Los sanitarios durante una intervención para la extracción de órganos en el hospital menorquín.
Detrás de cada donación hay una muerte y una decisión dura, pero si algo alienta a quienes la toman es que no será en vano. Los 70 donantes que se han registrado en 25 años en el Hospital Mateu Orfila han posibilitado 219 trasplantes de órganos efectivos, y otros 89 trasplantes de tejidos. Han multiplicado la vida y beneficiado a más de doscientas personas ya que 45 de esas 70 donaciones fueron multiorgánicas, lo que significa que se extrajeron como mínimo dos órganos, «depende de la edad y las patologías», explica el doctor Ramón Fernández-Cid, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y coordinador de trasplantes del hospital.
Para los profesionales –se activan y coordinan más de 50 para trabajar contrarreloj cuando surge un donante–, también hay momentos difíciles. Así lo reconoció Fernández-Cid en el acto del 25 aniversario celebrado en el ‘Mateu Orfila’, con su recuerdo hacia una compañera, la oncóloga Catalina Abal, fallecida en 2012 con solo 36 años de edad y que donó sus órganos. «Su pérdida ha sido sin duda uno de los momentos más duros de este camino», aseguró. Otro momento que le impactó ocurrió este mismo año al practicar la primera extracción de órganos a partir de una eutanasia, «se trata de una donación en primera persona, la carga emocional es muy alta», declaró tras ese nuevo paso en la evolución del servicio.
El hospital «ha ido rodando en todo lo que es la logística de una extracción», señala el médico, «cuando empezamos todo era muy duro, había que poner en marcha un circuito que no se había hecho nunca». También destaca la evolución en el procedimiento, «hemos pasado de donantes por muerte cerebral a donantes en asistolia controlada (parada cardiaca tras retirar la ventilación mecánica)». La donación por asistolia empezó en 2015 en Son Espases y en 2017 en el Mateu Orfila.
De los 70 donantes que se han registrado en los 25 años de donación y trasplante en el Área de Salud (4 en lo que va de 2026), 49 fueron en muerte cerebral y 21 en asistolia. «En los últimos años la asistolia está superando a las muertes cerebrales», afirma el intensivista, es otro tipo de técnica y de logística todavía más rigurosa, tenemos menos tiempo para hacer todo el proceso, implica trabajar con más estrés».
La mayor parte de los donantes fallecieron por traumatismos craneoencefálicos y accidentes cerebrovasculares. También ha habido 10 casos de donación en los que se ha requerido la autorización judicial. En cuanto al perfil del donante, 59 de los 70 eran residentes en Menorca, la edad media fue de 58 años mientras que por sexos, 38 fueron mujeres y 32 hombres. Los grupos sanguíneos más frecuentes son el 0+ y el A+ que son los que más se dan en la Isla.
España, líder mundial en donación de órganos y organización de trasplantes, cuenta con una normativa pionera en su época, la Ley 30/1979, por la que todos los ciudadanos son considerados donantes por defecto, tras su fallecimiento, salvo que hayan expresado su oposición en vida. Más tarde, en 2002, se aprobó el testamento vital, con la Ley de Autonomía del Paciente.
En la práctica ese consentimiento siempre es consultado con las familias, explica el doctor Fernández-Cid. «La Organización Nacional de Trasplantes (ONT) desde sus inicios en 1989 lo decidió así por consenso, lo contrario hubiera sido un choque cultural y social muy fuerte», afirma, «ahora con los testamentos vitales tenemos mucho camino ganado, ya que prevalecen sobre lo que diga la familia».
En caso de que no exista ese documento legal siempre se habla con los familiares sobre lo que hubiera deseado la persona fallecida. «Cada vez hay menos negativas», añade. La concienciación es elevada y la tasa española en 2025 fue mucho mayor que en otros países, 51,9 donantes fallecidos por cada millón de población, según el balance de la ONT.
La historia de la donación de órganos en Menorca va de la mano de la creación de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) en el Hospital Verge del Toro, inaugurada en 1999. Dos años más tarde el centro fue acreditado para la extracción de órganos y tejidos. Hasta ese momento, recuerda el doctor Ramón Fernández-Cid, la posibilidad de donar se complicaba, porque solo se realizaba la extracción de órganos en Palma, en aquellos años en el Hospital de Son Dureta.
—Yo me formé en el Hospital Central de Asturias, allí había dos coordinadores legendarios de la ONT, los doctores Jesús Otero y Lola Escudero. Había trabajado en ese campo y al llegar aquí y ver que no se había implantado la extracción de órganos, eso me animó la posibilidad de empezar. Hablé con los coordinadores de Son Dureta de entonces y me animaron y motivaron mucho a hacerlo, a mi y a todas las personas que trabajaron con nosotros.
—Nos ayudaron mucho a empezar aquí la actividad, estaban los doctores Pere Marsé, ahora jubilado, y Julio Velasco, ahora nuestro coordinador emérito de trasplantes de Balears. Recibimos apoyo con todo tipo de consejos y protocolos.
—La donación y extracción de órganos no es una cuestión solo del coordinador. Hay un grupo de tres enfermeras que se dedica a la coordinación y luego está todo el hospital, cuando se pone una donación en marcha participan más de 50 personas, cualquier día del año y a cualquier hora. Esto es un trabajo de equipo, lo iniciamos los coordinadores cuando detectamos un donante, pero hasta que los órganos llegan a su destino hay un largo proceso en el que interviene todo el hospital, eso es lo más bonito, que un hospital pequeño, insular, puede llegar a hacer estas cosas.
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