Narendra Modi ha convertido la víspera de la cumbre de los BRICS en una demostración de la diplomacia de equilibrios que caracteriza a la India. El primer ministro indio volvió a compartir vehículo con Vladímir Putin, recibió al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, y prepara el encuentro con Xi Jinping, que ha regresado a territorio indio siete años después. Todo ello mientras la política comercial y exterior de Donald Trump proyecta una sombra cada vez más visible sobre el grupo.
La imagen de Modi y Putin en la limusina blindada Aurus del presidente ruso resume una relación que Nueva Delhi no parece dispuesta a abandonar. Ambos mandatarios mantuvieron el viernes conversaciones sobre cooperación política, económica, energética y militar, además de intercambiar puntos de vista sobre Ucrania y los conflictos de Oriente Próximo. La India y el Kremlin aspiran, además, a elevar su comercio bilateral hasta los 100.000 millones de dólares en 2030.
La cercanía entre Modi y Putin tiene una dimensión mucho más concreta que las fotografías diplomáticas. Rusia continúa siendo un proveedor esencial de armamento para la India y, desde el inicio de la guerra contra Kiev, se ha convertido también en una fuente fundamental de petróleo con descuento para la economía india.
Nueva Delhi ha rechazado sumarse a la estrategia occidental de aislamiento de Moscú y defiende que necesita garantizar suministros energéticos seguros y asequibles. Al mismo tiempo, India intenta diversificar sus proveedores militares y mantener abiertas sus relaciones comerciales con Occidente, en concreto EE UU y Europa. Trump ha amenazado con imponer fuertes aranceles adicionales a los países que mantengan sus compras de energía rusa, una advertencia que afecta especialmente a los gigantes asiáticos. En ese contexto, la cumbre de los BRICS se convierte también en un escenario de negociación indirecta con Estados Unidos.
Putin, mientras tanto, ha aprovechado su presencia en Nueva Delhi para defender una transformación del grupo en una plataforma económica más práctica, con cooperación en tecnología, infraestructuras, inversiones y sistemas de pagos. Su discurso insiste en reducir la dependencia de las reglas y mecanismos financieros dominados por Occidente.
La segunda fotografía relevante de la jornada fue la reunión entre Modi y Pezeshkian. El primer ministro indio agradeció al presidente iraní su participación de alto nivel en los BRICS a pesar de a las circunstancias de la guerra en Oriente Próximo y ambos abordaron la relación bilateral y la situación regional.
Modi volvió a defender una salida basada en el diálogo y la diplomacia y puso el foco en la seguridad de las rutas marítimas, la libertad de navegación y la protección de los marineros. No es un asunto baladí para India, pues las últimas guerras están afectando gravemente al comercio marítimo y a las cadenas de suministro que conectan al país con sus principales mercados.
La diplomacia india ha conseguido, además, colocar en la misma mesa a actores enfrentados en Oriente Próximo. La presencia de Irán junto a representantes de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí refleja hasta qué punto los BRICS ampliados pueden convertirse en un espacio de contacto incluso cuando sus miembros mantienen posiciones divergentes sobre los conflictos regionales.
La llegada de Xi Jinping supone un salto cualitativo para la cumbre. El presidente chino participa en los BRICS después de siete años sin visitar la India y su encuentro con Modi concentra buena parte de la atención diplomática de la reunión.
Las relaciones entre las dos grandes potencias asiáticas siguen condicionadas por sus disputas fronterizas y por una rivalidad estratégica que también se proyecta sobre el Índico y el Indo-Pacífico. Pero Nueva Delhi y Pekín tienen, al mismo tiempo, importantes intereses económicos compartidos y forman parte de un mismo grupo emergente que aspira a ganar peso en las instituciones internacionales.
La presencia simultánea de Xi y Putin permite a Modi ejercer de anfitrión entre dos de los principales competidores estratégicos de Estados Unidos. Pero también demuestra la dificultad de convertir los BRICS en un bloque político homogéneo: India mantiene profundas diferencias con China, Rusia depende cada vez más de Pekín al tiempo que permanece enfrentada con Occidente por Ucrania e Irán amaga con desbordar su enfrentamiento con Washington a través de extenderlo a sus vecinos del golfo Pérsico, en particular Abu Dabi y Riad.
Los BRICS ya no son el pequeño grupo de economías emergentes que dio origen al acrónimo. Con Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica como núcleo original, la ampliación ha incorporado a Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia y Arabia Saudí. Los once miembros representan el 49,5 % de la población mundial, alrededor del 40 % del PIB global y el 26% del comercio mundial, según los datos difundidos por la presidencia india.
El tamaño es precisamente su principal fortaleza y una de sus mayores dificultades. El grupo reúne democracias y regímenes autoritarios, países con alianzas estratégicas contrapuestas y economías con intereses energéticos, comerciales y de seguridad que no siempre coinciden. Pero las turbulencias geopolíticas han hecho más visible esa falta de cohesión, toda vez que al menos tres miembros están en sus propios conflictos. También la rivalidad entre Estados Unidos y China obliga a cada miembro a definir hasta dónde quiere utilizar los BRICS como instrumento de autonomía frente a Occidente.
India trata de evitar que el grupo quede reducido a una alianza antiestadounidense. De hecho, representantes indios han insistido en que Nueva Delhi no pretende convertir la cumbre en una plataforma de desdolarización frontal, precisamente por la necesidad de mantener una relación funcional con Washington. La verdadera apuesta de Modi consiste, en realidad, en demostrar que India puede hablar simultáneamente con todos. @mundiario