Ratificará FIHAV 2026 el valor de Cuba en el mercado internacional
Bajo el lema “Cuba abierta al mundo”, la 42 edición de FIHAV se celebrará en formato híbrido del 24 al 26 de noviembre
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Ha sido una de las sorpresas del año en el mundo del motor. La IndyCar, categoría reina de monoplazas estadounidense, con el catalán Àlex Palou como su principal estrella y vigente campeón (con cinco títulos en los últimos seis años), aterriza en Barcelona con un contrato histórico que sorprendió a todos en la presentación: para los próximos 10 años, con la celebración de su primera carrera en el Circuit de Barcelona-Catalunya en 2027 (del 16 al 18 de julio).
Por ello, Mundo Deportivo quiso indagar para conocer la intrahistória que hay detrás de este acuerdo sorpresa, teniendo acceso a información clave para conocer cómo surgió la idea y cómo fueron las negociaciones de algo que el propio Palou dijo que creía que era imposible que sucediera. Ocurrió.
Todo ello, fruto de un trabajo exitoso en el que hubo muchas partes importantes implicadas, desde una empresa catalana que dio origen a la idea y a los primeros contactos con la IndyCar, pasando por el Departament d'Empresa i Treball del govern de la Generalitat de Catalunya, con el Conseller y Presidente del Circuit Miquel Sàmper a la cabeza, el cercano seguimiento y voluntad del president de la Generalitat, Salvador Illa, y la ayuda constante de la persona que mejor conoce la IndyCar desde dentro: Àlex Palou.
Se consiguió de forma meteórica, en solo cuatro meses de negociación (empezó el 29 de junio de 2026), pero no fue fácil. Hubo momentos en los que parecía que la posibilidad de llegar a un entendimiento se desvanecía, y con decisiones clave tomadas a última hora para provocar un giro de guion inesperado que acabó en una firma histórica.
Según ha podido saber Mundo Deportivo, el Departament d'Empresa i Treball del govern de la Generalitat de Catalunya y Fira-Circuit, encargada de la explotación del Circuit de Barcelona-Catalunya, tenían en mente desde hace tiempo buscar algo distinto a lo habitual en Europa y que pudiera llamar la atención de un público que valora la accesibilidad y la cercanía a los pilotos y coches. Y durante esa búsqueda, coincidió que una empresa catalana, con sede en Montmeló, llamada Bold Technology, les reveló que la IndyCar quería salir de sus fronteras de nuevo.
Bold Technology es una empresa que se dedica al diseño y fabricación de baterías eléctricas de altas prestaciones y sistemas de potencia y software aplicados a la alta competición. Ofrece servicios de ingeniería aplicada, diseño y consultoría para equipos de F1, pero también es el fabricante exclusivo de las baterías para el nuevo coche de la IndyCar de 2028, el Dallara IR-28.
Por ello, esta empresa les puso en contacto con la IndyCar y le abrió las puertas al Departament d'Empresa i Treball para empezar a sondear la idea con la IndyCar.
Además, la entrada de Fox en Penske (FOX Corporation, empresa matriz de FOX Sports, adquirió un tercio de Penske Entertainment, compañía propietaria de la IndyCar), también ayudaba a esa posibilidad de expansión. Así empezó todo. Pol Gibert, secretari general del Departament d'Empresa i Treball, solicitaría una primerta reunión con la IndyCar junto a Àlex Palou, personaje clave en esta historia.
De primeras, la opción de la IndyCar encajaba de lleno en lo que se estaba buscando. Una categoría de renombre internacional, con un campeón catalán, con pilotos europeos que suponen un gran reclamo para visitantes de muchos países del viejo continente. Pero había más: el Departament de Empresa i Treball podía aprovechar este acuerdo para impulsar la actividad económica y aprovechar la relación entre Indiana y Catalunya para las empresas locales. Era la opción perfecta.
El 29 de junio de 2026 se celebró la primera reunión (de un total de diez) entre los representantes de la Generalitat y Mark Miles, director ejecutivo de la IndyCar, quien admitió que la IndyCar estaba interesada en salir de los Estados Unidos para disputar algunas carreras. Hasta entonces, el certamen americano estaba barajando distintas opciones: México, Brasil y Colombia. Pero esas ideas no habían cuajado. Y ahí apareció Barcelona, con una primera toma de contacto en la que ambas partes entablaron una muy buena relación de confianza mutua. "Hicieron 'match'", cuenta una fuente a este diario.
Luego llegaron tres reuniones más para entender el funcionamiento y logística de la competición.
Tres semanas después, Fira-Circuit se incorporó a las conversaciones, que ya se habían convertido en negociaciones. Pero hubo un momento en el que las piezas parecían no encajar. "La situación se complicó bastante por las cifras que había sobre la mesa, por una cuestión económica", cuenta una fuente a este diario. Aunque era cierto que la Generalitat apostaba por este acuerdo a largo plazo, por su vertiente institucional y empresarial, que no se debía traducir necesariamente en resultados económicos inmediatos, sino a unos diez años vista. Pero las condiciones no permitían el acuerdo. Y llegó el momento de actuar.
En la primera semana de septiembre se produjo algo que lo cambió todo. Ante esa sensación de que las conversaciones no avanzaban, Pol Gibert decidió actuar. Rápidamente, buscaron unos vuelos a Laguna Seca, donde el 6 de septiembre se iba a disputar la última carrera de la temporada de la IndyCar 2026. "Decidieron coger un avión y plantarse en Estados Unidos para pasar 48 horas allí", cuenta una fuente a MD. Tenían 48 horas para actuar.
La situación parecía complicada, pero consiguieron una reunión con Mark Miles. Ocurrió en la caravana del CEO de la IndyCar, en Laguna Seca. Allí, consiguieron que Mark Miles y la IndyCar hicieran un esfuerzo (se entiende que económico) que desencallara las negociaciones. Y la Generalitat y Fira-Circuit también se comprometían a hacer otro esfuerzo por su parte. Los representantes del Departament d'Empresa i Treball salieron de esa reunión con su primera victoria: un marco de acuerdo bastante definido y con una gran satisfacción por el paso realizado.
Pero aún quedaba trabajo. Había una serie de cuestiones que no terminaban de encajar en el proyecto, relacionadas con los patrocinios, y otros detalles. Y la duda económica de Fira-Circuit persistía. Los números de 2027 podían no salir y habría que ver si podía tener viabilidad para 2028. Pero el Departament d'Empresa i Treball consideraba absolutamente necesario que la carrera de la IndyCar llegara en 2027 y no en 2028. Había razones para pensar en ello: con una carrera en 2027 se aseguraban que Alex Palou llegaría a Barcelona como vigente campeón, y esperar un año suponía tomar el riesgo de que otros países se avanzaran a la candidatura de Barcelona.
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