La inversión de 615 millones de euros permitirá instalar compensadores electrónicos y reactancias que liberen al sistema de la dependencia del gas para estabilizarse, reduciendo los costes de operación. La medida, acordada con el operador del sistema, se enmarca en el Plan 2021-2
El Consejo de Ministros ha aprobado 51 actuaciones en la red de transporte eléctrico que, con una inversión de 615 millones de euros, permitirán ahorrar 460 millones anuales y reducir la dependencia del gas como fuente de estabilidad. El movimiento, impulsado por el MITECO a petición del operador del sistema, supone la tercera modificación del Plan de Desarrollo de la Red de Transporte 2021-2026 y descansa en un cambio de estrategia: en lugar de obligar a las centrales de ciclo combinado a funcionar solo para mantener la tensión, se instalarán equipos electrónicos que realizarán esa función sin quemar combustible fósil.
La modificación aprobada por el Consejo de Ministros, a propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), responde a las recomendaciones de ENTSO-E y de la Agencia para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER). El objetivo es modernizar la red de transporte para que pueda absorber una generación renovable cada vez más variable sin perder robustez. Las 51 actuaciones, concentradas en la Península Ibérica, incluyen la instalación de cuatro compensadores electrónicos e-STATCOM, veinte reactancias, ocho reactancias de núcleo controlado magnéticamente (MCSR) y la renovación de otras cuatro reactancias existentes.
Estos dispositivos permiten controlar la tensión y amortiguar oscilaciones eléctricas de manera precisa, una labor que hasta ahora recaía casi por completo en las centrales de gas. “El sistema necesitaba mantener encendidas esas centrales aunque no hicieran falta para producir electricidad, simplemente para que no se cayera la red”, explican fuentes del sector. Con los nuevos equipos, esa función se desacopla de los combustibles fósiles.
La clave está en sustituir las restricciones técnicas que obligaban a programar las centrales de ciclo combinado por razones de estabilidad, no de generación. Durante 2025, el coste medio de esas restricciones alcanzó los 165 euros por megavatio hora (MWh). Al instalar compensadores avanzados y reactancias controlables, el sistema podrá mantener la calidad del suministro sin depender de ese colchón térmico. Según las cuentas del Ejecutivo, el ahorro anual rondará entre los 440 y los 460 millones de euros.
El ahorro no es solo económico. Al quemar menos gas solo por razones técnicas, se reduce también la factura de importaciones y las emisiones de gases de efecto invernadero. “Cada megavatio hora que deje de generarse con gas evita emisiones, y además descongestiona un nudo que encarecía el precio mayorista”, resumen en el Ministerio.
No basta con construir más renovables: la red de transporte es el eslabón imprescindible para que esa electricidad llegue sin cuellos de botella y sin derrochar gas.
Con esta tercera modificación, la inversión acumulada en la planificación eléctrica hasta 2026 alcanza los 8.818 millones de euros, una cifra que demuestra que la transición energética es, ante todo, una inversión en infraestructuras inteligentes. El plan se alinea con la Taxonomía Verde europea, que considera la modernización de redes eléctricas como una actividad elegible para financiación sostenible por su contribución a la integración de renovables.
La apuesta del Gobierno no es aislada. Países como Alemania o Dinamarca llevan años instalando equipos similares (STATCOM y reactancias controladas) para sus corredores eólicos marinos. En España, la alta penetración de eólica y solar ha generado momentos de vertidos y precios cero que evidencian que la red de transporte ya no era suficiente. El refuerzo aprobado ataca ese cuello de botella y, de paso, rebaja los costes del sistema, que acaban repercutiendo en el consumidor. “Si el sistema ahorra 460 millones al año en restricciones, ese dinero deja de presionar al alza el recibo de la luz”, señala un analista energético. La letra pequeña es clara: sin una red robusta, la generación renovable se desperdicia y se sigue pagando el peaje del gas. Con estas 51 actuaciones, España se coloca un paso más cerca de un modelo eléctrico plenamente renovable y competitivo.