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Nevaco Global
24 de septiembre de 2026

Mauro Ferrándiz, experto en energía: «Cambiar una dependencia fósil por otra no es seguridad» ante el bloqueo de Ormuz que afecta a España y sus connotaciones tecnológicas

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Una parte pequeña del petróleo que compra España procede de Oriente Próximo. Aun así, la factura del combustible depende de un mercado mundial: cuando se interrumpe el suministro en una ruta decisiva, el encarecimiento puede alcanzar también a los países que compran sus barriles en otros lugares. Esa es la paradoja que vuelve a poner en primer plano la crisis del estrecho de Ormuz.

El problema afecta al conductor, a las empresas de transporte y a los costes de distribución. Repartir las compras entre distintos proveedores reduce el riesgo de quedarse sin crudo de un origen concreto. El precio internacional continúa siendo un riesgo compartido, con independencia del puerto del que haya salido cada cargamento.

Al mismo tiempo, la discusión energética llega a la tecnología que mueve los vehículos. El coche eléctrico prescinde del combustible en la carretera, pero su expansión exige una red de recarga utilizable y capacidad para atender una demanda eléctrica creciente. La salida del petróleo tiene también una dimensión técnica que va más allá de cambiar de proveedor.

El experto en energía Mauro Ferrándiz escribió en LinkedIn el 17 de septiembre: «Cambiar una dependencia fósil por otra no es seguridad». Su comentario relaciona el cierre de Ormuz con los límites de diversificar las importaciones de crudo. La procedencia de los barriles y el precio que pagan los consumidores son dos cuestiones distintas: la primera se puede repartir; la segunda acusa las tensiones del mercado mundial.

Los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES) ayudan a medir la exposición directa. En julio de 2026, España importó 5,281 millones de toneladas de crudo. De Oriente Próximo llegaron 227.000 toneladas, el 4,3 % del total y un 57,2 % menos que en julio de 2025. La menor dependencia de esa región como suministradora no equivale a quedar fuera de una subida de las cotizaciones.

El informe petrolero de septiembre de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) cifra en 1,6 millones de barriles diarios la caída de la producción mundial durante agosto. La agencia también señala el fuerte retroceso de las exportaciones de gasóleo desde el Golfo. Para quien llena el depósito, la tensión sobre el refino y los productos terminados importa tanto como el país donde se extrajo el crudo. El coche eléctrico ha cobrado así otra urgencia.

Ferrándiz propone acelerar las renovables, el almacenamiento y la electrificación. La lógica es que cada trayecto realizado con electricidad reduce el consumo de derivados del petróleo, aunque el resultado económico dependa del vehículo, del precio de la luz y de cómo se cargue. La tecnología de la batería por sí sola tampoco resuelve los límites de acceso a la recarga.

En el segundo trimestre de 2026, la patronal ANFAC contabilizó 56.682 puntos de recarga públicos activos en España y otros 17.821 instalados que todavía no estaban operativos. Esa diferencia explica por qué instalar cargadores y ponerlos al servicio del conductor son tareas distintas. El funcionamiento de la red eléctrica y su adaptación a nuevos consumos forman parte de la misma discusión. Una infraestructura disponible de verdad pesa en la decisión de cambiar de coche.

También importa de dónde procede la electricidad. Una mayor generación renovable recorta el uso de combustibles fósiles en el sistema eléctrico y hace más sólido el ahorro de emisiones asociado al vehículo. Al comparar tecnologías conviene contar tanto la fabricación como los kilómetros recorridos, como explica esta comparación entre coches. El balance completo de emisiones evita reducir la cuestión a lo que sale por el tubo de escape.

La carga rápida puede facilitar los viajes largos, aunque exige equipos, conexiones y potencia suficientes. Los avances en baterías, incluidos los nuevos tiempos de carga, abren posibilidades que deben llegar a vehículos y estaciones reales para cambiar los hábitos. La autonomía energética se construye con instalaciones utilizables, además de con modelos capaces de recorrer más kilómetros.

Mientras el transporte dependa del petróleo, comprarlo en más países seguirá siendo una protección frente a cortes puntuales. La crisis de Ormuz muestra el límite de esa estrategia ante una alteración global de precios. Reducir los litros necesarios para mover personas y mercancías es la parte de la respuesta que ninguna nueva ruta de importación puede sustituir.

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