, escribió el presidente estadounidense en su propia red social.
Superadas las primarias, El-Sayed afronta el desafío de retener el escaño de Peters. En noviembre deberá enfrentarse al republicano Mike Rogers en unas elecciones que pueden resultar decisivas para determinar el control del Senado. Si logra imponerse, se convertirá en el primer senador musulmán de la historia de Estados Unidos.
Además, la candidatura servirá para comprobar si el volantazo a la izquierda puede conquistar al electorado moderado, pero hastiado del establishment, en un estado bisagra en el que Trump venció en las presidenciales de 2024 por algo más de 92.000 votos. Para ello El-Sayed cuenta con una batería de apoyos, toda vez que el fundador del Movimiento Sunrise Will Lawrance y el cuadro de los socialistas Donavan McKinney ganaran sus respectivas primarias para la Cámara de Representantes. @mundiario