La frágil tregua entre Estados Unidos e Irán vuelve a tambalearse. Apenas unos días después de la firma de un acuerdo provisional para rebajar la tensión y reabrir el estrecho de Ormuz al tráfico internacional, Washington ha lanzado nuevos ataques contra objetivos iraníes en represalia por el ataque sufrido por un carguero mercante en la estratégica vía marítima.
La ofensiva estadounidense supone la crisis más grave desde la entrada en vigor del alto el fuego y amenaza con hacer descarrilar unas negociaciones que, hasta ahora, habían permitido aliviar parcialmente uno de los mayores focos de tensión geopolítica del planeta.
El Comando Central de Estados Unidos confirmó este viernes que aviones militares bombardearon emplazamientos de misiles, almacenes de drones y radares costeros iraníes tras el ataque sufrido el jueves por el carguero M/V Ever Lovely, de bandera singapurense, cuando abandonaba el estrecho de Ormuz.
Según Washington, el buque fue alcanzado por un dron suicida iraní mientras navegaba frente a la costa de la República Islámica. Aunque los daños materiales fueron limitados y la embarcación pudo continuar su travesía, la Administración estadounidense considera que el incidente constituye una violación directa del acuerdo alcanzado con Teherán.
El presidente Donald Trump elevó aún más el tono al acusar públicamente a Irán de haber incumplido “de manera insensata” el alto el fuego. En varios mensajes difundidos a través de Truth Social, el mandatario aseguró que las fuerzas iraníes lanzaron al menos cuatro drones contra barcos mercantes y advirtió de posibles represalias adicionales. Horas después, la respuesta militar estadounidense se materializó en una nueva oleada de bombardeos sobre infraestructuras militares iraníes próximas al estrecho.
La reacción de Teherán ha avivado la tensión. Lejos de rebajar la tensión, el régimen iraní ha endurecido su discurso y ha redoblado sus advertencias a las navieras internacionales. Las autoridades iraníes insisten en que ningún buque debe utilizar rutas alternativas fuera de las autorizadas por la República Islámica y han amenazado con suspender cualquier corredor marítimo que no cuente con su aprobación expresa.
El viceministro de Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, advirtió de que “no se puede garantizar el paso seguro de barcos que utilicen acuerdos ambiguos, rutas paralelas o decisiones tomadas fuera de las consideraciones de Irán”. El mensaje refleja la determinación del régimen de mantener el control político y estratégico sobre el estrecho de Ormuz, su principal instrumento de presión frente a Occidente.
El problema para Teherán es que gran parte de las principales navieras internacionales ha comenzado a utilizar una ruta meridional, a través de aguas frente a la costa de Omán y bajo supervisión estadounidense, reduciendo así la capacidad iraní para condicionar el tráfico marítimo. Datos de inteligencia marítima indican que más de la mitad de los buques que han abandonado el golfo Pérsico durante los últimos días lo han hecho por esta vía alternativa, incluidas numerosas embarcaciones petroleras que transportan millones de barriles de crudo hacia los mercados internacionales.
La nueva crisis ha tenido un impacto inmediato en los mercados energéticos. El precio del crudo Brent volvió a repuntar tras conocerse el ataque al carguero y la posterior respuesta militar estadounidense, reflejando el temor de los inversores a una interrupción del suministro energético global.
El estrecho de Ormuz concentra cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado, por lo que cualquier alteración de su funcionamiento tiene consecuencias directas sobre la economía internacional. Pese a ello, el tráfico marítimo no se ha detenido completamente. La Organización Marítima Internacional (OMI) mantiene contactos con Teherán, Mascate y Washington para reactivar el corredor humanitario y garantizar la salida segura de los cientos de barcos que aún permanecen bloqueados en el golfo Pérsico. Más de un centenar de buques ya habían conseguido abandonar la zona antes de que el ataque contra el Ever Lovely obligara a suspender temporalmente el operativo.
La nueva escalada pone en cuestión la viabilidad del memorando de entendimiento firmado recientemente entre Washington y Teherán. El pacto contemplaba la reapertura progresiva del estrecho durante un periodo inicial de 60 días y una relajación parcial de las sanciones estadounidenses sobre las exportaciones petroleras iraníes.
Sin embargo, la sucesión de incidentes militares evidencia que la desconfianza mutua sigue siendo profunda. Mientras EE UU insiste en que mantendrá una presencia militar permanente para garantizar la libertad de navegación, Irán continúa considerando el control de Ormuz como un elemento irrenunciable de su estrategia regional.
La sensación de normalidad que comenzaba a instalarse en las rutas marítimas del Golfo ha vuelto a evaporarse. Y, con ella, también se desvanece la esperanza de que el alto el fuego pudiera convertirse en una paz duradera. @mundiario