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Nevaco Global
5 de agosto de 2026

Estalla la crisis total en América Latina: EE UU castiga a Brasil y retira el visado a su embajadora

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La relación entre EE UU y Brasil atraviesa uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas, en medio de otros frentes de crisis diplomáticas que le han surgido a Brasilia con Argentina y Paraguay. Sin embargo, la decisión de la Administración de Donald Trump de cancelar el visado de la embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Viotti, ha supuesto un salto cualitativo en la turbulenta relación con la Casa Blanca que amenaza con lastrar la campaña presidencial brasileña y alterar el equilibrio político en América Latina.

Washington justifica la medida como una respuesta de reciprocidad al retraso del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en conceder el beneplácito diplomático —el agrément— al candidato estadounidense para ocupar la Embajada en Brasilia, Danny Pérez. Además, la Casa Blanca recuerda que Brasil denegó recientemente el acceso a dos funcionarios del Departamento de Estado.

Sin embargo, Brasil rechaza frontalmente esa versión. El Ministerio de Relaciones Exteriores sostiene que Washington incumplió las normas diplomáticas al hacer pública la designación de su embajador antes de completar el procedimiento habitual y acusa a Washington de utilizar el conflicto para presionar políticamente al Ejecutivo brasileño. En un comunicado de extraordinaria dureza, Itamaraty calificó la revocación del visado como parte de una “escalada deliberada de medidas hostiles” y denunció un intento de influir en las elecciones presidenciales previstas para el 4 de octubre.

El choque diplomático llega en el momento más sensible para la política brasileña. Lula aspira a un cuarto mandato presidencial frente al senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por la Justicia brasileña por el intento de golpe de Estado tras las elecciones de 2022.

El Gobierno brasileño interpreta que la sucesión de decisiones adoptadas por Washington —desde la negativa de visados hasta la retirada del permiso diplomático a Viotti— forma parte de una estrategia de presión política favorable al entorno bolsonarista. EE UU, por su parte, niega cualquier voluntad de interferir en el proceso electoral y mantiene que todas sus actuaciones responden exclusivamente a criterios diplomáticos y de reciprocidad.

La retirada del visado no constituye un episodio aislado, sino el último capítulo de una relación bilateral cada vez más deteriorada. Durante el último año ambos gobiernos ya protagonizaron fuertes desencuentros por los aranceles estadounidenses sobre productos brasileños, las sanciones impuestas contra responsables judiciales vinculados al proceso contra Jair Bolsonaro y las discrepancias sobre la regulación de las plataformas digitales y la política latinoamericana. Aunque Lula y Trump intentaron escenificar un acercamiento institucional meses atrás, los principales conflictos nunca llegaron a resolverse.

La crisis se agravó recientemente cuando Brasil negó el acceso a dos enviados del Departamento de Estado que, según Brasilia, pretendían abordar cuestiones relacionadas con la libertad de expresión y el proceso electoral. Las autoridades brasileñas consideraron aquella visita un intento inaceptable de cuestionar la fiabilidad del sistema electoral del país.

El enfrentamiento con Washington coincide con un momento especialmente complejo para la política exterior brasileña.

Mientras intenta mantener su protagonismo dentro de los BRICS y reforzar su papel como potencia continental, Brasil también afronta diferencias con algunos gobiernos vecinos sobre comercio, integración regional y seguridad fronteriza. La escalada con Washington implica un nuevo foco de presión sobre una diplomacia que debe equilibrar su relación con la primera potencia mundial sin renunciar a la autonomía estratégica que Lula ha convertido en una de las señas de identidad de su política exterior.

Por ahora, la embajadora Maria Luiza Viotti no será expulsada de Estados Unidos, aunque queda en una situación diplomática inédita. Washington ha dejado abierta la puerta a revertir la medida si Brasil aprueba finalmente el nombramiento de Danny Pérez, mientras el Gobierno de Lula insiste en que seguirá examinando la solicitud conforme a los procedimientos habituales y rechaza actuar bajo presión.

