El gasóleo acumula una subida del 26% en cinco meses y supera los 1,82 euros por litro en plena operación salida. El Gobierno prepara una rebaja de 20 céntimos para septiembre, pero el gasoil bajará diez céntimos y la gasolina subirá cinco.
El precio del diésel se dispara a 1,826 euros por litro en agosto de 2026. La subida acumulada en cinco meses alcanza el 26% y coloca al gasóleo en máximos anuales justo en plena operación salida de las vacaciones de verano.
El diésel ha pasado de 1,45 euros por litro al inicio de la primavera a los 1,826 actuales, según los datos que recoge LaSexta. Desde marzo, el litro se ha encarecido 37,6 céntimos, un 26% más. El repunte coincide con la mayor presión del consumo estival y con el encarecimiento del crudo en los mercados internacionales. Las tensiones en el estrecho de Ormuz han añadido además una prima de riesgo que se filtra directamente al surtidor.
La brecha entre diésel y gasolina se ha ensanchado en las últimas semanas. El gasóleo es más sensible a la demanda del transporte pesado y a las importaciones, mientras la gasolina se mueve por patrones de consumo más estables. España importa la mayor parte del diésel que consume, y esa dependencia amplifica el impacto de cada repunte exterior, tal y como apuntan los análisis recogidos por ABC.
El Gobierno prepara una rebaja fiscal de 20 céntimos por litro para septiembre, pero su traslado al precio final no será igual en todos los carburantes. Según las estimaciones publicadas por ABC, el gasoil bajará diez céntimos a partir del próximo mes, mientras que la gasolina subirá cinco. El ejecutivo busca contener la escalada sin renunciar por completo a la recaudación de los impuestos especiales.
Con el litro de diésel en 1,826 euros, llenar un depósito medio de 50 litros cuesta 91,3 euros, frente a los 72,5 euros de hace cinco meses. La operación salida de agosto, que concentra millones de desplazamientos por carretera, se encarece de forma directa para las familias que viajan en vehículos diésel.
El diésel ha pasado de 1,45 a 1,826 euros en cinco meses: un 26% de subida que golpea justo cuando más se circula.
El estrecho de Ormuz vuelve a marcar la agenda energética. La tensión en esa ruta marítima, por donde transita una parte relevante del crudo mundial, presiona los precios del barril y complica cualquier estrategia de contención. La prima geopolítica se estima entre cinco y diez céntimos por litro, aunque no hay una cifra oficial. Esa presión adicional explica por qué el diésel no ha cedido pese a la desaceleración de otros mercados. El Gobierno agota su margen fiscal y estudia un nuevo plan anticrisis para la vuelta del verano, según publica El Mundo.
El consumo y las importaciones explican la brecha entre diésel y gasolina, recuerda EL PAÍS. La demanda de gasóleo se dispara en agosto por la actividad turística y logística, mientras la oferta local sigue sin cubrir el hueco. Los datos de consumo apuntan a un incremento interanual de la demanda de gasóleo en torno al 4%, en línea con el repunte de la movilidad turística. La dependencia exterior convierte cada repunte internacional en un golpe directo para transportistas y autónomos.
La subida del diésel no es un fenómeno aislado. Se suma a un verano en el que los alimentos y otros costes básicos han seguido tensionados, y recorta el margen de maniobra de las economías domésticas. El transporte por carretera es el primer eslabón de la cadena logística, y cada céntimo adicional en el gasóleo se traduce en mayores costes para la distribución de mercancías. Los transportistas autónomos, que ya operan con márgenes estrechos, asumen el golpe antes de trasladarlo al precio final de los productos. En mi opinión, el verdadero riesgo no está en agosto, sino en septiembre, cuando la rebaja fiscal puede quedarse corta si el crudo sigue escalando.
¿Hasta cuándo puede aguantar el consumidor esta escalada? La respuesta depende de la evolución geopolítica y de la capacidad del Ejecutivo para intervenir sin disparar el déficit. La publicación de los datos de inflación de septiembre y la concreción del plan anticrisis serán los puntos de control para medir la reacción del mercado. Si Ormuz se estabiliza, el alivio podría llegar antes; si no, la factura de la movilidad seguirá subiendo.
Cabe recordar que el diésel soporta una carga fiscal relevante, y cualquier rebaja temporal acaba teniendo fecha de caducidad. La transición hacia una movilidad menos dependiente del gasóleo avanza, pero a un ritmo insuficiente para alterar la cotización a corto plazo. El hito a vigilar es la firma del plan anticrisis en las próximas semanas, donde se concretará el diseño final de la ayuda. Si el Ejecutivo confirma la rebaja de 20 céntimos, habrá que ver si los surtidores lo reflejan de forma inmediata o si los márgenes de distribución absorben parte del alivio.