La ampliación inaugurada en 2016 renovó para el siglo XXI una de las grandes arterias del comercio mundial. En el corazón del proyecto estuvo Sacyr, líder del consorcio que diseñó y construyó el Tercer Juego de Esclusas, una intervención de enorme complejidad que dejó una referencia internacional para la ingeniería española.
Hay obras cuya trascendencia se mide en kilómetros, toneladas de acero o metros cúbicos de hormigón. Y hay otras que terminan midiéndose por la forma en que alteran el mapa económico del planeta. La ampliación del Canal de Panamá pertenece a esa segunda categoría. Cuando el 26 de junio de 2016 entraron oficialmente en servicio las nuevas esclusas, Panamá no inauguró simplemente una gran infraestructura: abrió una nueva etapa para una ruta que desde 1914 constituye uno de los pasos estratégicos del transporte marítimo internacional.
La razón de fondo era tan sencilla de explicar como difícil de resolver. Durante décadas, el tamaño de los buques mercantes había crecido hasta dejar fuera del Canal original a una parte cada vez más relevante de la flota. La ampliación respondió a ese desafío con un nuevo carril de navegación y dos grandes complejos de esclusas: Agua Clara, en el Atlántico, y Cocolí, en el Pacífico. Sus cámaras, de 427 metros de longitud, 55 de anchura y 18,3 de profundidad, hicieron posible el paso de los buques Neopanamax y multiplicaron las posibilidades comerciales de la vía.
En ese proyecto de dimensión mundial, Sacyr ocupó una posición protagonista. La compañía española lideró Grupo Unidos por el Canal (GUPC), el consorcio adjudicatario del diseño y la construcción del Tercer Juego de Esclusas, junto con Impregilo —hoy integrada en Webuild—, Jan De Nul y la panameña CUSA. Frente al cliente, la participación de Sacyr en el consorcio era del 48%; los acuerdos internos de distribución de resultados le atribuían un 41,6%.
La diferencia no es menor, porque permite medir con precisión el alcance de su intervención. Sacyr no fue un contratista secundario ni un participante testimonial: ejerció el liderazgo de un consorcio multinacional encargado de la pieza central del programa de ampliación. Ese papel exigió coordinar especialidades de obra civil, hidráulica, estructuras, instalaciones electromecánicas, logística y sistemas de control en un entorno técnico y climático de extraordinaria exigencia.
La magnitud física ayuda a entender el reto. En las nuevas esclusas se emplearon millones de metros cúbicos de hormigón y cientos de miles de toneladas de acero. Las 16 compuertas rodantes constituyeron por sí mismas una operación industrial y logística excepcional: enormes estructuras fabricadas para desplazarse lateralmente y permitir, además, labores de mantenimiento con una mínima afección a la operativa del Canal.
La brillantez técnica del proyecto no estuvo únicamente en su tamaño. Una de sus aportaciones más relevantes fue el sistema de reutilización de agua. Cada cámara dispone de tinas laterales capaces de recuperar hasta el 60% del agua empleada en una maniobra de esclusaje. En una infraestructura cuyo funcionamiento depende de un recurso tan estratégico como el agua dulce, esa solución representó un salto de eficiencia fundamental.
También hubo que desarrollar hormigones con exigencias especiales de resistencia, durabilidad y permeabilidad, prever la respuesta de estructuras gigantescas ante solicitaciones sísmicas y lograr que elementos de miles de toneladas funcionasen con tolerancias de enorme precisión. El proyecto reunió a alrededor de 10.000 profesionales de numerosas nacionalidades. Más que una obra convencional, fue una demostración de ingeniería integrada: la capacidad de hacer trabajar simultáneamente disciplinas, equipos y cadenas de suministro de diferentes países con un único objetivo.
La ampliación añadió un tercer carril de navegación con nuevos complejos de esclusas en los extremos Atlántico y Pacífico. Imagen editorial ilustrativa.
El impacto de la ampliación se extendió mucho más allá de Panamá. La posibilidad de atravesar el istmo con barcos de mayor capacidad alteró la planificación de navieras, terminales y puertos situados a miles de kilómetros. Instalaciones portuarias de distintos continentes adaptaron calados, grúas y plataformas logísticas para atender a los nuevos gigantes del mar. La ampliación no sólo hizo más grande el Canal: contribuyó a cambiar la escala de las cadenas de suministro que dependen de él.
La nueva infraestructura abrió además posibilidades para tráficos que antes encontraban fuertes limitaciones, entre ellos el gas natural licuado, y reforzó el atractivo de la ruta entre los mercados de América, Asia y Europa. Poder transportar más mercancía en un mismo buque permite asimismo reducir viajes por unidad de carga, con las correspondientes ganancias de eficiencia energética y logística.
Por eso, el valor del proyecto no puede reducirse a sus dimensiones físicas. Su verdadera importancia está en aquello que hizo posible: rutas más flexibles, barcos mayores, nuevas conexiones comerciales y una infraestructura preparada para seguir siendo competitiva en un sistema marítimo que había cambiado radicalmente desde comienzos del siglo XX.
En las grandes infraestructuras, la fotografía del día de la inauguración nunca es el examen definitivo. El verdadero juicio comienza cuando se retiran las grúas y la obra tiene que funcionar todos los días. También en ese terreno, los datos posteriores respaldaron la calidad técnica de las nuevas esclusas.
Durante los tres años de mantenimiento posteriores a la apertura, el consorcio liderado por Sacyr atendió unas instalaciones por las que transitaron cerca de 6.500 buques. En ese periodo, Sacyr comunicó una disponibilidad del 99,97%, por encima del 99,6% establecido contractualmente. En 2022, además, GUPC recibió de la Autoridad del Canal de Panamá el Performance Certificate, el certificado que acreditaba el cumplimiento de sus obligaciones contractuales.
El proyecto atravesó, como ocurre en muchas megainfraestructuras, controversias económicas, reclamaciones y arbitrajes. Forman parte de la historia completa de una obra de enorme complejidad y no deben ocultarse. Pero tampoco desdibujan el hecho esencial: las nuevas esclusas fueron terminadas, puestas en servicio y convertidas en una pieza fundamental del funcionamiento contemporáneo del Canal.