El desenlace dependerá en buena medida del resultado de las elecciones brasileñas y de la evolución de una relación bilateral que ha pasado, en apenas unos meses, de los intentos de distensión a un pulso diplomático que amenaza con convertirse en uno de los principales focos de tensión política del continente americano. @mundiario

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La joven, que jugaba al fútbol en el club Maghreb Atlético Tetuán , perdió la vida el pasado jueves cuando intentaba alcanzar a nado la costa de Ceuta en busca de un futuro mejor, en una tragedia que se cobró cerca de 90 vidas, según las autoridades españolas. Enfrente del living, hay una pequeña habitación vacía: no hay cama, escritorio ni siquiera objetos personales. El silencio emana de esas cuatro paredes, que también son un recuerdo. “Esta iba a ser su habitación. Nos pidió que ya quería dormir sola, sin sus dos hermanos. La estábamos preparando y hasta entonces, ella prefería dormir aquí”, cuenta, mientras señala el sofá sobre el que ocurre esta entrevista. Faten creció en Tetuán. Admiraba a todos los grandes futbolistas, tanto marroquíes como internacionales. Jamilla cuenta que era una chica alegre, que tenía buenas amigas y a una madre que la quería por encima de todas las cosas. “Lo juro por Dios”, sentencia. En la imagen, la futbolista Faten Ben Omar El Azizi. “Yo sabía que mi hija quería ir a Europa, lo estaba intentando a través de su pasión, el fútbol. Jugaba desde los siete años”, lamenta. “Tiene que quedar claro: no envié a mi hija a cruzar la frontera. ¿Creés que todas las madres que lloramos su pérdida o desaparición mandaron a sus hijas a morir? Faten no solo era mi hija, también era mi amiga”. “Soñaba con seguir entrenando” Jamilla trabajó muchos años como porteadora en la aduana entre Ceuta y Castillejos. Su única fuente de ingresos se truncó cuando en 2020 las autoridades marroquíes cerraron el paso de mercancías por el Tarajal para reducir el comercio informal y la situación de vulnerabilidad de mujeres como Jamilla. “No teníamos nada y Faten soñaba con seguir entrenando y formándose en su deporte, pero no nos lo podíamos permitir. En Marruecos, si no tenés dinero, no te podés dedicar profesionalmente nunca al fútbol”, explica. “A ella solo le pagaban algo cuando ganaban algún partido. Si perdían, nada. La ponía muy triste”, añade. Tiene que quedar claro: no envié a mi hija a cruzar la frontera. ¿Creés que todas las madres que lloramos su pérdida o desaparición mandaron a sus hijas a morir? Faten no solo era mi hija, también era mi amiga Jamilla — Madre de Faten Todo eso cambió el mismo día que Faten murió en el mar. Su madre cuenta que desconocía que la joven estaba tramitando el visado para España desde el consulado de Tánger y recibió una llamada por la mañana. “¿Es usted Faten Ben Omar El Azizi?”, preguntaban al otro lado de la línea telefónica. “No, soy su madre”, contestó Jamilla. “A su hija le han concedido el visado”, contestó. “Tiene que venir a Tánger con su documento de identidad”. Jamilla desconoce exactamente cómo tramitó el visado. La búsqueda fue angustiosa. “Nadie me ayudó a encontrar ni traer el cuerpo de mi hija. Vino un chico a casa preguntando si Faten llevaba un pantalón deportivo y me dijo que se había golpeado la cabeza intentando cruzar a Ceuta, pero yo ya sabía que había muerto. Lo sentía”, explica. Después de la noticia, el joven les explicó que tenían que ir a Rincón. Nada. En Tetuán tampoco había noticias sobre su hija. Desde las 22:00 de la noche del jueves hasta las 08:00 de la mañana del viernes no dejaron de buscarla ni un momento, según su testimonio. Las compañeras de equipo y el entrenador de Faten, Oumar. “En Castillejos, mi hermana pidió que abrieran las puertas para comprobar si estaba allí. Entonces les preguntaron si mi hija llevaba una cadena con corazones. Yo no quise entrar. No quería grabar esa imagen en mi memoria”, cuenta. “Fue mi hermana la que entró. Ahí