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Nevaco Global
20 de septiembre de 2026

“China es el supermercado del mundo, cualquier producto que busques lo fabrican allí"

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Comercios de productos importados de China en el polígono La Cova de Manises. / Fernando Bustamante

En las últimas décadas, el mercado chino se ha encaminado hacia la fabricación masiva de productos y a vender al resto del planeta, un modelo que también se ha aplicado al negocio valenciano. En 2025, la Comunitat Valenciana importó bienes por más de 6.000 millones de euros, reforzando una conexión abierta desde hace cientos de años, cuando Valencia se convirtió en uno de los puntos principales de la ruta de la seda en el mediterráneo.

Descarga de un barco en el puerto de València / JM Lopez / LEV

En el Siglo XXI, muchos consideran que se trata de un país que se ha convertido en "la fábrica del mundo", una expresión que resalta David López-Pérez, decano del Beihang Valencia Polytechnic Institute de la Universitat Politècnica de València (UPV), el centro universitario que ha comenzado su actividad este curso. “Ya no solo se produce barato, sino que también están en primer línea tecnológica", asegura. Por su parte, Javier Canfrán, empresario exportador de textil que lleva viajando a China desde 2008, difiere en la expresión, pero no en el significado: “China es el supermercado del mundo, cualquier producto que busques lo fabrican allí".

Son muchas los empresarios que eligen China como fuente para conseguir las materias primas, y otras más desarrolladas, para producir y vender sus bienes. Javier Canfrán conoce esa conexión desde el lado más práctico: negociar, comprar y transportar. El textil es su especialidad, pero no se cierra las puertas a ningún otro producto. Ha visto como China ha evolucionado en los últimos años, una transformación radical que no ha hecho que los prejuicios cambien: "Nos creemos que es un todo a cien y no. Se puede pedir una colcha de un euro o de diez", asegura. Su experiencia es clara: la diferencia está en lo que el cliente exige y paga.

Javier Canfrán, empresario dedicado a la exportación de productos / Cedidas por Javier Canfrán

Más allá del tema de la calidad, también entiende que se trata de proveedores "bastante serios". Los tiempos de producción, los plazos de entrega y sin sorpresas son las tres cosas que más valora Canfrán respecto a otros mercados como el pakistaní. "Una vez has empezado a trabajar con ellos es muy sencillo, entrar sí que es más complicado", relata, una situación que también ha mejorado debido al avance de tecnológico: antes era imprescindible ir a las ferias a hacer contactos, hoy, a través de internet, es mucho más fácil.

Pese a que las barreras y las diferencias políticas entre Europa y Asia existen, no rompen el mercado. La opinión de Canfrán es clara, los aranceles no son diferenciadores, sigue saliendo rentable para los compradores. "Están condenados a entenderse independientemente de las diferencias políticas o ideológicas. Europa necesita a China y China necesita a Europa, el 50 % de sus ventas son a Europa y el 80 % de las importaciones europeas vienen de China", expresa el empresario, que tampoco considera al país asiático un competidor, sino un socio necesario.

La relación ya no pasa por el presente y el pasado, sino que la UPV busca que también sea a futuro. El Beihang Valencia Polytechnic Institute ha convertido a la UPV en la primera universidad española con enseñanza oficial presencial en China. Para López-Pérez, “China es un gigante tecnológico que está creciendo muy rápidamente”. Hangzhou concentra empresas vinculadas al vehículo eléctrico, la inteligencia artificial o la robótica que, a su juicio, obligan a la universidad a “estar donde está la tecnología puntera”. Un proyecto que busca mezclar la formación china con la española, formar al futuro personal de las empresas tecnológicas y crear contactos con una de las potencias más grandes a nivel mundial.

David López-Pérez, decano del campus / Cedidas por David López-Pérez

Igual que Canfrán, López-Pérez ha visto la evolución de China y sigue percibiendo los cambios desde la primera vez que fue. "Antes se veía la diferencia entre lo rico y lo pobre en las grandes ciudades, ahora todo es impresionante. En 20 años ha cambiado todo", reconoce. De ahí que vea la sede no solo como un proyecto educativo, sino como un puente económico y cultural. Para la próxima década no duda sobre la palabra que debe definir la relación: “cooperación”. Una idea que une los tejidos que atraviesan el puerto con los estudiantes que compartirán aula en Hangzhou.

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