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Nevaco Global
16 de julio de 2026

El beneficio de la automoción española se desploma un 56% en 2025

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Las tensiones geopolíticas y la lenta electrificación pasan factura al motor. La pérdida de 3.200 empleos y una inversión récord dibujan un sector a la espera del Plan Auto+.

El motor español cerró 2025 con un batacazo que nadie vio venir: el beneficio del sector se hundió un 56%, arrastrado por el coste de la electrificación y las tensiones geopolíticas. Pese a la caída de ganancias, la industria invirtió más que nunca en su historia.

Según los datos recogidos por Expansión y La Voz de Galicia, las cuentas agregadas de los fabricantes de vehículos y componentes en España perdieron un 56% de beneficio neto respecto al año anterior. El retroceso devuelve al sector a niveles de rentabilidad de 2013. Además, la plantilla se redujo en 3.200 empleos, el primer ajuste significativo desde la pandemia.

La cifra de inversión, sin embargo, marcó un récord histórico: 3.900 millones de euros (según fuentes del sector). Este volumen de gasto en renovación de factorías y nuevos modelos convive con la mayor contracción de márgenes en una década.

La transición al coche eléctrico está resultando más cara de lo previsto. Las marcas destinan ingentes recursos a I+D y adaptación de líneas de producción, pero las ventas de eléctricos en España solo representaron el 12% del total en 2025. El desequilibrio entre inversión y retorno comercial lastra las cuentas.

A ello se suma la tormenta geopolítica: la guerra comercial con China, los aranceles estadounidenses y el encarecimiento de las materias primas han encarecido los procesos. Las cadenas de suministro siguen sin recuperar la fluidez prepandemia, y el precio del acero y del litio se mantiene alto.

Invertir más que nunca y ganar la mitad que antes es la paradoja que resume el momento del motor español.

Resulta inquietante que el récord de inversión no se traduzca en beneficios. Lo que indica es que el sector está gastando a futuro, obligado por las normativas europeas de emisiones y la presión competitiva de Tesla y los fabricantes chinos. Pero el consumidor español aún no compra eléctrico en masa, y el mercado interno se estanca. De hecho, las matriculaciones apenas crecieron un 2%.

El Plan Auto+, la gran esperanza del sector, sigue atascado en los despachos del Ministerio de Industria. Sin ayudas a la compra ni despliegue de puntos de recarga, el círculo vicioso se alarga: poca demanda de eléctricos, costes crecientes, márgenes menguantes. La patronal Anfac lleva dos años reclamando un marco estable.

Mientras, fábricas como Figueruelas, Martorell o Almussafes mantienen la producción de modelos térmicos e híbridos. El empleo se concentra en las plantas que aún queman gasolina, y la paradoja es que las líneas de eléctricos generan menos puestos de trabajo porque requieren menos mano de obra. La reducción de 3.200 empleos es solo el primer síntoma.

No es alarmismo: la automoción representa el 8% del PIB industrial español. Si la rentabilidad sigue cayendo, las consecuencias en el tejido de proveedores serán inevitables. El próximo dato clave llegará en julio, cuando se publiquen las ventas del primer semestre de 2026. Ahí veremos si la tendencia cambia o se enquista.

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