Simec; reconocen a Vicente Gutiérrez
Grupo Simec comentó que sus exportaciones de acero a Estados Unidos están sujetas al arancel de 25 por ciento bajo la sección 232.
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Cuando se iniciaba el año sabíamos que se trataría de un camino complejo, pleno de incertidumbres y de pronósticos poco alentadores. Lo advirtió claramente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal): las perspectivas de crecimiento latinoamericano apuntaban a un 2.3 por ciento en 2026, lo cual indicada un repunte insuficiente en medio de la incertidumbre, los conflictos derivados de la guerra comercial y los aranceles, así como un estancamiento en cuanto a las luchas para revertir carencias sociales. Ahora que estamos en agosto el escenario se ha movido un poco, con indicadores para arriba y para abajo, pero el fondo sigue siendo el mismo: las economías se frenan y eso trae una serie de consecuencias para todos.
Para América Latina, los pronósticos siguen apuntando a un crecimiento de entre 2.1 por ciento y 2.2 por ciento en 2026. El empleo crece a un ritmo muy moderado y se encuentra muy lejos de poder atender la demanda de todos los trabajadores que necesitan un puesto de trabajo. Y en el caso de México, desde inicio de años se había venido una serie de recortes en las expectativas de crecimiento para 2026 que fueron desde cerca del 2 por ciento hasta caer por debajo del 1 por ciento. Pero todo lo que cae tiene un punto de freno o al menos eso se percibe.
En los últimos días se dieron dos datos muy importantes para las proyecciones económicas: por un lado, los resultados de la Encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado, que realiza el Banco de México, da cuenta que la estimación de crecimiento subió de 1.1 por ciento a 1.2 por ciento para 2026. Y por otro lado, al finalizar el mes de julio la inflación anual se ubicó en 3.12 por ciento, lo que representa la cifra más baja desde mayo de 2020, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (Inegi). Es decir, hay una mejor expectativa para el dinamismo de la economía al mismo tiempo que los precios están volviendo a un nivel considerado como moderado.
En un año de pronósticos limitados, agravados por los conflictos bélicos en Medio Oriente y su impacto en el precio del petróleo, los fertilizantes y los alimentos, la buena noticia es que se percibe una mejoría, un punto de cambio, aunque todavía sea mínimo e insuficiente. Que el crecimiento sea de 1.2 por ciento en 2026 y no de una cifra cercana a cero nos aleja de los escenarios de la recesión aunque, como sabemos, tampoco nos acerca mucho a romper el cerco que frena el repunte. Lo mismo con la inflación: es bueno que los precios ya no suban tanto pero esto tampoco significa bonanza para las personas que no recuperan su poder adquisitivo.
Crecer, a pesar de todo, es bueno pero no suficiente. Evitar que el escenario empeore es bueno pero nos devuelve al momento en el que cual parecemos atrapados: la hora de dinamizar los motores, mejorar las tasas de crecimiento y generar empleos de calidad en cantidades importantes. El reto sigue estando en el futuro, más allá de aguantar o superar los malos pronósticos.
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