M+ Quizá haya llegado el momento de darle la vuelta a una de las premisas que han acompañado la relación bilateral durante los últimos meses. No es solamente que el gobierno de Donald Trump le haya tomado la medida a México; la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum también parece haber aprendido a leer, contener y, sobre todo, resolver las presiones que llegan desde Washington.
Lo ocurrido esta semana con el aguacate es una buena muestra. Lo que durante unas horas amenazó con convertirse en la nueva “crisis del oro verde”, tras la suspensión de las revisiones estadounidenses a las exportaciones mexicanas, terminó desactivándose antes de escalar y se convirtió, paradójicamente, en otra señal del buen momento que comienza a atravesar la relación entre ambos gobiernos.
Y no se trataba de un asunto menor. El aguacate dejó hace mucho de ser exclusivamente mexicano para convertirse en parte de la dieta cotidiana de millones de estadunidenses.
Por eso, cuando el personal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos suspendió las revisiones del producto mexicano bajo el argumento, una vez más, de las condiciones de inseguridad en Michoacán, las alertas se encendieron inmediatamente. Sin esas inspecciones ningún cargamento puede ingresar al mercado estadunidense.
Entre el gabinete de seguridad que encabeza Omar García Harfuch y las autoridades estadunidenses existe ya una línea directa que está permitiendo resolver problemas que hasta hace poco podían convertirse en conflictos diplomáticos de semanas. Esta vez bastaron horas.
La mejor evidencia llegó del propio embajador Ronald Johnson, quien volvió a reconocer públicamente al gobierno mexicano, ahora por las medidas adoptadas para reforzar la seguridad en la región aguacatera de Michoacán.
El despliegue adicional de más de mil elementos del Ejército y de la Guardia forma parte del acuerdo que permitió reactivar las inspecciones estadounidenses, inicialmente de manera parcial y con el compromiso de restablecerlas gradualmente al cien por ciento.
La crisis del aguacate duró apenas unas horas. Pero dejó una señal mucho más importante: frente a un gobierno como el de Trump, donde seguridad, comercio y política exterior forman parte de una misma negociación, México comienza a demostrar que también sabe jugar en varios tableros al mismo tiempo.