La búsqueda de pozos petrolíferos en el país podrían suponer para la compañía un desgaste adicional dada la fragilidad de la infraestructura venezolana.
Repsol está buscando expandir su presencia en Venezuela con la nueva firma de un acuerdo de intenciones para la exploración y desarrollo de una nueva zona petrolífera en el país caribeño.
Se trata de un proyecto petrolero denominado Horcón localizado en la costa del sureste del lago de Maracaibo, próxima además a los campos petroleros de Barúa y Motatán, que ya forman parte de la cartera de activos de Repsol en Venezuela, junto a los yacimientos productores de crudo de Petroquiriquire y Petrocarabobo, y el activo de gas de Cardón IV. Según las autoridades venezolanas el potencial de Horcón podría aportar unos 20.000 barriles diarios adicionales de crudo ligero a la empresa mixta Petroquiriquire (60% de la empresa publica venezolana PDVSA y 40% de Repsol) de los 40.000 barriles que ya genera la joint venture.
Sin embargo, este movimiento no es asilado, ya que la petrolera española en abril firmó otro acuerdo con el Ministerio de Hidrocarburos y PDVSA que le permitió recuperar el control de las operaciones e incrementar la producción de petróleo en Petroquiriquire. De esta forma, la petrolera consolida su estrategia de expansión por Venezuela, no por nada la compañía ya anunció que tiene pensada aumentar su producción hidrocarburos hasta un 50% en un plazo de 12 meses, al igual que triplicarla en un plazo de tres años.
No obstante este último movimiento se ha dado en un contexto en el que la infraestructura petrolera venezolana está completamente rota, debido a años de falta de inversión, presiones internacionales y regulatorias, que convierten al país caribeño en todo un terreno muy arriesgado para realizar cualquier tipo de inversión.
En este sentido, un informe estratégico encargado por el Departamento de Energía de Estados Unidos apunta que Venezuela no enfrenta una escasez geológica de recursos, sino un colapso progresivo de la infraestructura necesaria para transformar reservas en exportaciones rentables con varios cuellos de botella. Uno de los más destacados son los problemas eléctricos del país caribeño, no por nada, en mayo de 2026 la demanda eléctrica del país supero los 15.500 MW, provocando por consiguiente, apagones y fluctuaciones severas en regiones petroleras clave como Zulia, Monagas y Anzoátegui.
La trampa del crudo: ¿por qué Repsol sigue atrapada operativamente en Venezuela?
Es decir, a pesar de que el informe estratégico no esté dirigido directamente hacia la compañía, es clara con sus advertencias, ya que afectan directamente a las operaciones de Repsol que tiene el objetivo de aumentar su producción en Venezuela. De hecho, partiendo de los problemas de abastecimiento energético, la petrolera sufriría problemas recurrentes a nivel eléctrico dentro de sus sistemas de extracción de crudo como las bombas electro sumergibles (ESP). Y en caso de tener esta clase de fallas, el documento advierte que se podrían dar daños en el flujo del pozo petrolífero, dando pie a gastos millonarios para volver a su operación normal.
A esto se le suma, de la dependencia estructural que tiene el crudo venezolano de otros insumos como la nafta para poder diluirlo y transportarlo debido a su altísima viscosidad; un problema que, a pesar de que este último proyecto esté asociado al curdo ligero, la mayoría de los negocios de Repsol están vinculados con el pesado.
De hecho, el informe dirigido al Departamento de Energía de Estados Unidos, apunta a que para procesar esta clase de crudo proveniente de la Faja Petrolífera del Orinoco, Venezuela necesitó importar aproximadamente 141.000 barriles diarios de nafta pesada para sostener su exportación de abril. Por lo que, la carencia de estos recursos diluyentes por problemas logísticos o bancarios daría pie a que la producción petrolera de empresas como Repsol se vieran interrumpidas inmediatamente.
Por otro lado, también hay que mencionar que la crisis venezolana ha destruido buena parte de la capacidad industrial local que históricamente daba soporte al sector petrolero. Es decir, hablamos de equipos especializados como taladros, válvulas certificadas, componentes API y herramientas críticas deben importarse casi íntegramente desde el extranjero.
El informe destaca que componentes que normalmente tardarían semanas en llegar a operaciones petroleras en otros países, se pueden demorar entre seis y nueve meses en Venezuela debido a problemas de cumplimiento y aduanas. Sumado a la crisis del dragado del lago de Maracaibo (donde se encuentra el nuevo pozo de Horcón) por el que los operadores occidentales como Repsol ven dificultadas sus operaciones con el riesgo de que sus buques incluso queden varados sino realizan costosos procesos como la transferencia buque a buque en aguas internacionales. Por lo que, en conjunto se multiplican aún más los costes y se ralentiza cualquier expansión operativa.
Sin embargo, el cuello de botella más importante no es físico, sino financiero, ya que, a pesar de que Washington haya flexibilizado parcialmente las sanciones mediante licencias específicas, el sistema bancario internacional continúa considerando a Venezuela un entorno de alto riesgo. De hecho, bancos internacionales se resisten a procesar pagos, confirmar cartas de crédito o financiar operaciones asociadas a PDVSA. Por no hablar de la “prima Venezuela”, donde proveedores internacionales incrementan entre un 40% y un 60% el coste de servicios y equipos debido al riesgo regulatorio y legal asociado al país.
En definitiva, pese a que Repsol vaya a continuar con sus operaciones en Venezuela, el escenario no es el más propicio para el desarrollo de un pozo de extracción de crudo, que promete aportar hasta 20.000 barriles al día a la joint venture que tiene la petrolera con PDVSA. Es por ello las acciones de la compañía en el país caribeño son toda una apuesta que podría no darle los retornos esperados debido a la fragilidad de la infraestructura petrolífera del país.