El shale neuquino dejó atrás la discusión sobre su potencial geológico. En Houston, la industria puso el foco en infraestructura, exportaciones, GNL y nuevas inversiones para llevar la producción de la cuenca a los mercados internacionales.
Vaca Muerta entró en una nueva etapa. La discusión ya no pasa por demostrar que la formación neuquina tiene recursos, sino por cuánto puede crecer y qué infraestructura necesita para transformar ese potencial en producción y exportaciones.
La definición surgió en Houston, durante la quinta edición del encuentro organizado por el IAPG Houston bajo el lema Unleashing Vaca Muerta to the World. Allí, ejecutivos, funcionarios y representantes de Neuquén analizaron las oportunidades que se abren para el shale argentino frente al creciente interés internacional.
Carola Rawson, presidenta del IAPG Houston, resumió el cambio de escenario: durante años, la principal pregunta era cómo sacar la producción de Neuquén. Ahora, con nuevas obras en marcha, el foco está puesto en evacuar mayores volúmenes, ampliar las exportaciones y garantizar condiciones para inversiones de largo plazo.
Entre los proyectos centrales aparece VMOS, el sistema de infraestructura destinado a ampliar la capacidad de transporte de crudo desde Vaca Muerta. Para la industria, esa expansión resulta determinante. El crecimiento de la producción necesita nuevos ductos, terminales y capacidad logística para llegar a los mercados externos.
La agenda también incluye el gas, el GNL y los líquidos del gas natural. La transformación de Vaca Muerta, plantean en el sector, excede así a la actividad de los yacimientos y comienza a involucrar a toda la cadena energética. En ese proceso, el RIGI aparece como una herramienta para atraer proyectos de gran escala y reducir parte de los riesgos que históricamente condicionaron las inversiones en la Argentina.
El interés internacional también cambió de dimensión. Compañías como Continental Resources y Chevron avanzan con posiciones en la formación, mientras otras empresas globales siguen de cerca las posibilidades de crecimiento. El atractivo ya no está solamente en la calidad del recurso. Las compañías evalúan la combinación de reservas, capacidad productiva, infraestructura y acceso a mercados internacionales.
La demanda energética mundial suma otro factor a favor. En un escenario atravesado por conflictos geopolíticos y la necesidad de diversificar las fuentes de abastecimiento, Argentina busca posicionar a Vaca Muerta como un proveedor relevante de petróleo y gas.
La nueva escala del desarrollo también abre negocios que van más allá de los hidrocarburos tradicionales. Durante el encuentro en Houston apareció con fuerza el interés por los centros de datos, grandes consumidores de energía que podrían encontrar en la disponibilidad energética argentina una oportunidad para instalar nuevas operaciones.
La posibilidad plantea un escenario diferente: utilizar la energía producida por Vaca Muerta no solo para exportar hidrocarburos, sino también para atraer industrias y generar actividad económica dentro del país. El entusiasmo quedó reflejado en la propia convocatoria del encuentro del IAPG Houston, que superó las expectativas de sus organizadores y debió trasladarse a un espacio de mayor capacidad.
El cambio de escala también modificó la pregunta central. Hace una década, el desafío era demostrar que Argentina podía desarrollar shale. Hoy Vaca Muerta ya pasó esa prueba: el debate es cuánto puede crecer, cómo financiar ese crecimiento y hasta dónde puede llegar su impacto en los mercados globales.
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