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Nevaco Global
12 de julio de 2026

Jamenei jura vengar a su padre y Trump amenaza con ‘destruir’ Irán: conflicto Irán Estados Unidos se desboca

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La retórica entre Washington y Teherán alcanza niveles no vistos en décadas, mientras el mercado del petróleo y el estrecho de Ormuz centran toda la atención de inversores y analistas.

La escalada verbal entre el régimen de Irán y Estados Unidos ha alcanzado este sábado, 12 de julio de 2026, un punto de no retorno que sacude los cimentos de la economía global. El nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, juró vengar la muerte de su padre, mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó con ‘diezmar y destruir por completo’ Irán si el régimen intenta asesinarlo. Las consecuencias geopolíticas son inmediatas, pero las económicas se perfilan igual de devastadoras.

Lo que me ha parecido más relevante en este intercambio de amenazas es el tono claramente beligerante de ambas partes, que ha llevado a los mercados a reaccionar con una volatilidad no vista desde los peores momentos de la crisis en Ucrania. Los mensajes, publicados en las redes sociales oficiales de ambos líderes, dejan poco margen a la interpretación.

«Nos comprometemos a vengar tu sangre pura y la sangre de todos los mártires de estas dos guerras tomando venganza contra los criminales y deshonrosos asesinos. Esta venganza es lo que nuestra nación está exigiendo, y esto debe hacerse definitivamente.» — Mojtaba Jamenei, líder supremo de Irán, 12 de julio de 2026

«Mil misiles están listos para ser disparados y apuntan a la República Islámica de Irán (…) las órdenes ya han sido dadas, y el ejército estadounidense está preparado, dispuesto y capacitado, durante un periodo de un año, para diezmar y destruir por completo todas las regiones de Irán.» — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en Truth Social, 12 de julio de 2026

Las amenazas no surgen de la nada. Según informaciones de The Wall Street Journal y CNN, los servicios de inteligencia israelíes habrían alertado a Washington de un nuevo plan iraní para asesinar a Trump. Sin embargo, fuentes de la inteligencia estadounidense citadas por CNN expresan escepticismo y consideran que el supuesto complot responde, más bien, a un intento de Israel de influir en el curso de la guerra en Oriente Medio. El texto apunta a que se trata de un deseo aireado por sectores extremistas del régimen de Teherán, y no de un plan operativo detallado.

Pese a la ambigüedad de las acusaciones, los mercados financieros globales han reaccionado con la rapidez característica de los shocks geopolíticos. El petróleo, principal barómetro de la tensión en la región, registró un repunte inmediato en las operaciones electrónicas del domingo. El barril de Brent, de referencia en Europa, ha superado la barrera de los 85 dólares en los mercados asiáticos, un nivel que no se veía desde principios de año. Los analistas ya descuentan una prima de riesgo que podría elevar el crudo otros cinco dólares si la situación se enquista.

En paralelo, los activos refugio como el oro y el dólar estadounidense se han fortalecido, mientras los mercados bursátiles de Asia y Europa amanecen con fuertes caídas en las primeras horas de negociación. Las bolsas europeas, especialmente las de los países más dependientes de las importaciones de crudo, como España e Italia, han liderado los descensos.

Lo que de verdad mantiene en vilo a los mercados no es la retórica en sí, sino la amenaza latente sobre el estrecho de Ormuz. Cerca del 20% del tráfico mundial de petróleo transita por este paso marítimo entre Irán y Omán. Cualquier bloqueo, real o incluso preventivo, estrangularía el flujo de crudo hacia Asia y Europa, provocando un shock de oferta que los analistas comparan al de 1973 o al de 1990.

Irán ha utilizado en el pasado la amenaza de cerrar el estrecho como carta de presión, pero nunca en un contexto en el que un presidente estadounidense había ordenado un despliegue de misiles «listos para ser disparados». El riesgo de un incidente accidental o de una confrontación directa ha aumentado de forma exponencial.

He analizado las implicaciones macroeconómicas de esta escalada y mi conclusión es clara: el mundo no está preparado para un nuevo shock petrolífero de gran magnitud. La economía global aún se recupera de la elevada inflación pospandemia y de la crisis energética europea de 2022, y los bancos centrales apenas han comenzado a normalizar sus políticas monetarias. Un repunte sostenido del crudo por encima de los 100 dólares, escenario que ya manejan algunos traders, empujaría de nuevo la inflación al alza, forzaría a la Reserva Federal y al BCE a detener sus ciclos de recortes y devolvería el temor a una recesión.

Además, la amenaza nuclear iraní, aunque no mencionada explícitamente en los últimos mensajes, subyace en cada crisis. Un Irán acorralado podría acelerar su programa de enriquecimiento de uranio, añadiendo una dimensión aún más peligrosa al conflicto. Los inversores, por tanto, no solo descuentan un golpe en la oferta de petróleo, sino un deterioro generalizado de la estabilidad geopolítica en una región que concentra un tercio de las reservas de crudo.

Para los consumidores y las empresas españolas, esta escalada significa, ante todo, gasolinas y gasóleos más caros y, a medio plazo, un posible repunte del Euríbor. España importa más del 90% de su petróleo, y el precio de la energía es uno de los principales vectores de inflación. Si el barril de Brent se mantiene por encima de los 85 dólares, el encarecimiento del diésel podría trasladarse a los alimentos y a los bienes industriales en cuestión de semanas, justo cuando el Banco Central Europeo confiaba en que la inflación se aproximara al objetivo del 2%.

Además, el riesgo sobre el estrecho de Ormuz afecta directamente a los contratos de futuros del gas natural licuado, del cual España es un importante hub. Las empresas del sector energético español, como Repsol o Naturgy, verían sus márgenes presionados por la volatilidad, mientras que las familias hipotecadas a tipo variable observarían con preocupación cómo el Euríbor podría retrasar su descenso. Por ahora, la recomendación es prudencia y diversificación, pero si la tensión persiste, la economía europea tendrá difícil escapar de un nuevo ciclo de inflación importada.

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