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Nevaco Global
22 de septiembre de 2026

Las nuevas rutas marítimas

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¿Por qué vinieron los ingleses a Menorca? Seguramente no por las playas. En aquella época no estaban de moda.

Vinieron por lo que no sale en las postales. La posición de Menorca es estratégica. Lo ha sido siempre: está en el cruce de las dos grandes rutas del Mediterráneo occidental, la que une España con Italia y la que baja de Francia a Argel. Con la flota en Mahón, los ingleses vigilaban Toulon, la gran base naval francesa. Por eso en 1708 se quedaron con Menorca. Y en Utrecht, en 1713, lo pusieron por escrito: las dos llaves del Mediterráneo, Gibraltar y Menorca. No pidieron Mallorca, que era más grande y rica. Pidieron la pequeña. La del puerto.

Los ingleses no fueron los únicos. Detrás de cada gran imperio hubo una ruta: la de las especias pagó el siglo de oro de Ámsterdam; el galeón de Manila sostuvo el imperio español durante doscientos cincuenta años, uniendo Asia con América y con Sevilla; y el comercio con Oriente hizo grande a Venecia. Hasta que el mundo dejó de pasar por sus aguas y Venecia se apagó. Nadie tuvo que conquistarla.

Quien controla la ruta controla el comercio: decide qué se mueve, y a qué precio. Y quien la pierde, se apaga.

Hasta hace poco, la respuesta era sencilla: las rutas las vigilaba la marina americana y los contenedores llevaban escrito Maersk, MSC, Hapag-Lloyd. Pero algo está cambiando. El mundo ya no comercia con especias: comercia con tecnología. Y la fábrica del mundo está en China. Ya no hace solo camisetas. En Menorca lo aprendimos de los primeros: la bisutería se fue para allá cuando «Made in China» todavía era sinónimo de baratija.

¿Le suena una marca de coches llamada BYD? Las siglas significan Build Your Dreams: construye tus sueños. Si todavía no ha visto uno por la calle, no se preocupe: lo verá. El año pasado vendió más de cuatro millones y medio de coches en el mundo, en torno a uno de cada veinte. Y en España la progresión asusta: seiscientos coches en 2023, cinco mil en 2024, veinticinco mil en 2025. Este año superó esa cifra entera en julio. Ya es la sexta marca que más compran los españoles a título particular.

Mientras tanto, Volkswagen acaba de aprobar el mayor recorte de su historia: cien mil empleos y cuatro fábricas alemanas señaladas. Sería la primera vez que cierra plantas en su propio país. Y la supervivencia de Seat solo la han garantizado hasta 2030.

¿Y cómo llegan esos coches hasta aquí? En sus propios barcos. El BYD Shenzhen, el mayor transportador de coches del mundo, mide más de doscientos metros y carga nueve mil doscientos vehículos. La compañía acaba de encargar diez buques más: tendrá dieciocho. La empresa que hace treinta años montaba baterías de teléfono para otros hoy bota los mayores barcos de coches del planeta.

¿Y sabe qué cargan esos barcos de vuelta a China? Nada. Vuelven con las cubiertas vacías.

Eso no es un problema de logística. Es un retrato. Por cada coche que Europa vendió a China el año pasado, China nos vendió siete.

Y BYD es solo una parte de las exportaciones. China fabrica treinta y cuatro millones de coches al año, uno por segundo, y desde 2023 es el primer exportador mundial: casi siete millones el año pasado, por delante de Japón. Y ahora, lo que no crean, lo compran: Volvo es china desde 2010, MG la británica y hasta Pirelli, los neumáticos de la Fórmula 1, también. Además de los coches nos venden placas solares, baterías y electrónica. Hasta los barcos se fabrican allí: seis de cada diez buques que se encargan hoy en el mundo se construyen en astilleros chinos.

Hoy, las empresas chinas participan en más de ciento treinta puertos fuera de su país. La naviera estatal COSCO compró el Pireo, el puerto de Atenas, en plena crisis griega. En Perú acaban de estrenar Chancay, un megapuerto que conecta Sudamérica directamente con Shanghái. Y en España operan terminales de contenedores en Valencia y Bilbao. Un número: el ochenta por ciento del comercio mundial viaja por mar.

¿Cómo se hace todo esto en una generación? Pensando en varias. En 2015, el gobierno chino publicó un plan industrial con la lista de lo que pensaba conquistar: coches eléctricos, barcos, robots. Lo tituló «Made in China 2025». La fecha estaba en la portada. Diez años después lo han cumplido punto por punto. Y aun así, pocos lo vieron venir.

En Occidente, medimos el tiempo en trimestres y legislaturas. Ellos, en generaciones. Dice un proverbio chino: el mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años; el segundo mejor, hoy. Llevan cuarenta años plantando.

Nosotros vivimos deprisa. Ellos construyen deprisa y piensan despacio.

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