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Nevaco Global
12 de junio de 2026

Balears: gobernar la apertura

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En el X Foro El Económico tuve la oportunidad de plantear una reflexión que considero decisiva para Balears: la nueva geoeconomía no es solo una conversación sobre grandes potencias, aranceles, tecnología, seguridad o bloques comerciales. Es, sobre todo, una conversación sobre la capacidad de los territorios para seguir generando prosperidad, cohesión y bienestar en un mundo más fragmentado e incierto. Durante décadas, Balears ha construido buena parte de su éxito sobre una extraordinaria apertura al mundo. Hemos sabido atraer visitantes, inversión, talento, reconocimiento internacional y capacidad empresarial. Hemos convertido nuestra condición insular en una posición central en una de las actividades económicas más relevantes del planeta: el turismo.

Pero la pregunta de fondo es si este éxito, tal como lo hemos entendido hasta ahora, basta para sostener la prosperidad futura. Porque un territorio puede ser rico y sentirse frágil; puede ser admirado desde fuera y tensionado por dentro; puede crecer y, al mismo tiempo, tener dificultades para garantizar vivienda, movilidad, acceso a recursos, retención de talento o calidad de vida.Esta es una de las grandes paradojas de Balears. Durante años hemos debatido sobre turismo, vivienda, suelo, agua, movilidad, productividad, sostenibilidad o coste de vida como si fueran problemas separados. Quizá, sin embargo, son manifestaciones de una misma cuestión: cómo puede una economía extraordinariamente abierta seguir gobernando las condiciones internas que hacen posible su prosperidad.

La nueva geoeconomía obliga a formular esta pregunta con más claridad. Los riesgos globales no impactan igual en todos los territorios. Lo hacen con más fuerza allí donde encuentran dependencias excesivas, fragilidad energética, baja productividad relativa, presión sobre los recursos naturales o poca capacidad de coordinación institucional y empresarial. Por esto, el mayor riesgo geoeconómico para Balears no es solo una guerra comercial, una crisis energética, una tensión tecnológica o una nueva inestabilidad en el Mediterráneo. Todo esto importa. Pero el riesgo decisivo es que estas tensiones externas encuentren aquí una arquitectura interna demasiado vulnerable.

Balears no necesita cerrarse al mundo. Sería imposible e indeseable. Nuestra apertura ha sido una fuente extraordinaria de oportunidades. Lo que necesitamos es aprender a estar en el mundo de otra manera: con más inteligencia territorial, anticipación, coordinación y ambición estratégica. La cuestión ya no es atraer más, sino ordenar mejor lo que atraemos. No es recibir más flujos, sino transformarlos en valor duradero. No es tener más presencia global, sino convertir esta presencia en bienestar local. No es crecer por encima de todo, sino asegurar que la prosperidad no erosione las bases que la hacen posible.

Durante años hemos hablado de los costes del éxito. Tal vez a partir de ahora debamos hablar de algo más profundo: las condiciones de nuestra viabilidad. Qué necesita Balears para seguir siendo un territorio próspero dentro de veinte o treinta años. Cómo convertimos nuestra apertura exterior en habitabilidad interna. Balears ya demostró que sabía abrirse al mundo. Ahora debe demostrar algo más difícil: que sabe gobernar esta apertura.

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