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Quince meses después del 'Día de la Liberación', los inversores han incorporado la estrategia del TACO Trade a sus cálculos y las bolsas europeas abren al alza pese al nuevo arancel del 10% de Trump.
La guerra comercial de Donald Trump se ha cobrado una nueva víctima: el miedo de los inversores. He analizado la reacción de las bolsas a la última ofensiva arancelaria de la Casa Blanca y lo que veo es una fatiga palpable. Ayer, 24 de julio de 2026, el presidente estadounidense impuso un arancel del 10% a 60 países, entre ellos la Unión Europea. Pero el S&P 500, el termómetro de Wall Street, apenas cedió un 0,3% en la sesión. Al otro lado del Atlántico, el Ibex 35 subió un 1% y el Euro Stoxx 50 cerró con un avance del 0,70%. Los mercados ignoran la guerra comercial.
Hace quince meses, la escena era muy distinta. El 3 de abril de 2025, el ‘Día de la Liberación’ —cuando Trump amenazó con tarifas de hasta el 145% a 185 economías— desencadenó una tormenta. El S&P 500 se desplomó un 4,8%, el Nasdaq un 6% y se evaporaron cinco billones de dólares en dos sesiones. El Ibex 35 perdió un 6,8% y el Euro Stoxx 50, un 8%. Ayer, sin embargo, no hubo pánico.
Ayer, mientras los titulares confirmaban el nuevo arancel del 10%, los parqués europeos abrieron al alza. El DAX alemán sumó un 0,9% y el FTSE MIB italiano, un 1,1%. Solo en Asia —donde las exportaciones a Estados Unidos representan un porcentaje mayor del PIB— se registraron caídas significativas. La bolsa de Tokio perdió un 2%, y los mercados emergentes asiáticos acusaron el golpe. En Europa, en cambio, la reacción fue casi inexistente.
El consenso entre los analistas señala tres factores que explican esta indiferencia. El primero es el TACO Trade (Trump Always Chickens Out, ‘Trump siempre se acobarda’). La tesis es que el presidente termina aplazando, rebajando o introduciendo excepciones a sus amenazas más agresivas. Tras quince meses de guerra comercial intermitente, los inversores han interiorizado que el daño real suele ser menor que el anunciado.
El segundo es el freno judicial. En febrero de este año, el Tribunal Supremo de Estados Unidos invalidó buena parte de los aranceles impuestos mediante poderes de emergencia, lo que obligó a la Casa Blanca a reconstruir su ofensiva por otras vías. Eso rebajó la credibilidad de las amenazas comerciales.
El tercero es el renovado apetito por el riesgo. Según la última encuesta de gestores de fondos de Bank of America, realizada entre 210 participantes que administran 555.000 millones de dólares, el optimismo inversor ha alcanzado su nivel más alto desde febrero, justo antes del inicio del conflicto en Irán. El 54% de los encuestados cree que la economía global evitará una recesión.
“Más recientemente, el impulso generado por los aranceles ha ido siendo sustituido gradualmente por el auge de la inteligencia artificial.” — Paolo Zanghieri, economista sénior de Generali Investments, 24 de julio de 2026
Esta pérdida de protagonismo de los gravámenes coincide, además, con la percepción de que su impacto inflacionista ha tocado techo. François Rimeu, estratega sénior de Crédit Mutuel Asset Management, anticipa que los efectos de los aranceles seguirán diluyéndose.
A mi juicio, la fatiga arancelaria refleja un cambio de fondo en la narrativa de los mercados. Los inversores han pasado de temer un choque inflacionario global a concentrarse en la disrupción positiva de la inteligencia artificial. Nvidia y el resto de las ‘Magnificent Seven’ han absorbido buena parte del flujo inversor global, mientras que las viejas tensiones comerciales se perciben como un ruido de fondo manejable.
Sin embargo, conviene no bajar la guardia. La guerra con Irán mantiene el precio del petróleo elevado —el Brent ronda los 85 dólares— y una eventual escalada arancelaria que incluya a México o a Canadá podría reactivar las expectativas de inflación. La Reserva Federal, en su reunión del 11 y 12 de agosto, tendrá que sopesar hasta qué punto la indiferencia del mercado esconde riesgos inflacionistas latentes. De momento, el mercado apuesta por una pausa en los tipos. Pero la calma puede ser engañosa.
Para los hogares y empresas españoles, esta fatiga arancelaria es una buena noticia a corto plazo. La subida del Ibex 35 y la estabilidad del Euro Stoxx 50 alejan el fantasma de una corrección bursátil profunda. El Euríbor a 12 meses, que cerró ayer en el 3,45%, se mantiene en niveles moderados gracias a la expectativa de que el Banco Central Europeo mantenga los tipos en septiembre. Esto alivia la presión sobre las hipotecas variables.
El arancel del 10% a las exportaciones europeas tendrá un impacto limitado: apenas restará una o dos décimas al crecimiento del PIB de la eurozona según las primeras estimaciones. Para las empresas del Ibex 35 con presencia internacional, la diversificación geográfica y la fortaleza de sus balances amortiguan el golpe. En definitiva, mientras Trump siga mostrando su patrón de ‘acobardamiento’ arancelario, los mercados europeos podrán respirar. La clave seguirá estando en la inflación subyacente y en la evolución geopolítica en Oriente Medio.
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