Celsa inicia su venta por 5.000 millones tras el veto al acero chino que dispara márgenes
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Los fondos SPV y Attestor contratarán un banco de inversión en septiembre para pilotar la operación. En paralelo, la siderúrgica refuerza su consejo con dos banqueros de perfil corporativo.
Celsa ha puesto en marcha el proceso de venta del grupo siderúrgico, valorado en cerca de 5.000 millones de euros, según han confirmado fuentes financieras. La decisión de los fondos acreedores que tomaron el control en 2023 —Strategic Value Partners (SPV) y Attestor, junto a DWS, Golden Tree y Cross Ocean— se produce en un momento de máximos de rentabilidad para el sector, impulsado por el veto de la Unión Europea a las importaciones masivas de acero chino.
Los actuales accionistas de Celsa han acordado iniciar la selección de un banco de inversión a partir de septiembre, con el objetivo de buscar un comprador para la totalidad del grupo. La operación se asienta sobre una transformación radical: la compañía ha pasado de un agujero patrimonial superior a los 3.000 millones de euros bajo la gestión de la familia Rubiralta a unas proyecciones de EBITDA que se acercarán a los 600 millones en 2026 y a 800 millones en 2027, según las mismas fuentes.
El movimiento es la culminación del plan de salvamento orquestado en 2023, cuando los fondos capitalizaron deuda por cerca de 2.000 millones y reflotaron la siderúrgica tras su concurso. Aquel canje de deuda por capital recibió el visto bueno del Gobierno de Pedro Sánchez con la condición de que se diera entrada a un socio industrial español hasta un 20%. Ni Sidenor, ni el empresario José Manuel Gallardo ni Criteria Caixa —que alcanzó un principio de acuerdo sin llegar a formalizarlo— lograron cubrir ese porcentaje. En todo caso, los fondos consideran que cumplieron el mandato gubernamental de intentarlo.
Citi y Houlihan Lokey, las entidades que han trabajado para Celsa en las últimas desinversiones y en la búsqueda fallida de socio español, parten como favoritas para pilotar la venta. Si bien aún no se ha firmado el mandato, fuentes próximas apuntan a que serán las encargadas de sondeear tanto a fondos de infraestructuras como a grupos industriales europeos con interés en reforzar su capacidad de producción de acero largo. La valoración de 5.000 millones se sustenta en los múltiplos que manejan operaciones similares en el sector, tomando como base un EBITDA esperado de 800 millones en 2027.
El despegue de las proyecciones de Celsa no se entiende sin la reciente ofensiva comercial de Bruselas. Desde este mismo mes de julio, la Comisión Europea ha reducido a la mitad el volumen de acero importado libre de aranceles —hasta unos 18,3 millones de toneladas anuales— y ha elevado al 50% el gravamen para todo lo que supere esa cuota. La medida, pensada para frenar la avalancha china, convierte a los productores comunitarios con capacidad excedentaria en los grandes beneficiados.
Celsa, con una presencia industrial relevante en Polonia y cerca de la frontera con Ucrania, prevé cerrar 2025 con un beneficio operativo de alrededor de 400 millones de euros. Para 2026, la cifra se acercará a los 600 millones, gracias en buena medida a la protección arancelaria. En el horizonte de 2027, la compañía maneja ya un EBITDA cercano a los 800 millones. La evolución es la siguiente:
A ese escenario, calificado de realista por las fuentes consultadas, podría sumarse una prima adicional si el conflicto en Ucrania desemboca en un acuerdo de paz. Celsa es propietaria de la siderúrgica más próxima a Kiev, y su planta polaca ya genera unos 120 millones de EBITDA anual. Una eventual reconstrucción del país elevaría de forma significativa los volúmenes de pedidos, reforzando aún más la valoración del grupo.
Con el horizonte de la venta ya fijado, la reciente junta general de accionistas aprobó la incorporación al consejo de dos nombres de primer nivel en la banca de inversión: Enrique Casanueva, actual consejero de BBVA, ex responsable de JP Morgan en España e ingeniero industrial con MBA por el MIT, y Claudio Aguirre, economista, MBA por IE y AMP por Harvard, que dirigió Bank of America en Madrid y asesora a Goldman Sachs. Ambos se suman a Daniel Escondrillas, que trabajó en Citi y fue responsable de Natixis en España, completando un triunvirato de perfil netamente corporativo.
La incorporación de Casanueva y Aguirre es una señal inequívoca del rumbo trazado por los propietarios. El presidente, Rafael Vilaseca, exconsejero delegado de Gas Natural (ahora Naturgy), contará con tres banqueros acostumbrados a moverse en los mercados de capitales de la City londinense. Su misión: preparar a Celsa para el escrutinio de los inversores, maximizar el valor en el proceso competitivo y negociar las condiciones de una eventual salida total de los fondos acreedores.
La venta no es una huida, sino la culminación lógica de un plan de revalorización que ha multiplicado el EBITDA en apenas tres años.
El sector siderúrgico europeo atraviesa un momento de reordenación que no había visto en décadas. Las salvaguardas al acero chino funcionan como un dique temporal, pero su revisión periódica introduce un factor de incertidumbre que los compradores deberán valorar. A diferencia de otras desinversiones, Celsa no depende de una sola variable: combina producción de acero largo —con aplicación en construcción e infraestructuras— con una huella geográfica que abarca desde España hasta el este de Europa.
La gran cuestión es si la actual ventana comercial se mantendrá el tiempo suficiente para que el proceso cristalice en una oferta atractiva. Los fondos vendedores deben elegir al banco de inversión en septiembre, lanzar el cuaderno de venta en los meses siguientes y recibir ofertas vinculantes en un plazo que probablemente se adentrará en 2027. Para entonces, parte del colchón arancelario podría haberse moderado si China redirige sus excedentes a otros mercados y la presión política en Bruselas se relaja.
Otro riesgo es la ejecución: la familia Rubiralta había descapitalizado la empresa durante años y, aunque los nuevos gestores han saneado el balance, el grupo acumula una historia de tensiones financieras que algunos posibles compradores podrían penalizar en el precio. La presencia de directivos con experiencia en mercados de capitales en el consejo busca precisamente mitigar esa percepción y presentar a Celsa como una plataforma de crecimiento, no como una reestructuración fallida.
Pese a estas advertencias, el sentimiento en el mercado es favorable. La combinación de aranceles, una posible reconstrucción ucraniana y un equipo gestor focalizado en la rentabilidad dibuja un activo atractivo para fondos de infraestructuras y para grupos industriales como los grandes players del acero en Europa central. Si las proyecciones de EBITDA se confirman, los 5.000 millones de valoración —cerca de 6,25 veces el EBITDA de 2027— no parecen un múltiplo excesivo frente a transacciones recientes que han oscilado entre 6 y 8 veces.
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