España y Argelia deciden “reactivar todos los mecanismos” de cooperación e incrementar el suministro de gas
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El diésel supera los 1,8 euros por litro y la gasolina se acerca a 1,7, impulsados por la escalada del crudo y el fin de la rebaja del IVA. Repsol advierte de problemas de suministro en varios países europeos.
El precio de la gasolina sin plomo 95 ha superado los 1,7 euros por litro esta semana, mientras que el gasóleo A, el combustible más demandado, se instala por encima de los 1,8 euros. Con estos niveles, llenar un depósito medio de 55 litros cuesta ya 87 euros en el caso de la gasolina y cerca de 90 euros en el del diésel, algo que no se veía desde los máximos de 2022.
La subida responde a dos factores que se retroalimentan: el fin de la rebaja del IVA que había reducido el tipo al 10% y la escalada del precio del crudo, alimentada por la guerra entre Estados Unidos e Irán y los ataques de los hutíes yemeníes a petroleros saudíes en el Mar Rojo. El barril de Brent roza de nuevo los 100 dólares en el mercado de futuros.
En este contexto, Repsol ha lanzado un mensaje de calma dirigido sobre todo a sus accionistas: el suministro de combustible en España está garantizado gracias a la elevada capacidad de refino del país. Sin embargo, la petrolera advierte de que la situación en el resto de Europa es mucho más frágil.
La crisis en el Mar Rojo se ha intensificado tras la incorporación de los hutíes como aliados de Irán. Los bombardeos contra buques y la amenaza de bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb han estrangulado el transporte marítimo de crudo. Según recoge Motorpasión, los expertos consultados por la CNN advierten de que un bloqueo total de este paso podría disparar el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril.
El Brent ya coquetea con esa cota psicológica, y la presión no cede. La administración Trump mantiene su pulso bélico con Irán sin atisbos de desescalada, lo que se traduce en una prima de riesgo geopolítico que los mercados internalizan en forma de subidas constantes en los surtidores.
El Brent ya coquetea con los 100 dólares y el conflicto en Oriente Próximo no cede, mientras el consumidor español paga cada litro un 20% más caro que hace un año.
El otro gran empujón llega del lado fiscal. Desde el pasado 1 de julio, el IVA de los carburantes recuperó su tipo general del 21%, frente al 10% al que había estado rebajado para contener la inflación. Esto ha supuesto, en la práctica, un encarecimiento de aproximadamente 11 céntimos por litro que se suma a la escalada del crudo.
El Gobierno no ha dado señales de querer reintroducir la bonificación, pese a que el precio de los carburantes ha vuelto a tensionarse. Fuentes del sector señalan que, con la recaudación fiscal en juego y unas cuentas públicas que necesitan consolidación, es poco probable que se reactive una medida que costó miles de millones en 2022.
Repsol ha querido dejar claro que, pese a la tensión global, España no corre riesgo de desabastecimiento. La capacidad de refino nacional, una de las más altas de Europa en relación con la demanda interna, permite cubrir las necesidades de gasolina, diésel y queroseno sin depender de importaciones de producto refinado en momentos de crisis. Sin embargo, la compañía ha lanzado una advertencia que trasciende fronteras.
«Viendo lo que está ocurriendo en términos de tensión en el mercado europeo de jet y diésel, no voy a ocultar que me preocupa mucho la capacidad que vamos a tener en Europa para asegurar el suministro de productos en algunos países», ha señalado la compañía, según recoge Motorpasión.
El aviso no es menor. Países como Alemania, Francia o Italia, con menor capacidad de refino o más dependientes del gasóleo ruso (ahora vetado), podrían enfrentar episodios de escasez si el bloqueo del Mar Rojo se prolonga o si el conflicto se recrudece. En ese escenario, España podría convertirse en un suministrador de emergencia, lo que elevaría aún más la demanda interna de crudo y, potencialmente, tensionaría los precios en el mercado mayorista español.
La situación plantea una paradoja: mientras Repsol y otras refinerías españolas se benefician de márgenes récord gracias a la diferencia entre el precio del crudo y el del producto refinado, el consumidor español asiste a un encarecimiento que no parece tener techo. Los márgenes de refino del diésel se han disparado en las últimas semanas, y esa rentabilidad no se traslada a la factura en en el surtidor más que en forma de subida.
La estructura fiscal amplifica el fenómeno: el IVA se aplica sobre un precio ya inflado, lo que hace que cada euro de más en el crudo se convierta en 1,21 euros en el surtidor. Un mecanismo que, en ciclos alcistas, acelera la escalada de precios sin que el consumidor vea compensación alguna en forma de bajada de impuestos.
La capacidad de refino española es un escudo, pero no blinda al consumidor contra un Brent que ya coquetea con los 100 dólares.
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