La infraestructura de 6.400 millones de dólares canadienses acaba con el monopolio de la familia Moroun, aliada de Trump, en la ruta por la que transita el 25% del comercio bilateral. Su puesta en marcha, confirmada hoy por Ottawa, desafía las amenazas del presidente estadouniden
He seguido con atención las declaraciones del primer ministro canadiense, Mark Carney, que ha confirmado hoy en Ottawa que el puente internacional Gordie Howe se abrirá al tráfico a finales de esta misma semana. Es la culminación de una obra faraónica —6.400 millones de dólares canadienses— que rompe un monopolio de casi un siglo y desafía las amenazas explícitas del presidente estadounidense, Donald Trump.
El nuevo cruce sobre el río Detroit, de 2,5 kilómetros y seis carriles, conecta Windsor (Canadá) con Detroit (Estados Unidos). Ha sido financiado íntegramente por Canadá. Su entrada en funcionamiento acaba con el monopolio del vecino Ambassador Bridge, propiedad de la familia Moroun desde 1929, que hasta ahora era el único enlace para el 25 % de todo el tráfico comercial bilateral.
El propio Dilkens señaló en febrero que “la familia Moroun ha intentado desde el principio dificultar la construcción del nuevo puente para proteger sus intereses económicos”. Esa pugna explica por qué el proyecto ha sido una batalla política y legal de más de una década.
“El puente será abierto a finales de la semana. Es un símbolo, pero también un hecho sobre la cooperación entre nuestros países. Es fenomenal para los canadienses y estadounidenses que cruzan la frontera, así como para el comercio.” — Mark Carney, primer ministro de Canadá, Ottawa, 9 de junio de 2026
Lo que más me ha llamado la atención es el entramado político que ha rodeado los intentos de bloqueo. En febrero de este año, Trump escribió en Truth Social: “No permitiré que este puente se abra hasta que Estados Unidos reciba una compensación completa por todo lo que le hemos dado y, además, hasta que Canadá trate a Estados Unidos con la justicia y el respeto que merecemos”. Poco después, The New York Times reveló que la familia Moroun había donado al menos un millón de dólares a un comité de acción política (PAC) afín al presidente.
“No permitiré que este puente se abra hasta que Estados Unidos reciba una compensación completa por todo lo que le hemos dado y, además, hasta que Canadá trate a Estados Unidos con la justicia y el respeto que merecemos.” — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, Truth Social, febrero de 2026
La sincronía entre la donación y las amenazas presidenciales no ha pasado desapercibida. El Ambassador Bridge, con un pico histórico de 12,7 millones de vehículos en 1999, verá cómo la mayor parte de esos tránsitos se desvían al nuevo puente. El monopolio de la familia Moroun, que durante décadas cobró peajes sin competencia, toca a su fin.
En mi lectura, la apertura del Gordie Howe demuestra que la infraestructura puede imponerse a las presiones políticas cortoplacistas. Canadá ha mantenido el pulso hasta el final, incluso asumiendo el coste íntegro. La obra es un recordatorio de que el comercio entre ambos países —más de 700.000 millones de dólares anuales— necesita rutas fiables, no rehenes políticos.
Sin embargo, no todo está resuelto. La administración Trump podría buscar represalias indirectas, como endurecer inspecciones aduaneras o reactivar aranceles al acero y al aluminio canadienses. La diferencia es que ahora existe una alternativa física; Detroit y Windsor no dependen ya de un solo puente controlado por intereses privados que coquetean con la Casa Blanca.
Para el lector español, la conexión puede parecer remota, pero el corredor Windsor-Detroit es una de las arterias logísticas más críticas de América del Norte. Cualquier interrupción en ese cruce afecta directamente a las cadenas de suministro del sector automovilístico y manufacturero, sectores en los que las empresas europeas —incluidas las españolas— tienen intereses indirectos a través de filiales o proveedores.
Además, el desenlace envía una señal nítida a Bruselas: Ottawa ha sorteado el bloqueo de Trump sin ceder en las negociaciones comerciales. Para la UE, que está calibrando su respuesta a los aranceles estadounidenses, el ejemplo canadiense prueba que la integración física de los mercados puede resistir mejor que los acuerdos políticos. El Euríbor, desde luego, no se moverá por este puente. Pero los inversores globales sí toman nota de que el comercio norteamericano mantiene infraestructuras abiertas incluso bajo máxima presión política.