encontró a la amada de mi corazón, a mi niña Faten”, añade la madre. Explica que presentaba golpes en el rostro y que murió ahogada. La historia migratoria de la familia no se reduce a la joven Faten. “Todos los hermanos se han ido a Ceuta. El mayor de los tres sí que pudo hablar conmigo por teléfono. Él cruzó caminando por la frontera. De la pequeña no sabemos nada, pero sabía nadar. Tiene 14 años”, explica mientras enseña una fotografía de la menor, que cuelga con un marco en una de las paredes de la casa. “Mi marido falleció cuando Faten tenía 12 años y ahora estoy sola sin mis hijos”, apunta. En ese momento, la casa está abarrotada, pero Jamilla a lo que teme es al futuro. “No puedo vivir sin ellos”, añade. Baja la cabeza y desbloquea su teléfono celular. Una foto de Faten jugando al futbol, otra de la joven comiendo con sus amigas y una tercera sentada en las escaleras que suben desde la calle hasta la primera planta de su casa. “Una buena compañera” La muerte de la joven circuló en redes sociales y en la prensa cuando el Maghreb Atlético Tetuán, su club, la confirmó. Oumar, el entrenador, está sentado en el cordón de la vereda rodeado de una decena de jóvenes, de entre 15 y 26 años. Son las compañeras del equipo de fútbol donde jugó Faten en la liga regional hasta que falleció. Una de ellas está sentada en el banquillo mientras que el resto comienzan el entrenamiento. Tiene 16 años y, aunque se llevaba diez años de diferencia con Faten, compartían risas y pases de fútbol. “Entrenamos dos días a la semana, los martes y los jueves. A veces aquí y, otras veces, en la playa”, cuenta, mientras señala el campo fútbol rodeado de vallas. Oumar recuerda a Faten como “una buena compañera con un marcado espíritu futbolístico”. Explica que siempre mantuvo una actitud positiva dentro del grupo y que la querían mucho en el equipo. Cuando mira a las chicas, dice: “Lo están pasando mal. Muchas no pudieron venir a entrenar porque vieron el cuerpo de Faten durante el entierro y están afectadas”. Éramos como hermanas, lo compartíamos todo, hasta la comida y el dinero. Ella venía a trabajar con nosotros cuatro días a la semana. La pasábamos bien y siempre me hablaba del fútbol. Era muy importante para ella Malika — Amiga de Faten Dos de las jóvenes del equipo también cruzaron a Ceuta, aunque ambas volvieron a una cancha de fútbol donde hoy, y hasta dentro de mucho tiempo, ruedan la pelota en memoria de Faten. Rayhan en memoria de Faten Además de jugar al fútbol, la joven llevaba desde los 14 años trabajando para llevar dinero a casa. Al salir del portal del edificio de su vivienda, el cementerio más antiguo de Tetuán se extiende por las faldas del monte Dersa. Entre las tumbas, dos jóvenes, Malika y Youssef cargan, en una mano con bidones de plástico repletas de agua y, con la otra, un puñado de rayhan o hierbas aromáticas que representan la bendición en contextos religiosos musulmanes. Faten trabajó con los dos limpiando tumbas y vendiendo ramilletes. Malika, amiga de Faten, en el cementerio. A la derecha, la tumba de la joven. Durante los cuatro años que trabajaron juntos, compartieron la vida en medio de la muerte. Malika es una joven de Ouarzazate que es huérfana de ambos padres y decidió trasladarse a Tetuán para buscar trabajo. La joven rompe a llorar al hablar de Faten. “Éramos como hermanas, lo compartíamos todo, hasta la comida y el dinero. Ella venía a trabajar con nosotros cuatro días a la semana. La pasábamos bien y siempre me hablaba del fútbol. Era muy importante para ella”, explica entre lágrimas. La tumba de Faten yace en este enclave de la ciudad y, aunque el color blanco de la misma todavía brilla, Malika decide volver a tirar agua sobre la superficie. Recoge un trozo de tela del suelo y la extiende por las baldosas. En el centro, sembraron rayhan, el mismo que ella vendía. También las riega, para seguir honrando su memoria. “La siento cerca, me la imagino subiendo la colina hacia aquí”, dice.

5 ago 2026