La relación entre España y Marruecos siempre ha estado marcada por la tensión, dentro de la inevitable cooperación que debe existir entre países vecinos. Un equilibrio que Rabat rompe cuando percibe debilidad en el Gobierno español, valiéndose para ello de la presión migratoria. La respuesta de Pedro Sánchez ha sido elogiar al régimen marroquí en lugar de utilizar las herramientas de las que dispone para imponer la reciprocidad en las relaciones.
Perdida ya la baza del Sáhara, una de las armas de presión que más daño podría causar a Marruecos sería revisar los acuerdos comerciales entre ambos países y, en especial, con la UE. España se ha convertido en el principal socio comercial del país alauita, con intercambios que superan los 22.500 millones de euros anuales, pudiendo llegar a los 26.000 si se incluyen servicios, tal y como recoge la web del Ministerio de Economía.
Es, además, "el primer destino de la inversión española en el continente africano, con un valor acumulado de 2.310 millones de euros y más de 25.000 empleos generados en sectores estratégicos como energía, automóvil, agroalimentario, textil, turismo e infraestructuras", continúa explicando la página del Ministerio.
Los intereses entre ambos países son mutuos, pero la balanza comercial es cada año más beneficiosa para Marruecos, lo que en la actualidad ha llevado a que casi se importe lo mismo que se exporta. El país vecino tendría en cualquier caso más que perder si se restablecieran aranceles porque España compra el 25% de las exportaciones marroquíes.
Tal y como publicó Libre Mercado, las importaciones de productos marroquíes a España se han disparado un 60% desde la llegada de Sánchez a la Moncloa, por lo que su dependencia ha crecido. Nuestro país permite, además, el tránsito de mercancías hacia el resto de la UE, con quien Rabat mantiene un acuerdo de libre comercio desde el año 2000.
Marruecos recibe, además, 7.000 millones de ayudas y préstamos desde Europa, de los cuales algo más de 1.000 provienen de España, según datos de Exteriores. Nuestro país financia, además, infraestructuras y sectores clave para Marruecos a cambio de que las relaciones entre ambos países mantengan su equilibrio, que Rabat rompió hace tres semanas con la entrada de 70.000 personas en Ceuta.
A todos estos intereses se añade la organización del Mundial de fútbol de 2030, que cuenta también con la colaboración de Marruecos gracias a la mediación del Gobierno de Pedro Sánchez. Está en duda si la final podría acabar celebrándose en Casablanca, si España no lo impide.
Nuestro país es una de las principales potencias del fútbol, por lo que cualquier movimiento en este sentido puede ser clave. Vox y Sumar ya han pedido eliminar a Marruecos como país organizador, en respuesta a la invasión de nuestro territorio, lo que le causaría un grave perjuicio económico.